#LetrasEnElPancracio: entrevista a Davo Valdés de la Campa

 

“En el infierno escribo para ya no tener miedo”


Davo Valdés de la Campa es un escritor y crítico de cine que encuentra en Cuernavaca una geografía ideal para alimentar su literatura. Desde esta región paradisiaca, ubicada a 45 minutos de la Ciudad de México, literaria en sí misma con la sombra de Bajo el volcán de Malcolm Lowry y, a últimas fechas, convertida por momentos en un infierno por la carnicería provocada por la guerra contra el narco, el joven veracruzano reflexiona:

“Hace unos años estuve en Francia y vi una película sobre una peluquería en Palestina. Al terminar el filme, los directores, dos gemelos, subieron y respondieron preguntas. Uno de ellos dijo que hicieron esa película para mostrar cómo era la vida en la Franja de Gaza, es decir un lugar en que todos los días habían bombardeos, pero en donde también iban a la escuela, se casaban, iban a la peluquería e intentaban sobrevivir y tener una vida normal. En ese mismo viaje me di cuenta de las verdaderas condiciones de México. Siempre que yo decía que venía de Cuernavaca, todos ponían una cara de tristeza y me preguntaban por la violencia del narco.

“Al igual que Palestina en Morelos todos los días hay muertos, descabezados, descuartizados, muertos que aparecen en fosas, mujeres desaparecidas, todos los días, tantos que es imposible contarlos. Es abrumador lo fácil que es vivir en una provincia en donde la vida es tan sencilla y al mismo tiempo es sobrecogedor el nivel de violencia que permitimos como sociedad. No sé si sólo estemos tratando de sobrevivir, de ir al dentista, de terminar la carrera, de hallar un nuevo corte de cabello o si seguimos creyendo que toda esa masacre sigue estando lejos de nosotros. Si pienso demasiado en eso me cuesta trabajo vivir. Por eso escribo para ya no tener miedo. Creo que hace algunos años se rompió la ilusión de vivir de manera tranquila. Creo que salir a la calle es un riesgo constante. Hacer lo que hacemos es un poco un acto de resistencia y de desesperación. Pero si no nos aferramos a eso, creo que estamos perdidos”.

Xalbador García: ante tal panorama, conozco que tu labor cultural va más allá de solo la literatura, estás en cine y en movimientos ambientales y culturales. Explica por favor cuáles son tus ámbitos de acción y en ese sentido: ¿cuál crees que sea la actividad natural del escritor en este momento?, ¿Crees que haya una responsabilidad social del escritor en este momento?

Davo Valdés de la Campa: Pienso que todo lo que hago es un ladrillo más de un edificio de pensamiento. Todo lo que hago está vinculado a mi obra literaria y lo que pienso sobre el mundo. Mi compromiso como escritor está en ese sentido en llevar las cosas al límite. Sólo pienso en escribir y en vivir cosas que me ayuden a escribir más, de manera más honesta y que más personas entiendan lo que siento. Me interesa el cine porque es la obra de arte total. Ahí confluyen todas las disciplinas y todas las formas de pensamiento. El cine nos configura y nos ayuda a pensar como ninguna otra disciplina y me parece en la actualidad una herramienta imprescindible para conectar con el resto del mundo.

Un escritor también es un habitante del mundo y creo que la responsabilidad del escritor está en ser sensible con las cosas que suceden: la violencia, la corrupción, la miseria, la contaminación. No creo que uno deba convertirse necesariamente en un activista, pero creo que uno debe intentar ser un buen habitante del planeta, respetar a los demás, sentir empatía por otras especies, entender el dolor, intentar aminorar el dolor de los demás, consumir menos, desear menos cosas materiales. Creo que como ciudadano uno puede realizar un gran número de pequeñas acciones de gran alcance. Para mí esas son algunas de las cosas que podemos hacer en lo cotidiano, pero como escritor creo que uno no puede permanecer impávido y ajeno a lo que ocurre en la sociedad, aunque al final la obra tome otro sentido.

XG: Tu labor creativa indudablemente está ligada a la ciudad. Has sido Beneficiario del Programa de Estímulos para el desarrollo y la creación artística en 2009, 2011 y 2017 en las áreas de cuento, novela y poesía, con proyectos afines a Cuernavaca, a la que conoces bien. En ese sentido te pregunto: ¿existe un movimiento cultural en este momento en Cuernavaca?; si es así, ¿cómo se inscribe en el ámbito nacional y global?, y ¿tú particularmente cómo te inscribes dentro del mismo? 

