Paseando por el festival de Cannes 2012

Elisa Ovalle

Lunes 14 de mayo, once y cuarto de la mañana. Estoy en la terraza de Books & Books, en Coral Gables, mitad despierta y mitad dormida, tomándome un cremoso capuchino y tratando de concentrarme en la página 178 del último libro In the Baba, de Pierre Lescure, periodista y productor de cine francés, uno de los creadores de Canal + .

Me llaman por teléfono: es Claudia, una buenísima amiga española, mitad escritora, mitad periodista, mitad realizadora y mitad loca, que conocí hace unos treinta años en Madrid, cuando yo era todavía estudiante y ella ya era un poco de todo.

Me dice: “Hola, ¿qué haces?”. Le digo: “Tomo un café, ¿dónde estás?”. Me dice: “En Cannes”. Le digo: “¿Qué tiempo hace?”. Me dice: “Tiempo de festival, ¿te vienes?”. Le digo: “¡Vale!”.

Miércoles 16 de mayo, once y cuarto de la mañana, aeropuerto de Niza, sur de Francia. Claudia me está esperando. Cogemos un taxi rumbo al festival de Cannes. En el taxi, Claudia me enseña su último tatuaje y su recién estrenada acreditación para el Festival de Cannes 2012, una acreditación “súper-mega VIP”. Claudia me dice: “Con esto entramos hasta en la habitación de Brad Pitt”. Me río. Le digo: “Para ti venir al Festival de Cannes es tan fácil como para mí irme de fiesta al bar de mi primo Manolo”. Claudia se ríe, me mira con ojos de pícara y se pone sus nuevas gafas de lentejuelas plateadas compradas en un bazar chino estilo “antes muerta que sencilla”.

Claudia es mi héroe, conoce a todo quisqui, y a todo quisqui le sabe caer bien. Claudia es más natural que un yogur Danone: lo que piensa lo dice, no hay filtro entre su cerebro y su boca. Llegamos al lobby del hotel Martínez. Huele a una mezcla de todo tipo de perfumes caros, de hombre y de mujer…

Nos cruzamos con Eva Longoria. Claudia la saluda. Yo me quedo mirando hacia la terraza: parece que el tipo de espaldas es Robert de Niro. Claudia me dice: “¿Viste, ahí está Robert de Niro. Ven, te lo voy a presentar”. Nos acercamos. Robert está tomándose un expreso, lleva gafas oscuras y pelo largo. Está con otro señor bastante mayor que él, a quien no reconozco. Claudia los saluda, nos invitan a sentarnos. ¡Estoy flipando! De repente llega otro tipo. A este sí lo reconozco: es el realizador francés Luc Besson, el de Nikita. Se acerca a nuestra mesa, saluda y le dice a Robert que se tienen que ir ya. Todo me parece como en la tele. Me quito los lentes de sol, porque ya no hace sol y empieza a llover. El señor mayor le dice a Claudia: “Robert de Niro es un muy buen amigo del festival; este año hemos decidido que será el invitado excepcional y el padrino de la première mundial de la obra maestra restaurada de Sergio Leone Érase una vez América.

Claudia le pregunta: “¿Sabes si Robert tiene previsto rodar alguna película este año y con quién?”. “Sí —contesta el señor—, este verano será el protagonista de la nueva película de Luc Besson Malavita, un thriller adaptado de la novela de Tonino Benacquista. El rodaje comenzará en Francia a fines de agosto”. Luego el señor se disculpa: lleva prisa, ya se tiene que ir. Claudia me mira y dice: “Qué tonta, no te presenté al señor Gilles Jacob, el presidente del festival”.

Gilles Jacob, presidente del festival de Cannes desde 2001

Gilles Jacob nació en París en 1930. Durante la Segunda Guerra Mundial, su familia, de origen judío, se trasladó al sur de Francia para escapar de los nazis. Luego de la guerra, con apenas diecisiete años, Jacob se ganó sus primeros jornales como proyeccionista en el festival de Cannes, de ahí su pasión absoluta por el cine y por las actrices del celuloide. Durante más de dos décadas, Gilles Jacob colaboró en varios medios como crítico de cine. En 1971 pasó a ser delegado del festival de Cannes, y durante años se encargó de visionar miles y miles de películas. En 2001, Gilles Jacob tomó la batuta del festival. Su amor por el cine y su enorme cultura cinematográfica le valieron el apodo de “el Papa del cine”.

