#Lasticön | Tres > Diablos rojos

El problema es el vecino colombiano que no quiere olvidar el agresivo statement lasticöniano “para el señorío madridista serás siempre un narco-sudaca”. El poli se cansa, mitad de aburrido y la otra mitad porque Álvaro lo convence de que se trata únicamente de una inofensiva discusión por equipos de soccer. Y lo libera.

Zlatan hace el 6-3 para los diablos rojos del Manchester frente al Ajax, segunda equipación. Álvaro recuerda que la última vez Rita no pudo ni anotarle. Pinche generación Z, van a tomar el mundo tan pronto alguien suba a Youtube el tutorial “How to take over the world”. Rita elige siempre el Ajax porque es el equipo de Amsterdam, la ciudad de sus sueños y de los relatos de Big D, el dealer newyorican que le vendía a su padre, hasta que entró en rehabilitación.

Rita casi marca el cuarto cuando Álvaro se distrae con la cadena del water. ¿Desde cuándo el energúmeno de Lasticön tiene ese guiño civilizado? Termina el match. Ha ganado el Manchester pero Mourinho no debe estar satisfecho.

Al poco tiempo de mudarse a esa casa, comenzó a oir ruidos raros en el estrecho sendero que va de Meridian Avenue al alleyway, entre el edificio art decó y la medianera. Son quickies anónimos. Sexo sin futuro. Pasa todo el tiempo. Dejan condones, envoltorios de cocaína. Una vez encontraron una jeringa. Desde entonces, Álvaro se trajo de la casa de empeños de la familia un bate autografiado por Giancarlo Stanton que descansa llamativamente cerca de Rita.Ella sabe defenderse, piensa Álvaro y sospecha que tiene algo que ver con la presencia de Lasticön que revuelve la única pila de libros de la casa hasta dar con sus poemas. Provoca rechazo y cierto temor en las mujeres. En la gran mayoría de ellas. Pero no en Vivian que tiene predilección por las almas rotas. Álvaro los mira conversar y la escena se le antoja irreal. Nunca hubiera imaginado que esos dos pudieran tener algo en común. De eso no puede salir nada bueno.

Álvaro recorre con ayuda de la linterna del celular la circunferencia de la tabla para confirmar que el tipo meó sin la actitud egoísta de siempre. Efectivamente, ni una gota. Oye a Lasticön declamar desde la cocina

Tu vulva congela

los anhelos

deflorados.

Gobierna

desde dios

el curso de los días,

acercando el averno

5 grados por semana.

Álvaro sale secándose las manos en el pantalón y se encuentra con Lasticön tomando de la cintura a su hermana, petrificada por la torpeza del asunto. Refriega pelvis contra pelvis.

¿Es así la cima?

Con estos vientos alisios

que susurran sinsentido

El poema se interrumpe cuando el heterodoxo batazo de Rita impacta en el parietal derecho. Álvaro teme lo peor; por suerte la sangre manchó el bate pero no en la parte del autógrafo. Lasticön cae pesadamente, ni mete las manos. Vivian grita “Qué haces”, llena un bowl con agua tibia, toma el rollo de cocina, pide toallas y una serie de insumos de primeros auxilios de los que Álvaro carece. Ni uno.

Pinche inútil, take your head off your ass.

Rita y Álvaro salen dando un portazo que hace a Laticön abrir un ojo.

Qué pasó.

Chorrea demasiada sangre. Vivian hace presión en la herida con una toalla que dice Miami Bitch. Lo ayuda a girar boca arriba pero él aprovecha el envión e intenta ponerse se pie. Se da la cabeza contra la puerta del horno y aterriza manchando su libro.

Ah, ya me acordé.

Dejando sus huellas por la hilera los cajones, logra ponerse de pie.

¿Es así la cima?

Con estos vientos alisios

que susurran sin sentidos

condenas estériles

de cuello alto

y mirada ciega.

Vivian se escurre bajo el brazo derecho, el que no sostiene el libro.

Vamos a la cama. Sigue leyendo.

Salen del Walgreens de Collins y la cinco. Álvaro chequea una vez más el mensaje de texto de su hermana: gasas, alcohol, algodón, crema antibiótica, tampones. Caminan rumbo al liquor de la 7 y Washington. Solo ahí encuentran el Tesoro della Regina, el Pinot Grigio favorito de Vivian y verdadero requisito para hacerse cargo de la situación. Álvaro sospecha que la predilección tiene solo que ver con el nombre.

Extraño demasiado a Ryan. Y era mi amigo. No se cómo hace Vivian.

Me tiene a mí. Yo soy el débil, el needy de la familia. Ella no puede darse el lujo de caer. Me lo enseñó mi jefe antes de morir, pinche idiota.

Un rastro sanguinoliento se dibuja de la cocina al dormitorio. Habrá que tirar el edredón beige al alley. Vivian piensa que ya era hora, nunca le gustó. Mil veces le dijo a su hermano que era un color de viejo. El sangrado se detuvo. Vivian limpia la herida con jabón y agua tibia. Lasticön la toma de la cintura, busca reiniciar la refriega de las pelvis.

No wey, estoy con el período.

So? Será nuestro pacto de sangre.

En el estrecho sendero que va de Meridian Avenue al alleyway, junto a la medianera, Álvaro y Rita prenden un porrito. Allí podrán oír cuando termine el frenético golpeteo de la cama en la pared.

Tu padre no parecía tan débil.

A huevo. ¿A poco no viste cómo se cayó a pedazos el muy cabrón después de lo de Bryan? Las que sostienen esta familia en los desmadres son siempre las mujeres. Por eso ahora le toca a Vivian.

¿Y tú qué?

¿Yo? Yo soy el cabrón que los mató.

 

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Gastón Virkel

Gastón Virkel

Gastón Virkel (Argentina, 1972) es escritor y guionista de cine y televisión. Ha obtenido numerosos premios a la creatividad en TV donde se ha desempañado en canales como MTV, Nickelodeon, Telemundo o Boomerang. Actualmente se encuentra desarrollando varios proyectos para cine entre los que se encuentran una historia Sci fi, una del Miami de los 80s y una de la guerra de Malvinas. Tiene un hijo de 8 años con el que está desarrollando “Squirrel vs. monster” un proyecto de animación para niños. Y participa en Viaje One Way: antología de narradores de Miami, con el cuento Cara a cara.

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