DVC: Cuernavaca tiene la fama de ser una ciudad cosmopolita. En otras épocas era el paraíso prometido para todo aquel que tuviera éxito. Lo cierto es que las grandes figuras que han vivido en la ciudad poco han tenido que ver con la ciudad porque eligen una vida intramuros, de exilio. En la actualidad Cuernavaca si se compara con otras grandes ciudades tiene una escena muy incipiente y un tanto desarticulada. Pero aún así creo que aquí están sucediendo varias de las cosas más importantes en términos culturales y artísticos a nivel nacional. Aquí viven y producen artistas como Magali Lara, Ray Smith, Enrique Serna, Pura López Colomé, hasta hace poco Felipe Ehrenberg (que desgraciadamente falleció recientemente), por nombrar sólo a algunos.

Pero me interesan aún más artistas que no sólo viven aquí sino que usan a Cuernavaca como humus creativo, artistas como Cisco Jiménez o Patricia Couto y me interesan todavía más compañeros de generación. Artistas jóvenes que hemos decidido quedarnos en Cuernavaca a pesar de la situación tan desfavorable. Creo que hay escenas con exponentes muy fuertes y cada vez se nutren más entre ellas y a diferencia de otras generaciones creo que se ha promovido un diálogo mucho más constante y crítico.

Además del constante flujo de artistas que vienen y se van, pero que mantienen un lazo firme con la ciudad como Carlos Bautista, Julio Barrita, Saraí Ojeda y Rafael C. Ibarra., creo que cada escena tiene artistas que me interesan por los riesgos que toman. En fotografía Ricardo Modi, Juliana Alvarado, Dulce Villasana y especialmente, Gabriel Rozycki; en literatura sigo de cerca a Kenia Cano, Efraím Blanco, Amaury Colmenares (uno de los narradores más potentes de todo el país), Mir Ponce; en ilustración me interesa la obra de Enid Balam, Mafer Lara, Pablo Peña, Benjamín Torres; otros artistas que no puedo clasificar como Minerva Ayón, Natalia Efe, Javier Ocampo me inspiran muchísimo.

También me gusta la pintura de Ale Marzana, la propuesta musical de Capital Sur, Chronos, Monodram, Los Pápalos, Valsian, Gallo Lobo y recientemente el trabajo de la bailarina y coreógrafa Beatriz Dávila. Todos ellos y muchos más ya han tenido resonancia nacional y también muchos han podido llevar su trabajo al extranjero. ¿Yo cómo me inscribo en esta maraña? Me gusta pensar en mí como un gran testigo. Desde que comencé a escribir y a trabajar en medios he intentado llevar un registro de lo que aquí sucede y junto a Amaury Colmenares he reflexionado mucho sobre las condiciones actuales de Cuernavaca y sobre el curso que el espectro del arte ha tomado en los últimos 10 años.

XG: Ya entrados en materia guayaba (apodo a lo oriundo de Cuernavaca), háblanos sobre el proyecto “Ruina Tropical”.

DVC: Ruina Tropical es un proyecto que lleva un año de vida. Lo conformamos activamente Amaury Colmenares, Steff Alton, Fabiola Valdés, Gabriel Rozycki y yo. Con nosotros han colaborado muchísimos artistas de diferentes disciplinas. Para mí Ruina Tropical es un organismo sin una forma totalmente definida. Por eso causa emociones tan dispares como intriga, emoción y rechazo. Para nosotros cada día se vuelve más claro, aunque eso no significa que su propio desarrollo esté resuelto y delimitado.

Por un lado es un movimiento estético, político y social con un afán profundo de dejar atrás prácticas obsoletas de cómo debe comportarse un intelectual o un artista frente al público, pero también pretende motivar a los artistas a crear a partir de su entorno, es decir la ciudad de Cuernavaca con sus características específicas y actuales.

