Los pasos perdidos: Alejo Carpentier

Penguin Books, 296 pp

 pasos perdidos

Publicada originalmente en 1953, Los Pasos Perdidos es el relato de la experiencia íntima de un hombre urbano que se siente atrapado en una vida de rutinas y a quien se le presenta la oportunidad de salir de la ciudad para viajar a un lugar más o menos remoto de América Latina y allí encontrar ciertas piezas musicales primitivas.  Tal era el cansancio y desinterés de este individuo por lo que le rodeaba, que tal viaje no era para él ni siquiera tentador. Pero una serie de circunstancias le llevan a tomar el avión fuera de la ciudad, dejando atrás esposa, trabajo, horarios, y sobre todo, las mediocridades del mundo moderno.

El viaje a América Latina se presenta en esta novela como recurso doble en la transformación del personaje: es tanto un viaje físico descrito con la minuciosidad típica del estilo barroco (usual en la prosa de Carpentier) y un viaje psicológico en el que el personaje va despojando su personalidad de todo lo que le es accesorio para terminar adoptando una forma de vida y ser simple, llana, que responde únicamente a lo que le es necesario (con la excepción de la escritura musical, para lo que necesitará papel y tinta).

El protagonista es el propio narrador de esta travesía, y es él mismo quien va ofreciéndonos las reflexiones que le producen los personajes con los que trata, la naturaleza que le rodea, las nuevas realidades. Contrapone constantemente lo que era su vida diaria en la ciudad (una ciudad que identificamos fácilmente con Nueva York) con la vida que ha adoptado en la selva, y compara la forma de vida fatua y vanidosa suya propia y de quienes le rodeaban en la urbe con la de sus nuevos compañeros de camino. Paralelismos gráficos para perfilar una idea nueva (a los tiempos de publicación de la novela) sobre las diferencias entre el mundo “civilizado” y el de la “barbarie”: no hablamos aquí de aquella relación mesiánica que leímos en Doña Bárbara (Rómulo Gallegos, 1929) en la que el joven Santos Luzardo venía a traer el orden deseado y el progreso a tierras supersticiosas y violentas. En Los Pasos Perdidos el protagonista se maravilla ante la manera de vivir y atribuye las diferencias culturales y tecnológicas a un “viaje en el tiempo”: se halla en una era primigenia del mundo. El “bárbaro”, el “sin sentido” es aquel otro mundo de autómatas que pueblan las grandes ciudades y que parecen obedecer a relojes, semáforos y repeticiones. También encuentra claramente paralelismos entre uno y otro hábitat: descubrir cómo en la ciudad todo parece tener dos caras, del mismo modo que en la naturaleza no todo es lo que parece.

“Ha! I scent life!”, es la cita del poeta Shelley con que parte el segundo capítulo de la novela y que nos empieza a adentrar en ese mundo gobernado por una naturaleza sobrecogedora: fauna, flora y fenómenos naturales que delimitan la manera de vivir y de procurarse el sustento.  El protagonista la va recorriendo de la mano de locales y extraños, como los hermanos griegos, que han llegado tras la fiebre del oro y que aportan el paralelismo del viaje de nuestro protagonista con el de Ulises en La Odisea: un viaje cargado de aventuras y de seres mitológicos para llegar (aunque de regreso en el poema homérico) a la amada Ítaca, donde espera la fiel Penélope. No hay tal Penélope para nuestro héroe, pero sí el descubrimiento de una Ítaca a la que ahora siempre querrá volver: el lugar de lo posible, como la Utopía de Moro, y la salvación para Sísifo, quien dejará de cargar una piedra inútilmente por el resto de la vida.

A pesar del más de medio siglo que nos separa de la primera publicación de esta novela y a pesar de todos los muchos avances tecnológicos con los que ahora contamos y que este protagonista desconoció, Los Pasos Perdidos nos habla tan directamente hoy en día, como de seguro lo hizo a sus contemporáneos. Porque, con un estilo de gran trabajo artístico, con un manejo del lenguaje que pone a prueba los mejores diccionarios y con descripciones barrocas y verdaderamente enjoyadas, capaces de hacernos percibir aromas o sentir la textura de los elementos, esta novela expone un sentido humano que aún compartimos todos: el deseo de encontrar una tierra prometida que nos hable en nuestro mismo idioma y que nos proporcione un tipo de vida pleno y no mediocre, sin ataduras rutinarias y en una mejor comprensión de la naturaleza que nos rodea.

 

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.