Gilles Jacob se queja: “El festival está creciendo demasiado, se nos va de las manos. Tiene que parar de crecer: esto ya se parece más a una multinacional que a Cannes. Cannes ha sido —y es todavía— la ciudad perfecta para acoger este evento, pero tiene que volver a ser un poco más humano. Cada año hay más gente, más solicitudes, y sí, es cierto que somos víctimas de nuestro propio éxito: hemos creado este monstruo. Cada vez la velocidad y el despliegue de los medios lo alimenta más y más: se está perdiendo la esencia del alma del festival. Antes podíamos ver a Kirk Douglas jugar al fútbol en la playa con los periodistas y las actrices podían pasear por La Croisette, medio coqueteando entre el público y los paparazzi. Ahora los actores se desplazan en limusinas con lunas polarizadas para hacer veinte metros. Muchos ya solo vienen un par de horas para hacer la foto, servir de modelo para las firmas de lujo, conceder algunas entrevistas pactadas y se van. Esto parece un supermercado de lujo, una fábrica de dinero, y no una fábrica de sueños, como antes”.

A pesar de cierta nostalgia, Gilles Jacob acaba de volver a firmar, por los tres próximos años, la presidencia del festival. Su equipo permanente consta de una treintena de colaboradores, y se ve progresivamente reforzado, a lo largo del año, hasta culminar en más de novecientas personas que atienden y aseguran el desarrollo de todas las manifestaciones relacionadas con el evento. El festival se apoya en su diversidad cultural y económica. Se cuenta en más de diez mil el número de participantes y en 4350 la cantidad de películas visualizadas disponibles. Cannes es el número uno de los mercados del cine mundial: asume la participación de noventa países, y en él hay seis idiomas representados. El evento está cubierto por más de cuatro mil periodistas. Es como una enorme batería que se recarga todos los años, dinamizando así la totalidad de la industria cinematográfica internacional. Su presupuesto asciende a más de veinte millones de euros, y sus repercusiones económicas en la zona se calculan entre 130 y 140 millones de euros.

Sí, señor Jacob, el festival de Cannes es una verdadera mina de oro para los “citizen’s Cannes”.

Érase una vez el principio del festival de cine

Previsto para “dar a luz” en 1939, bajo la presidencia de Louis Lumière, el festival de cine tuvo que esperar el fin de la Segunda Guerra Mundial, el 20 de setiembre de 1946, para dar sus primeros pasos.

A partir del año 1952, el festival se despide del mes de setiembre para instalarse, ya definitivamente, en pleno mes de mayo. A principios de los años 1950, se dedica a repartir premios a diestra y siniestra. Todo el que asiste al certamen se va a casa con un premio, fórmula mágica que logrará atraer a lo mejorcito del cine internacional, principalmente los “grandes” de Hollywood, que se enamoran de Cannes, de su litoral azul, de sus costumbres y de su gastronomía. Algunos realizadores aprovecharán su paso por Cannes y por su festival para rodar numerosas escenas de películas. La Riviera francesa se convierte en el lugar predilecto de la gran familia del cine americano, italiano y francés.

Gana popularidad gracias a la presencia de artistas como Kirk Douglas, Sophia Loren, Brigitte Bardot, Gary Grant o la musa de Hitchcock Grace Kelly, quien será seducida en pleno festival por el príncipe Rainiero. Saltándose el guion del protocolo, el príncipe se llevó a la reina de Hollywood al huerto del palacio: una visita de apenas dos horas que culminaría un año más tarde en boda. La estrella se convierte así en la esposa y princesa del pequeño príncipe de Mónaco.

Este casamiento relámpago y mundialmente mediatizado fue, según algunos, un golpe genial de marketing organizado entre Hollywood y la mafia. La French Connection era dueña y señora de ciertos public business, como los casinos, los establecimientos de venta de alcohol, el tráfico de cigarrillos americanos en Europa, etc. Se sabe que algunos productores de Hollywood recibieron generosos cheques de thanksgiving directamente invertidos en gastos de producciones por ciertos intercambios de favores. Estas relaciones turbias, que también salpicaron a Mónaco y a la Costa Azul francesa, no afectaron para nada la reputación del Festival de Cannes. Es más, al pasar de los años son muchos los artistas internacionales que deciden establecerse por un tiempo —o quedarse definitivamente— en las cercanías de Cannes, como la estrella del cine mudo Greta Garbo.