Esto quiere decir que nuestra materia prima creativa se encuentra en lo destruido, lo abandonado, lo descompuesto, lo roto, las ruinas de esa Cuauhnáhuac gloriosa del pasado, pero también la tierra asolada por la revolución y la violencia. Para mí es esencial pensar en esas cosas y mirar el paisaje para poder escribir, aunque no escriba desde una postura folclórica. Ruina Tropical por otro lado es una empresa, una empresa en el sentido de una aventura que persigue un grupo de exploradores. En un artículo de Francisco Rebolledo sobre simbolismos en la obra Bajo el volcán de Malcolm Lowry, Rebolledo describe la casa del cónsul, protagonista de la novela como “Edén en ruinas”. No puedo pensar en una mejor definición para la nombrar la Cuernavaca que habitamos.

El Edén es un motivo para contar historias del pasado glorioso: uno que incluía artistas, princesas, emperadores, actrices de Hollywood, músicos de jazz. Nuestra empresa no se basta con el regodeo en las narraciones de esa época glamorosa, brillante e idílica, en cambio buscamos usar la ruina para volver a construir. Nuestra filosofía es que en sus edificios destruidos vemos la posibilidad de la vida. ¿En dónde? En las grietas, en los pequeños resquicios derruidos, en los que de manera sorprendente crece la vegetación. Así de esa forma una generación de artistas se levantan al sol tropical, crean y se enraízan en lo que parecía ya no ser campo fértil para el arte.

XG: ante esta decisión de crear en Cuernavaca y  con el centralismo que se ha impuesto en el país desde su nacimiento, ¿tú consideras que hay aún una diferencia entre ser escritor de provincia y escritor del ExDF? ¿Hay un prejuicio en este sentido en tu trabajo?

DVC: Es verdad que es difícil ser aceptado en las editoriales importantes y que por eso muchos escritores de la periferia deciden mudarse a la Ciudad de México. Para mí ser un escritor de provincia es una gran oportunidad. Escribo con calma y poco a poco he creado una red de lectores que me enorgullece mucho. Más que ser el amigo de los escritores, me he dedicado a escribir y en conectar con lectores de todo tipo. Esa es una parte que disfruto mucho. Creo que existe en una sobrepoblación de escritores en las grandes ciudades y que el mercado los obliga a hacer cosas que no quieren o escribir textos en los que no creen. Yo me he mantenido al margen de eso. Me interesan los escritores que están comprometidos con su obra y también con otros artistas de otras disciplinas que admiro. Estar en provincia me ayuda a tener los pies en la tierra y concentrarme.

XG: Eres un autor diverso. En 2015 ganaste del Segundo Concurso de Crítica Cinematográfica, convocado por la Cineteca Nacional, la Embajada de Francia, Contra Campo TV y Corre Cámara, y también participaste en el programa Talents Critiques en la Semana de la Crítica del Festival Internacional de Cine en Cannes. Un año después estuviste en Portugal como parte de los festejos de la Semana México Joven en Braga, capital iberoamericana de las juventudes. En esa diversidad, veo que existe un diálogo constante entre la narrativa y la poesía, ¿cómo defines esta propuesta?

DVC: Me siento un poco esquizofrénico. Muchos de los narradores que exploran en la poesía no se alejan demasiado de su estilo particular. Uno reconoce su huella. Yo escribo cosas muy distintas cuando escribo narrativa y cuando escribo poesía. Me sirven para diferentes cosas. Quizá está exploración se deba a que todavía estoy en búsqueda de una voz propia, aunque es verdad que la prosa poética me ha brindado momentos en los que siento que logré escribir lo que sentía. Mis cuentos son muy violentos, oscuros, sórdidos. Me interesa el lado oscuro del ser humano y por eso escribo mucho sobre el horror, la angustia, la furia, el abandono y la debilidad.

En cambio la poesía se ha convertido en el vehículo de mostrar la naturaleza infantil, inexperta e idiota de mi alma. Escribo sobre las cosas que me mueven y lo hago de la manera más honesta posible, aunque eso signifique hablar de mis perros, de mis amigos, de las películas que me han marcado. Me interesa la visión del niño, que experimenta las cosas por vez primera y así busco que sean mis poemas o en ese sentido, pero desde la nostalgia.

XG: Abunda por favor sobre esto: ¿cuáles son tus nuevos proyectos literarios?

