Límulo, de Ángel Vargas

 

Llegué a Límulo casi por azar, o por coincidencias lógicas de la lectura de poesía, digamos que fue un proceso evolutivo. Uno lee y lee (o trata) y van llegando nombres, títulos, versos. Es difícil describir a Límulo, desde su palabra hasta el libro de Ángel. En primera, porque Límulo es un arácnido al que se le conoce como “cangrejo herradura”, pero en realidad es un arácnido. Quizá lo mismo pasa con este libro, se presenta como un libro de poemas pero es algo más, o es otra cosa. Un fragmento de la memoria, una carta de presentación, un credo o la negación de un credo, un golpe que rompe con lo establecido como poesía, con lo establecido como Dios, con lo establecido como infancia, padres, ser humano, naturaleza. Mundo.

Comienza aludiendo a la piedra, si es que acaso no comienza todo así. En Preludio.

“La piedra en el pulmón es una herida que duele en el respiro.

                        El respiro es lento.

A esta hora ya todos somos piedra”.

Después, va desgajando la realidad paso a paso, alude a la madre, que es otra forma de hablar del padre, comparar a la madre con un árbol, curioso que, el zazanil no sea muy débil después de todo, se utiliza para la fabricación de muebles para el hogar por su fuerza, su color y su calidad, o sea, ángel sabe sus palabras, sus alusiones, no solo la imagen que quiere mostrar, sino la profundidad de su mensaje:

La palabra m a d r e está ceñida de árboles,

duerme junto a un fuego que se descascara de sombras,

diría que ha sido un árbol desde siempre:

un abedul, un fresno,

un débil zazanil.

Y en Címbalo para callar la noche:

Yo no quise nacer en este cielo de morada ventisca

que acumula rencores como piedras,

yo no quise profanar la pelvis de mi madre para venir al mundo.

no había necesidad de mutilarla

con la doble navaja de la espera

y el dolor del parto”.

Después, como haciendo una pregunta retórica o una respuesta hecha de preguntas, nos retrata, retrata nuestra madurez o la falta de ella, nuestra definición o la búsqueda del humano que somos:

La mirada que el pez

            abrió sobre los ojos

del otro pez

                        desnudo

era una ficción que derramaba

            la infancia maltrecha de mis padres.

Y define al Límulo, que es imposible como definir a dios o al autor o al lector o al mundo:

El límulo era dios

            cuando dormía.

Su armadura

            por fuera

                  despertaba tamiz

de arena suficiente.

Era más araña que pez,

            más animal                           que hombre

                             algunas veces.

Y termina con la piedra, para que el ciclo recomience una vez más, ajeno al autor, ajeno al libro, pero con algo diferente, la piedra, como quien lea este libro, lleva algo de él en sí, algo de cangrejo, algo de arácnido, de palabra y de imagen, de piedra. Cosas que sólo pueden ocurrir en un momento específico, un tiempo que no vuelve. Tras leer Límulo, se queda ese aquí y ahora con que el libro cierra, para volver a abrirse aunque ya no lo hagamos nosotros. Hic et nunc:

El p  e  z    ha   muerto

                               ahora

es    un    tatuaje

adentro    de   la

                        p          i

                    a      .      e

                         r       d

Entrevista a ángel Vargas

Elías David

 

Elías

¿Cómo inicia tu interés por la literatura y, después, por la poesía en específico?

 Ángel

No fui un lector precoz. En casa no había libros porque mi familia nunca estuvo particularmente interesada en la literatura; sin embargo, recuerdo que una vez escuché a mi padre recitar un poema de Quevedo mientras ayudaba a mi hermano con su tarea. Probablemente, ese texto que él había memorizado en la escuela muchos años atrás fue el primer poema famoso que escuché. Aunque creo que todos nos hemos acercado a la poesía sin darnos cuenta, a traves de la música, la oralidad y las historias que impregnan los primeros años de vida. Para mi esas otras formas de lo literario, que no necesariamente tiene que ver con lo libresco, son igualmente importantes.