En 1955, “Le Gran Prix” fue remplazado por la mítica Palma de Oro, emblema que representa el escudo de la ciudad de Cannes. La joyería Chopard de Ginebra es la encargada de realizar el valioso trofeo de oro de 18 quilates, valorizado en unos 26 000 dólares. La casa Chopard se compromete a producir dos trofeos similares por premio, en caso que el jurado designe a dos ganadores.

Hasta los años setenta, las películas podían pretender a la selección designada por sus países de origen. A partir de 1972 el festival configura su total independencia y se convierte en el único decission-maker de la selección oficial de películas.

Paralelamente al festival, se han creado otras secciones a lo largo de los últimos años para ampliar la función de la manifestación y adaptarla al nuevo mercado del cine: “La quincena”, “Una cierta mirada”, “La semana de la crítica”, la “Cine fundación” y “Cannes court metrage” son algunas de las secciones que alimentan la oferta de un mercado en constante evolución.

Hoy, más que nunca, esta manifestación se proclama como un festival que refleja el cine mundial, dejando un puesto importante al cine de autor. Aunque según muchos críticos esto no es totalmente cierto, Cannes no deja de seguir siendo, ante todo, la vitrina y el trampolín del cine americano y el francés.

Este año, una vez más, las estadísticas lo confirman. Con veintidós películas en competición (tras una primera selección de 1779 películas aspirantes), seis son producciones americanas y cinco producciones francesas.

Esta cosecha 2012 solo cuenta con una película de habla hispana, realizada por el director mexicano Carlos Reygadas: Post Tenebras Lux. Una vez más, Reygadas nos presenta una realización muy personal, alejada de referencias —o tal vez nos atrevemos con una: El perro andaluz de Luis Buñuel—. Post Terebras Lux es un cuento social y filosófico; Reygadas logra con esta obra incomparable una realización totalmente novedosa, en la cual las imágenes aparecen en un desorden caótico entre la memoria perdida y la realidad desconectada. En el 2007, Carlos Reygadas se llevó el premio del jurado por su película Luz en el silencio. Este año, Carlos Reygadas divide a la crítica entre amor y odio.

El festival de Cannes cuenta en su ADN mil y una anécdotas de amor y odio

Hablando de odio, en la década de 1960 L’Observatore Romano, periódico del Vaticano, publicó poco menos de siete artículos en contra de la película La dolce vita, de Federico Fellini, premiada con la Palma de Oro ese mismo año. La Iglesia amenazó a los católicos con la excomunión si veían la película. Finalmente, esta censura fue levantada por el Vaticano en 1994.

Igualmente recordamos que, cuando Luis Buñuel obtuvo la Palma de Oro por la película Viridiana —primer filme realizado por Buñuel en la España de la posguerra—, el Vaticano nuevamente juzgó y denunció la película, acusándola de blasfemia. El gobierno de Franco, ni corto ni perezoso, prohibió la distribución del filme, ordenó la destrucción del negativo y consiguió el cese total de las actividades de su productora española. Afortunadamente Viridiana, coproducida por México, se salvó de su destrucción y fue proyectada en todo el mundo. Los españoles tendrían que esperar hasta dos años después de la muerte del dictador Franco para poder verla en total libertad en 1977, dieciséis años después de su Palma de Oro en Cannes.

Durante la rebelión de mayo de 1968, en las calles de Francia miles de jóvenes estudiantes y parte de la clase obrera se manifestaron conjuntamente para acabar con un modelo de sociedad que juzgaban injusto y obsoleto. Los cineastas franceses de la ‘Nouvelle Vague’ Jean Luc Godard, François Truffaut y Louis Malle, entre otros, se unieron a las protestas de los estudiantes y decidieron organizar una manifestación al interior del palacio de congresos del festival para impedir la proyección de una película, subiéndose al escenario y colgándose de las cortinas. Todo por la patria, en solidaridad con la rebelión callejera. Ese día estaba prevista la proyección de una película española: Peppermint frappé de Carlos Saura, con Geraldine Chaplin, hija de Charles Chaplin. De pronto Geraldine, enfurecida por el caos que reinaba en la sala, se subió al escenario y se enfrentó a los manifestantes para defender la proyección de su película. En una total confusión de ‘quítate que me pongo yo’, el cineasta francés Jean Luc Godard le soltó un puñetazo a la pobre Geraldine, quien terminó en el suelo y con un diente menos. La Chaplin se fue al hotel Martínez con una pañoleta en la cabeza y una muela bien frappé…

Estoy en la habitación del hotel Martínez, tomándome un frappé de fresas. Por la ventana abierta de la terraza se escuchan los gritos y aplausos del público del festival que asiste a ese famoso programa de televisión: el Especial Cinéma de Cannes —o algo así—, que estoy viendo en vivo por el Canal +. Claudia me dice: “Mira a los de Canal +: siempre están en el mejor sitio, en la Croisette, frente al hotel Martínez”. Esa noche, después de la gala, nos iremos con ellos. Michel Denisot, periodista y amigo de Pierre Lescure, nos invita a cenar.