DVC: Tengo tres proyectos actualmente. El primero es Muerte tropical, un poemario que escribiré con el PECDA Morelos 2017. Según Werner Herzog, en su diario de viajes, Conquista de lo inútil, todas las cosas mueren de forma natural, pero unas enfrentan algo que él llama muerte tropical que implica un fin mucho más desolador y definitivo. Esto lo relata durante sus viajes en el Amazonas durante la filmación de su película Fitzcarraldo. Retomo de ahí el concepto de “muerte tropical” para el nombre de un poemario que me gustaría desarrollar en torno al clima de Cuernavaca, la sensualidad de las flores, la obra de Malcolm Lowry y la obra de Fray Andrés de Olmos, misionero que estuvo en Cuernavaca y que asegura en su Tratado de hechicerías y sortilegios que el Diablo se apareció en Cuauhnáhuac y maldijo la ciudad.

En ese sentido exploro el epitome de Eterna Primavera, como una maldición y no como la virtud que planteó Humboldt en sus expediciones. Se trata por lo tanto de un poemario narrativo que cuenta la historia de una pareja que decide pasar sus últimos días de vida en un hotel de Cuernavaca (el Hotel Bajo el Volcán). A través de sus últimos días busco explorar las condiciones poéticas que ofrece la ciudad y los elementos geográficos, simbólicos y estéticos que definen el presente literario del espacio que habito. Me interesa la región de Cuauhnáhuac como espacio literario, por su pasado histórico, por sus extrañezas anecdóticas, por los numerosos personajes que han llegado a estas tierras y han vivido entre las barrancas, por su geografía, su clima y por las condiciones actuales que sospecho están reconfigurando la identidad de los que habitamos este lugar.

Desde hace varios años he utilizado a Cuernavaca como eje central del grueso de mi obra. La he recorrido a pie durante mucho tiempo y me he detenido a observar sus edificios viejos, la gente que vive, me he interesado por su historia y he decidido quedarme a producir en esta ciudad, a pesar de la violencia, de la falta de trabajo, de las pocas posibilidades económicas, porque a cambio he hallado una fuente inmensa de inspiración.

La ciudad estimula mi imaginación y creo que los artistas deben aprovechar las condiciones actuales para crear ante la adversidad, crear para reconstruir sobre las ruinas y hallar una identidad nueva que hable de nuestro pasado, pero también que reflexione sobre temas que han rondado en nuestro imaginario. Hemos llegado a los primeros 17 años del siglo XXI y creo que es necesario ahondar en ciertos temas o hacernos ciertas preguntas, por ejemplo: ¿qué es Cuernavaca? A través de la poesía busco crear representaciones simbólicas de lo que significa la ciudad para mí, como joven, como parte de una generación que vivió el toque de queda y la violencia del narco, pero también como un artista que forma parte de un gran movimiento de colectivos y pintores, escritores, cineastas, músicos que han decidido quedarse, resistir y producir arte como frente a la panorama actual del mundo, comenzando por su ciudad, su colonia, su calle. En ese sentido me siento muy cercano a la propuesta literaria del narrador Amaury Colmenares con quien emprendí el proyecto Ruina Tropical para ahondar desde diferentes aristas en estas inquietudes y quien también desde su obra explora la historia de Cuernavaca y sus alrededores.

También escribo desde hace varios años un poemario aún sin título definido sobre el Alzheimer de mi abuela y sobre las múltiples reflexiones que su enfermedad me han provocado en torno a la familia, el amor, la memoria. Finalmente estoy corrigiendo mi primera novela, Sutil cabalgata hacia los males del mundo, una novela en prosa poética que sigue las aventuras de un vaquero ciego a través de Cuauhnáhuac, hasta Ciudad Anarquía. Se trata de una novela muy experimental con distintos narradores y muy cercano a la poesía. Espero terminarla en los próximos meses y ver qué pasa con ella. Es uno de los libros que he escrito que más me han emocionado y creo que es momento de que encuentre a sus lectores.

XG: Por último: recomiéndanos tres escritores actuales mexicanos que creas imprescindibles leer.

DVC: David Miklós, me parece el narrador más sólido y sorprendente del México actual. A. E. Quintero, simplemente es mi poeta favorito en la actualidad. Clyo Mendoza, Andrea Alzati y Valeria Guzmán, son poetas que admiro y sigo desde la secrecía de las redes sociales, me parece que pronto nos entregarán poemas de alto calibre.

 

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Xalbador Garcia

Xalbador Garcia

XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, 1982): Doctor en Literatura Hispanoamericana, escritor y periodista mexicano. Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

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