Mi primera clase con el poeta Miguel Piñero

 

Comienzo en un nuevo puesto de profesora y por primera vez tengo la oportunidad de dar una clase de maestría. Teniendo los horarios del otoño con anticipación me paso la mitad del verano pensando sobre qué incluir en el syllabus. Decido diseñar una clase de Latin@ Literature que toque un poco de todo: literatura chicana, cubano-americana, dominicana-americana, nuyorican, y demás. Quiero que los estudiantes lean narrativa. Quiero que lean poesía también. Pienso en el primer día de clase y en el hecho de que quiero que los estudiantes se enamoren del material desde el principio. Quiero que sea amor a primera vista.

Me siento frente a la computadora y con eso en mente escribo Poesía Nuyorican para el tema del primer día. Me imagino a los estudiantes emocionados y ávidos de saber más. Me transporto hacia el futuro: yo parada en el aula frente a los estudiantes hablando de poesía nuyorican de perfomance, comentando de que a esta poesía no basta leerla, hay que verla, hay que escucharla. Cada vez que leemos un poema podemos tener una nueva experiencia por nuestras propias vivencias, pero en este caso, cada vez que leemos (vemos, escuchamos) un poema de performance lo que se vive es diferente porque el poeta a su vez vive el poema de forma distinta, tal vez cante un poco, tal vez haga sonidos con sus palmas, quizás cambie la entonación de algunos versos, quizás omita otros, y así. Con solo leer la poesía nuyorican de perfomance no captamos su totalidad.

Sigo escribiendo el syllabus y me dispongo a tomar una decisión. En la primera clase, luego de discutir bastante los conceptos hispano, latino, chicano, mexico-americano, cubano-americano, Puerto Rican, Nuyorican, y demás etiquetas, comenzaremos a analizar la poesía nuyorican. Decido que lo mejor sería empezar con Miguel Piñero y su poema “Seekin´ the Cause.” Recuerdo mi clase del doctorado en la que estudiamos, entre otras cosas, la obra de Piñero y pienso que tiene mucha carga, que es fuerte, que para los pelos cuando se llega al final, al último verso… ese último verso es como una bomba, como una bola de acero que cae sobre nuestras cabezas y nos sacude. “Es mucho para el primer día de clases,” logro atinar. Sin embargo lo escojo para el primer encuentro con mis estudiantes.

Quiero que los estudiantes vean a Miguel Piñero. Busco en YouTube y encuentro un video de él leyendo una parte de “Seekin´ the Cause.” Me acuerdo de haber visto ese video varias veces y recuerdo que me encantó, que deseé haber estado allí en ese momento, en el preciso momento en que ese video fue grabado hace algunas décadas ya. Recuerdo lo que sentí la primera vez que lo vi y deseo que mis estudiantes sientan lo que yo sentí o alguna otra vivencia que puedan recordar por el resto de sus vidas. Copio el link del video para que no se me pierda.

Escribo las últimas notas que tengo que hacer, ordeno mis ideas, organizo mentalmente la clase y me voy a la cama. Me duermo pensando en las caras de los estudiantes que aún no he visto, en sus ojos abiertos, en sus expresiones. Nunca he visto sus rostros pero los tengo frente a mí, en un salón de la universidad donde nunca he dado clase y donde empiezo una nueva aventura. Sus ojos me miran, me detallan, buscan en mí algo nuevo, algo que no saben, o algo que quieren discutir de otra forma. Sus mentes contemporáneas y con tanta experiencia como la mía buscan algo que les deje una marca. Y viendo esos ojos que nunca he visto me quedo dormida.

Al día siguiente llego a la clase durante el turno nocturno de la universidad, el turno de los estudiantes que trabajan tiempo completo durante horas de oficina y hacen un posgrado para seguir y poder alcanzar una meta trazada. Entro al salón y me encuentro con esos ojos que me miraban la noche anterior. Las miradas que nunca habíamos cruzado las siento comunes, las siento cercanas. Percibo que siempre me habían estado mirando.

Comenzamos a conversar, a discutir, a dialogar. Y es eso, es un diálogo, porque tantos ellos como yo buscamos algo que nos deje una huella, porque cada vez que leemos (vemos, escuchamos) un poema nuyorican de perfomance algo se queda con nosotros. Quizás estamos seekin´ the cause como Miguel Piñero.

Luego de haber leído el texto de Piñero en papel les presento el video. Los estudiantes en efecto se sorprenden, sus ojos se hacen grandes, algunas bocas se abren, otras sonríen, algunas cabezas asienten, otras se quedan inmóviles, con la mirada clavada en la pantalla. Al llegar al último verso, tal y como pasó cuando leímos el texto en papel, se escapan unos uffff, uno wow, unos aaahhh. Recuerdo que me imaginé todo esto, que pensé en esto, que vi las caras sin rostro y que ahora son iguales a las que pensé. Ahora tienen un perfil, una silueta, pero son un conjunto de miradas que ya había visto.

Se acaba la clase y nos vamos satisfechos. Nos vamos con algo en las manos. Todos nos llevamos una cosa. Llego a casa sonreída y luego de jugar un rato con mis hijas y de ponerlas a dormir, me siento enfrente de mi computadora y me pongo a escribir este artículo.

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Naida Saavedra

Naida Saavedra

Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la Latin@ Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.