Son las cinco y doce de la tarde y no sé qué ponerme. Le pregunto a Claudia: “¿Cuál te gusta más para esta noche, este o este?”. Claudia ya está con una mano en el teléfono, y con la otra, terminando de pintarse las uñas de los pies. Se da la vuelta, me mira, se quita los lentes y me dice: “Mejor ponte este, con la cara de Marilyn”. El póster del festival: Marilyn Monroe en blanco y negro soplando la vela de la sexagésimo quinta edición del Festival de Cannes. ¡Mejor madrina no se puede!

Estamos en frente del palacio del festival, al pie de la famosísima y muy alfombrada escalera roja, bautizada también como “los veinticuatro escalones de la gloria”. Veinticuatro escalones mágicos, porque cuando empiezas a subirlos ya te sientes como una estrella, y cuando ya los subiste, ¡llegaste al cielo!

¡Baile de limusinas! Atención, llega el jurado

Nanni Moretti, presidente del jurado, actor y director de cine italiano, ganador en 2001 de la Palma de Oro por la película La habitación del hijo. Hiam Abbas, actriz y realizadora palestina; Andrea Arnold, realizadora inglesa; Emmanelle Devos, actriz francesa; Diane Kruger, actriz alemana; Alexander Payne, realizador norteamericano; Ewan Mc Gregor, actor inglés; Raúl Peck, director haitiano, y el estilista francés Jean Paul Gaultier.

En la historia del festival, es la primera vez que se invita a un estilista como miembro del jurado. Lo que pasa con Jean Paul Gaultier es que, entre él y el cine, hay más que química: yo diría ¡pasión y amor!

Gaultier afirma: “Mi vocación como artista y estilista empezó muy joven, después de asistir con mi abuela a la película Falbalas (1945) de Jaques Becker. El cine siempre estuvo presente en mi inspiración y creación. Un día le pedí la mano a Madonna y ella se negó, ¡pero quedamos como buenos amigos! —Jean Paul se ríe—. Desde entonces, en varias ocasiones Madonna me ha llamado para la creación del vestuario de sus espectáculos y películas. Además, mi amistad con Luc Besson nos llevó a trabajar juntos en proyectos como El quinto elemento.

Mi amor por el cine también me llevó a España, donde vivo casi la mitad del año. Allí conocí a Pedro Almodóvar y empezamos a trabajar juntos casi desde sus primeras películas, como Kika. El cine es, junto con la moda, mi otra pasión. Los personajes de cine me inspiran para mis colecciones y mis colecciones inspiran a mi amigos del cine —se ríe de nuevo—. Así todo queda en casa, ¡y bien servidos!”.

Bien servidos, ¡sí, señores!

El festival de Cannes 2012 abre sus puertas con Moonrise Kingdom, una película del director norteamericano Wes Anderson. Una alegre y divertida pantalla de aire puro, fresco, diferente, ligero. Un cuento romántico, un estilo vintage entre el teatro filmado y la comedia satírica, un suspiro de french touch con la canción de Françoise Hardy. Perfecta armonía entre imagen y sonido, gracias al talento del compositor francés Alexandre Desplat. Este año, Desplat le pone la llave de sol al festival, pues ha firmado la música de cinco películas en competición.

Cabe subrayar en esta obra el exquisito y singular casting de Douglas Aibel, una apuesta acertada entre genio y generaciones: Bruce Willis, Edwar Norton, Bill Murray, Tita Swinton y la parejita de jóvenes enamorados interpretada por Kara Hayward y Jared Gilman, quien nos dirá en conferencia de prensa, y con un tono muy serio: “Creo que esta película le va a dar un cambio radical a mi vida”. ¡Sí, jovencito, no lo dudes ni un segundo: el cine nos cambia la vida a todos! ¡Feliz festival!

