Morir en Glasgow.

 

Una invitación a vivir

es  la muerte con la mentira

de la eternidad en la boca.

Mi invitación, expresa,

es simplemente a morirnos.

Es probable que aceptes

o declines sin mirar atrás.

No importa,

de todas fomas moriré, moriremos,

se perderán nuestras siluetas

en el aroma triste

de las palabras que no diremos más.

Pero allá, en la lejanía de tus ojos y los míos,

ambos sabremos que la lluvia

apacible de Glasgow nos espera.

Y el gris de las mañanas nos hará feliz,

¡qué tristeza, hermosa!

¡qué dicha reprimida!

Que las lágrimas disfracen las miradas.

Que el silencio hable nuestra prisa.

Que nos llevemos sin llevarnos

este futuro que cargamos

como los corales cargan al mar

y viven de él.

¿Qué soy yo en tus años?

¿Qué edad tendremos en una vida

sin calendario ni citas?

no lo sé, no me importa.

porque en tus ojos callo,

caigo. No veo al reloj detenido

en la pared, ni a mis pasos en tu ausencia.

Pero los pasos son solo un

laberinto sin paredes.

Como el mar.

Un eco hecho de todas las voces

repetidas de tu nombre.

Y yo solo soy un pobre habitante desolado

que espera inevitable

la redención de nuestras vidas

desahuciadas,

con la sonrisa de despertar a nuestro lado.

D.C.
@LeChatDavo

© 2012, Elías David. All rights reserved.

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Elías David

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.