En algún momento de la adolescencia, la lectura se convirtió en un refugio. Leía de todo: revistas de divulgación, enciclopedias, antologías, novelas. Y en algún momento comencé a pedir libros. Tenía claro que no sería heredero de una biblioteca familiar, así que tuve que hacerme poco a poco de la mía. Y luego, la lectura me llevó a querer escribir lo que pensaba y sentía. Tuve la intuición de que la poesía sería para mí una forma de expresión, una manera de estar en el mundo, de ocuparlo. Pero a esa edad uno no sabe que la poesía puede ser muchas cosas más.

 

Elías

¿Y ahora qué te parece que es la poesía?

Ángel

Sigo creyendo que es una manera de estar, de conocer y de reaprender el mundo. Y creo que es una posiblidad, un espacio de experimentación sobre el lenguaje. Aunque tengo que decir que la definición de poesía siempre me ha resultado problemática. Creo que es uno de esos cuestionamientos que hacen que un poeta entre en crisis y angustia. He visto a muchos académicos contestar a esto de la manera más simple, sin ponerlos en jaque, pero para mí es casi imposible hacerlo. Lo digo honestamente: no sé qué es la poesía. Pero hay algo que me gusta de no poder definirla, que sea siempre una búsqueda, un misterio o un intento. Siempre he pensado que cuando Lezama Lima dice “Ah, que tú escapes en el instante/ en el que ya habías alcanzado tu definición mejor” hace referencia a lo poético. En todo caso, creo que las mejores definiciones de poesía son poemas. Y al final, son esas las definiciones que me interesan.

En cuanto a las posibilidades de lo poético, creo que justo lo maravilloso es que se puede hablar de todo. La poesía es un espacio de libertad. No hay temas prohibidos. No hay temas obligados. O no tendría que haberlos. La poesía es el lugar de lo posible.

Elías

¿Los límites de lo poético, en todo caso, son los límites del poeta o, más, de su lector?

Ángel

Creo que un poco de ambos. Un poema puede tener muchas lecturas. Y eso depende del lector; un poema es a su vez muchos poemas, un texto puede significar de múltiples  maneras. Creo que eso depende del momento de lectura, del tipo de lector, pero también de la forma en que está escrito.

Elías

Pasemos a Límulo, ¿Cómo inicias este libro? ¿Cómo decides titularlo como ese cangrejo (que pertenece más a la familia de los arácnidos, según leí) y también titular al libro como ese poema de mediados de páginas?

Ángel

Límulo es el primer libro que escribí. Algunos de esos poemas son de 2012, aunque la mayor parte del libro fue escrita durante 2013. En ese momento yo tenía claro que quería hablar de ciertos temas. Me interesaba la infancia, el erotismo, el agua, Dios, el lenguaje, es decir, los orígenes, en un sentido amplio. Límulo, el fósil viviente, representaba la conjunción de esas inquietudes; un ser milenario, de difícil taxonomía, fascinante y “raro”, un animal que ha sobrevivido pese a tanta memoria. Creo que no había mejor manera de llamarlo, incluso el simple nombre me sigue gustando, es líquido, esdrújulo, diría que hasta sensual. Y un límulo es algo más que su apariencia, de hecho, es lo contrario de su apariencia. Genéticamente es un arácnido, físicamente es un cangrejo, y esa discrepancia entre lo interno y lo externo me parecía incluso poética. El poema “Límulo” es como la médula del libro, pero también es el sueño en el que aprovecho para hablar de Dios porque, aunque hoy sea un tema impopular, a mi me sigue gustando hablar de Dios. Me gusta pensar que en el libro hay tres tonalidades: la parte terrena, como un estado de conciencia, más ocre; el poema central, que es casi un delirio; y el despertar, el postsueño, de una conciencia diferente a la inicial, porque creo que siempre regresamos distintos de cada sueño.

Elías

¿La epifanía finalizada?

Ángel

Probablemente. Aunque confieso que no lo había pensado así. Quizá uno no puede despertar totalmente de las apariciones, quizá algo de nosotros se queda en ese estado, de ahí que haya un antes y un después.

Elías

Y terminas con el pez/crustáceo/arácnido muerto, hecho fósil, piedra.

