Obama quita privilegios migratorios a los cubanos

Una política heredada de una larga época de hostilidad desaparece con los nuevos tiempos de acercamiento entre Estados Unidos y Cuba.


A una semana de salir de la Casa Blanca, el presidente Barack Obama ha dado un paso histórico en la siempre agitada relación con Cuba.

En una declaración conjunta del gobierno norteamericano y del cubano, realizada el 12 de enero, se anunció el fin, con carácter inmediato, de la política conocida como pies secos/pies mojados, implementada por el presidente Bill Clinton en 1995 tras el éxodo de balseros cubanos de 1994.

La política de pies secos/pies mojados establecía que los cubanos capturados en el mar (pies mojados) en su intento de llegar a las costas norteamericanas eran devueltos a Cuba, pero si lograban pisar suelo estadounidense (pies secos) se les admitía en el país. Una vez admitidos, se les daba ayuda económica, permiso de trabajo y otros beneficios. Entre esos beneficios estaba el de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano, una medida promulgada en 1966 que otorga la residencia legal permanente a los cubanos que lleven un año y un día viviendo legalmente en los Estados Unidos.

El 12 de enero también se eliminó el programa federal que daba entrada en los Estados Unidos a médicos cubanos trabajando en misiones fuera de su país, establecido por el presidente George W. Bush en 2006.

La decisión de Obama ha causado hasta ahora una reacción mixta en Miami. Algunos aplauden la orden, alegando que los cubanos que llegan ahora son emigrantes económicos, no refugiados políticos; otros acusan a Obama de traidor y de hacer una concesión más al gobierno cubano, mientras este no da nada a cambio, lo cual no es estrictamente cierto.

Desde hacía tiempo el gobierno de la isla, y también funcionarios norteamericanos, venían denunciando que el éxodo de los cubanos hacia los Estados Unidos, favorecido por la ahora eliminada política de pies secos/pies mojados, daba lugar a delitos como tráfico humano y casos de prostitución, violaciones y robos.

Después que los Estados Unidos y Cuba iniciaron un proceso de normalización de relaciones, anunciado el 17 de diciembre de 2014, se disparó un éxodo hacia territorio norteamericano por diversas vías. Una era el tradicional cruce del estrecho de la Florida. Pero también se realizaron viajes más largos, complicados y peligrosos, como volar de Cuba a Ecuador y de ahí por tierra, cruzando Colombia y Centroamérica, hasta México y la frontera con los Estados Unidos. Inmigrantes cubanos que vinieron a Norteamérica por esa vía han pagado fortunas a traficantes para llevar a cabo el viaje y llegar al paraíso soñado, un paraíso que muchas veces exige un precio elevado.

Los intentos de los cubanos por llegar a suelo norteamericano se multiplicaron tras el anuncio del deshielo en las relaciones por el temor a que privilegios migratorios como la Ley de Ajuste Cubano se eliminaran bajo el nuevo clima de amistad entre Washington y La Habana. Más de 40.000 cubanos llegaron a los Estados Unidos en 2015. El éxodo por tierra generó una crisis en Centroamérica, al desbordar los recursos de las naciones del istmo para atender la marea migratoria rumbo al norte y lidiar con las bandas de traficantes de personas.

Tanto el gobierno cubano como los de América Central le pidieron al gobierno norteamericano que eliminara la medida de pies secos/pies mojados, ya que estimulaba la inmigración ilegal y los problemas que causaba. Obama esperó hasta los últimos días de su presidencia.

Los cubanos confiaban en que la vieja enemistad entre Washington y La Habana serviría para mantener sus privilegios migratorios, una herencia de la Guerra Fría. Pero el restablecimiento de las relaciones cambió esa ecuación. La propia Ley de Ajuste Cubano podría tener sus días contados, si el Congreso decide seguir la pauta del presidente saliente y elimina la ley.

Cuba también ha cambiado. El hecho de que los cubanos que se asentaban en los Estados Unidos gracias al trato preferencial que recibían, regresaban a la isla de visita en cuanto se les otorgaba la residencia legal, desmiente su presunta condición de refugiados políticos o de víctimas de la represión gubernamental en Cuba. Al parecer, la represión ha cedido; de lo contrario, no se explican los frecuentes viajes de los inmigrantes cubanos a su país natal, cargados de presentes para sus familiares. Y alegar que vienen a los Estados Unidos porque en Cuba no hay trabajo, no hay futuro, es la misma razón que pueden aducir los inmigrantes de cualquier otro país. Una razón que no los coloca en la categoría de refugiados políticos.

Pronto si se sabrá si Donald Trump, que ocupa la presidencia el 20 de enero, dará marcha atrás a la orden ejecutiva de Obama. Pero de momento, los cubanos quedan en el mismo nivel de concesiones migratorias que los ciudadanos de otras nacionalidades.

Una política heredada de una larga época de hostilidad desaparece con los nuevos tiempos de acercamiento entre ambas naciones. Los exiliados regresan con frecuencia a una isla que se ha puesto de moda y que ha dejado de ser un cerrado bastión policíaco. Sellada la paz, de repente la política migratoria exclusiva con Cuba quedaba obsoleta. No había razones para seguir dando un trato especial a los cubanos, después del apretón de manos entre Obama y el presidente Raúl Castro. El secretario de Seguridad Interna de los Estados Unidos, Jeh Johnson, lo dijo claramente: “Los cubanos serán tratados como todos los demás”.

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Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende

Andrés Hernández Alende (La Habana, 1953) es escritor y periodista. Ha publicado las novelas El ocaso (2013) yEl paraíso tenía un precio (2011). El ocaso quedó entre las cinco finalistas del Premio de Novela de Concurso Latino de 2013, y se presentó en la Feria Internacional del Libro de Miami de ese mismo año. Escribe una columna de temas sociales y políticos en El Nuevo Herald (Miami) y tiene un blog, llamado El Blog de Alende.