Paris, Faulkner y otros bosques

mil_bosques_en_una_bellota1‘Mil bosques en una bellota’ (Doumo editores) es una antología donde se reúne a veintiocho escritores en lengua española del siglo veinte como Carlos Fuentes, Javier Marías, Ricardo Piglia, Vilas Matas, Bryce Echenique o Mario Vargas Llosa. En el libro, la editora Valerie Miles les da la oportunidad de seleccionar las páginas predilectas de sus obras a cada uno de los autores, conversar sobre sus carreras y explicar las influencias estéticas detrás de las piezas que optaron en incluir en este volumen. Dos nombres sobresalen de las 759 páginas.

1 Paris, Si uno se imagina la cantidad de genios viviendo en una área geográfica del planeta en un mismo tiempo, uno piensa en Paris de los años ‘20s, un lugar donde todo el mundo intentaba encontrar nuevas formas de narrar, de pensar y ver el mundo. Mientras que por sus calles, probablemente uno se podía chocar con Fitzgerald, Dos Passos, Ford Madox Ford o Hemingway, comiendo helados o caminando en busca de un libro hacía la famosa Shakespeare and Company. Pero también el Paris de los ‘60s donde una generación de nuevos narradores latinoamericanos irrumpían en escena, tomaban la ciudad de calles anchas y empedradas. Esa ciudad elegante, exuberante y romántica para hacerla explotar en un Boom.

2 Faulkner, el Nobel y noble Mario Vargas Llosa en su ensayo El viaje a la ficción, reconoce que: «Sin la influencia de Faulkner no hubiera habido novela moderna en América Latina.» Este gringo maldito, heredero de William James, Virginia Woolf y James Joyce. Además de innovador narrativo, rey de las tramas enmarañadas, tirano titiritero del tiempo y el espacio y el monólogo interior, no deja de estar presente.

Un párrafo ingenioso e irreverente es el que cuenta Alfredo Bryce Echenique: ‘Publicada la novela -Un mundo para Julius- se habló de la influencia que Salinger habría tenido sobre ella. Pero sólo entonces leí a Salinger, sólo entonces lo descubrí, lo cual probaría aquello de que muchas veces uno se inventa a los autores que han influido sobre uno”.

Uno de los escritores que mejor queda retratado es Juan Marsé, quien nos cuenta con franqueza sobre sus orígenes humildes. “No pude tener estudios universitarios y apenas elementales por que a los trece años mi madre me dijo que no me podía dar estudios y me tenía que poner a trabajar. Y no me supuso ningún trauma ni ningún disgusto, por que estaba deseando salir de aquel colegio donde nos hacían pasar el rosario cada día y era una cosa espantosa’’- nos dice, y elige un extracto de ‘Ultimas tardes con Teresa’ como sus mejores páginas. Donde narra  la historia amorosa de una niña bien, pituquita, rebelde e ingenua, llamada Teresa y un muchacho barrio-bajero, ladrón de motos con el mote del Pijoaparte, la que termina siendo una lectura simpatiquísima y entretenida.

Así pues, es Faulkner el más nombrado y Paris la ciudad más recordada por este selecto grupo de escritores. Julio Ramón Ribeyro es mencionado una vez, César Vallejo dos veces y también desfilan nombres de autores clásicos franceses, rusos y angloparlantes.

Al terminar el libro sentí un impulso de ir corriendo a comprar un pasaje a Paris y meter uno o dos o tres libro de Faulkner en la mochila. Estoy convencido de que el escritor es el reflejo de lo que ha leído y vivido, y que esas influencias quedan plasmadas permanentemente en nuestra escritura. ‘Mil Bosques en una Bellota’ es una colección brillante y representativa de lo mejor de la literatura en español que lo recomiendo no sólo a académicos y escritores noveles, sino a todo amante de la literatura, que como un caleidoscopio, nos mostrará a través de sus páginas, imágenes nuevas de este bosque que contiene mil universos en una bellota.

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