Ángel

El pez es una presencia importante en el libro. Es un pez heredado (de Luis Armenta Malpica y de Coral Bracho). Ahora que lo pienso, no podía haber otro destino, ni para el pez, ni para nosotros. Al final, nos hacemos una piedra de recuerdos.

Elías

¿Cómo te sucede un poema? ¿Cómo se te ocurre o cómo te nace escribirlo?

Ángel

Yo creo que la escritura nace en la “no escritura”. Al menos así funciona conmigo. Creo que hay cierto estado de recepción de lo cotidiano en el que todo lo que pasa a nuestro alrededor tiene una posibilidad poética. A veces llega una imagen, una idea o una palabra. En torno a eso empiezo a trabajar en la mente, me imagino cómo sonaría el primer verso, cómo se vería el texto, espacialmente, me imagino el aliento o la emoción que quiero transmitir. Pasan muchas cosas antes de poder escribir algo. Y pasan muchas más después de poner la primera palabra, despues de encontrar cierto tono o el elemento que hace que todo en el poema gire a su alredor. Ahora me interesa mucho más tener tiempo suficiente para corregir; más que tener muchas ideas novedosas o geniales prefiero dedicar mi trabajo a un poema sencillo, breve y doméstico. Más allá de si la idea de un poema es buena, prefiero confiar en las horas que pase frente a él, dándole vueltas, haciendo que funcione en su mundo propio. También creo que la escritura nace de la lectura. No solo de la lectura literaria sino también de la lectura del mundo, de la observación. Y ahora confío mucho más en los poemas que tardan en llegar, en los que se resisten a nacer.

Elías

¿Qué estás leyendo en estos momentos?, y ¿tienes un proyecto de libro en el que trabajas actualmente?

Ángel

Como soy reincidente, además de leer, releo. Ahora mismo estoy con Más alto que las flamas, de Louise Dupré; Una biografía soterrada, de Sergio Pitol; Diario de Yony Paz, de Luis Aguilar. Y releo Migraciones, de Gloria Gervitz y Alfabeto del mundo, de Eugenio Montejo. Leo varias cosas a la vez.

Estoy trabajando en dos libros. Después de que el año pasado se publicara Límulo y A pesar de la voz, y una vez que terminara otro libro que está por salir, pasé varios meses dándole vueltas a una idea pero sin poder avanzar mucho en su escritura. Además de eso, veo series, películas y voy a conciertos. No todo es literatura.

Elías

Quiero preguntarte por poetas contemporáneos vivos, nacionales o no, que te gusten o recomiendes, luego de eso, pasamos a la dinámica final.

 Ángel

De poetas mexicanos me interesa la obra de Luis Armenta Malpica, Luis Aguilar, Eduardo Lizalde, Coral Bracho, Francisco Hernández, Jorge Fernández Granados, por un lado; y de Paula Abramo, Maricela Guerrero, Sara Uribe, Yolanda Segura, de escritura mucho más reciente. Y más que nombres me gustaría destacar la multiplicidad de voces, que celebro como un signo de salud de la poesía en México. También creo que hay que poner especial atención a la poesía que se escribe desde Sudamérica o por sudamericanos desde otras partes del mundo. Pienso en Fabián Casas, Oscar Hahn, María Negroni, entre muchos otros. En este momento, para mi, la poesía de María Auxiliadora Álvarez reune lo emotivo, la precisión, lo intelectual  y la experimenación que me gusta en la poesía.

Elías

Bueno, iré diciendo una palabra y me contestas lo primero que se te venga a la mente, ¿va?

Ángel

Va.

Elías

Televisión

Ángel

Posibilidad

Elías

Voz

 Ángel

Huella

Elías

Agua

Ángel

Dios

Elías

Iglesia

Ángel

Catedrales de voz

Elías

Insomnio

Ángel

Gatos

Elías

Sombra

Ángel

Luz

Elías

Ángel

Ángel

Ambigüedad

Elías

Tinta

Ángel

Cuerpo

Elías

Fin

Ángel

Ciclo

Elías

Gracias

Ángel

Poesía

Elías

Palabra

Ángel

Tiempo

 

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Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.