Así lo llevaremos, con muchas prisas, pocas horas de sueño, entre proyecciones y conferencias de prensa, entre emociones y aplausos, sol y lluvia, encuentros y esperas, fiestas y copas de champán, y llegaremos milagrosamente, todavía vivas y coleando, a la noche final del festival, noche de gala y de gran verdad, con el veredicto del jurado, la entrega de los premios y de la Palma de Oro a la mejor película de este festival 2012.

Estamos sentadas al final de la sala. El ambiente es espectacular: estoy en el cielo —mejor dicho, en el paraíso—, con estrellas por todas partes. Claudia me dice en voz baja: “Si ponen una bomba ahora, aquí se acaba el cine”. Me río. El baile de los guardaespaldas se hace más discreto a medida que baja la luz en la sala; aun así, no le quitan ojo a las joyas de diamantes y piedras preciosas prestadas por las más grandes joyerías del mundo para adornar los cuellos y orejas de este ejército de actrices vestidas de “antes muerta que no vista”.

¡Silencio, cámaras, acción! Entrada del jurado

Palma de Oro al mejor cortometraje: se la lleva el joven realizador turco Sessis-Be Deng por su corto El silencio.

Premio a la primera película presentada: va a Benh Zeitlin por Beasts of the southern Wild.

Premio del jurado: para el director inglés Ken Loach por la película The Angel’s share. Con esta ya son cinco Palmas de Oro en la carrera de Ken Loach, padre del cine neorrealista británico.

Premio al mejor guion: para el realizador rumano Cristian Mungiu por Beyond the Hills.

Premio de realización: para el mexicano Carlos Reygadas por Post Tenebras Lux.

Premio de interpretación masculina: para el actor danés de 47 años Mads Mikkelson en Jagten, primera participación en este festival.

Premio de interpretación femenina: con un doble aplauso para las actrices rumanas Cosmina Strattan y Cristina Flutur en Beyond the Hills.

Gran premio especial del jurado: para la película italiana de Matteo Garrone Reality.

Palma de Oro del Festival de Cannes 2012: para la obra Michael Haneke —realizada con actores franceses— Amour. Este realizador austriaco recoge su segunda Palma de Oro tres años después de la primera, obtenida en el festival de Cannes por su película La cinta blanca. Este año, con Amour, Michael nos regala una emocionante comedia dramática gracias a este casting de excepción con dos monumentos del cine francés: Emmanuel Riva, la heroína en 1959 de Hiroshima mon amour, y Jean Louis Trintignant, protagonista en 1966 de la mítica película de Claude Lelouch Un hombre y una mujer, gran premio especial de Cannes de ese mismo año. En Amour, los dos actores nos regalan una conmovedora interpretación: la de una pareja de octogenarios luchando por el amor que se les escapa por los pasillos de la enfermedad y la vejez.

Amour, no se podía soñar con mejor título para recordar este festival de Cannes 2012.

[…]

Aeropuerto de Niza, domingo 27 de mayo. Me despido de Claudia. Me dice: “¿Vas a volver para el año que viene?”. Le digo: “¡Vale!”.

Aeropuerto de Miami, lunes 28 de mayo, once de la mañana. Me está esperando Pedro. Le digo: “Aquí te dejo mis apuntes del festival”. No saqué fotos: se me había olvidado la cámara. Pedro me pregunta: “¿Quién ganó?”. Le digo: “El cine, un poco de Francia, ¡y mucho amour…!”.

© 2012, . Opinions set out in this post are those of the author(s) and do not necessarily reflect the official opinion of Suburbano Ediciones.

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Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer, León, España. Es licenciada de la escuela Bellas Artes de Ginebra, Diploma de Sociología de Arte. Estudió Arte Dramático en la escuela Americana de París. Trabajó como actriz en la compañía Nacional de teatro de Carouge, Ginebra, siendo durante ese momento la única extranjera del “Oeste“ en actuar en la Unión Soviética, por invitación expresa de la primera dama Raïssa Gorbatchev, en el Teatro Stanislawsky de Moscú. En 1990 fue productora y presentadora de programas culturales para la TSR (Televisión Suiza), en 1998 se graduó de Periodismo en la Universidad de Lausanne, creando luego su propia productora de televisión, radio y prensa. Actualmente es corresponsal en Miami para medios de comunicación en Suiza y colaboradora de la revista Sub-Urbano en Miami desde mayo 2012.

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2 Comentarios

  1. Articulo interesante con una historia del festival que la mayor parte de la gente nunca ve o comprende, ademas nos recuerda que el cine tambien es un arte y que tiene su papel a nivel social al ayudar la libertad de expresion.

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