#Lasticön | Uno > Tigre Random

 

Álvaro acopla la lengua con la base de la pinga eyaculante y se sorprende de no sentir nada. Más se sorprende cuando el semen estalla ocupando los espacios vacíos y sigue sin sentir nada. Pero es aún algo táctil, una parte de su cuerpo en contacto con un elemento líquido recorriendo el paladar. Cuando se activa el gusto, cuando lo viscoso y cálido da lugar a lo amargo o a algo parecido, ahí tiene la primera arcada. Todo dura un segundo pero en su mente puede identificar fases y circunstancias completamente distintas

Experimenta un acceso cálido que recorre su cuerpo. Es placentero, casi casi lo que se había imaginado que sería. Lo que estaba buscando. Algo que no tiene nada que ver con lo sexual. Lo ha racionalizado tanto que se parece más a un power point para la FIU que a esta mamada anónima en el estrecho sendero que va de Meridian Avenue al alleyway, entre el remodelado condo art decó y la medianera. “Creo que esos comportamientos erráticos y extraños tienen que ver con algo del orden de la autoflagelación. Esas conductas, como tú mismo has remarcado, comenzaron tiempo después de la muerte de Bryan” dijo un par de horas antes su analista, la de Boca Ratón, que se había decidido por fín a opinar algo después de 7 meses de terapia. Lejos de preguntarse si estaba bien o mal lo que hacía, esa explicación le dio alas, le dio una razón de por qué hacía lo que hacía. Se le rió en la cara. No por absurda sino porque le parecía tan obvia que le hizo gracia que se lo tuviera que decir otra persona.

Sin sacársela de la boca, el tipo mete la mano en un bolsillo. Prende un porro. Tiene las muñecas vendadas con gasa de hospital. El jean azul apesta a transpiración, algo que en Miami no representa ninguna rareza. Álvaro, que empieza a sentir dolor en las rodillas, sufre otra arcada y trata de contenerla. Le parece más freak vomitar que tener la pinga de un extraño en la boca, una idea ajena hasta hacía unos 15 minutos atrás. Escupe toda la leche sobre la ajada bota izquierda de cuero marrón. El tipo ni se inmuta. Álvaro se pone de pie, se quedan frente a frente, se miran. El tipo da una larga pitada, le extiende el porro y él, que no fuma, acepta. Con la pinga aún asomando se pone a mear.

Wey, qué haces.

Y a tí qué mierda te importa, tío.

Yo vivo aquí.

 

Álvaro oye el largo meo, potente, direccionado al centro del water, para que se oyera. Todo es muerte y sexualidad, leyó una vez en algún lado refiriéndose al psicoanálisis. Es sexualidad que en los mingitorios el hombre asuma que a mayor ruido mayor virilidad.

El tipo no levanta el asiento del inodoro, no tira la cadena ni se lava las manos. No pide permiso cuando empieza a revolver alacenas ni cuando abre el refrigerador.

Porca miseria. ¿Tienes hambre?

A-ha.

¿Tienes coche?

El tipo sube al Maserati Gran Turismo S Coupé gris oscuro parkeado en el lot de El Carnal en Flagger y la 27.

 

No entiendo por qué hostias no podemos sentarnos.

Wey, me gustan sus tacos pero me deprime el lugar.

Whatever.

 

Álvaro enciende el motor. Sigue sonando Hello Seahorse!

 

Deseo encontrar el color de mi piel
Deseo encontrar mi forma natural
Con el tiempo me he dado cuenta que aún
No encuentro ni invento bien
Quien soy

 

El tipo empieza a repartir el pick up. Al pastor para Álvaro. Quesadilla y tacos mixtos para él.

 

Wey, en el carro no.

Joder, broder. ¿A tí no te ha pegado el bajón?

Es el carro de mi Jefe.

¿Y qué mierda haces con el carro de tu jefe?

El carro de mi padre.

Oh, gotcha. ¿Padre obsesivo? ¿Qué te dice?

Decía. Murió en Agosto.

¿Entonces?

Lo cuidaba mucho. Nos decía que el auto se comportaba mejor que nosotros.

¿So?

Es la primera vez que lo uso.

¿Desde que murió?

No, la primera vez que lo uso.

 

El tipo lo mira y se lleva a la boca un triángulo de quesadilla. Piensa un segundo y engulle los nachos. Demasiados. Come aún con menos cuidado. Con risa diabólica, mastica mecánica, toscamente y deja caer la comida. Álvaro lo mira un instante, descolocado pero toma uno de sus tacos con descuido. En lugar de comerlo, lo abre y se lo pasa por los labios dejando caer los trozos de carne en su falda y de ahí a la alfombra y debajo de los pedales. Los dos ríen desaforados.

En el sofá de Álvaro, juegan FIFA ’17. Álvaro selecciona el Manchester United, segunda equipación. El otro, el Athletic de Bilbao. Antes de empezar, Álvaro presiona pausa y va en busca de un Tequila Don Julio Añejo. Sirve dos shots.

¿Por qué jugamos?

¿Una mamada?

Son casi las nueve A Eme. El tipo palmea el rostro de Álvaro, al que le cuesta entender y se le parte la cabeza.

Vamos: toma una coladita. Levántate, que tienes que hacer la denuncia.

¿Qué pasó?

El coche de tu Jefe pasó a mejor vida. A una playa de Brasil vía Paraguay.

El tipo le deja un rollo enorme de billetes de 100 atados con una gomita celeste. Álvaro echa a reír desaforado. No porque deshacerse de aquella obsesión paterna sea absurdo sino porque le parece tan simple que le hace gracia que hubiera tenido que hacerlo otra persona.

Soy Álvaro.

Yo Lasticön.

¿Cómo?

Lasticön

¿Y a qué te dedicas?

A tocarle los huevos al Tigre.

 

 

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Gastón Virkel

Gastón Virkel

Gastón Virkel (Argentina, 1972) es escritor y guionista de cine y televisión. Ha obtenido numerosos premios a la creatividad en TV donde se ha desempañado en canales como MTV, Nickelodeon, Telemundo o Boomerang. Actualmente se encuentra desarrollando varios proyectos para cine entre los que se encuentran una historia Sci fi, una del Miami de los 80s y una de la guerra de Malvinas. Tiene un hijo de 8 años con el que está desarrollando “Squirrel vs. monster” un proyecto de animación para niños. Y participa en Viaje One Way: antología de narradores de Miami, con el cuento Cara a cara.

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