Las narices del café

A Pedro Lluen, eterno amigo.

Además de tomar café, leer y escribir, voy a Starbucks a ver narices. Algunos días las veo en el Starbcucks de la 10 street con la West Avenue en South Beach y otros en el de la 107 Avenue y la 19th street en el Doral.

La nariz que miro en el Starbucks de South Beach, es la del Barista que no es narizón pero tiene la cara hacia atrás -de hecho, ésta fue la nariz que me sedujo y me envolvió en esto de ver narices-.

El Barista no es narizón pero tiene la cara hacia atrás porque su nariz no excede las proporciones de una nariz convencional; es decir: tiene un tabique más o menos del tamaño de medio dedo índice, y es tan larga como la mitad de un pulgar o un poquito más, pero no mucho más. Entonces, si su nariz no excede las proporciones convencionales de una nariz, pero sin embargo, resalta por lo grande, puedo pensar o que tiene el resto de la cara muy chica, o que tiene la cara hacia atrás. Descarto lo de la cara chica por las mismas razones que descarté lo de la nariz grande: sus ojos, su boca, sus orejas y su cabeza no exceden las dimensiones comunes de ninguna de estas partes.  Lo de la cara hacia atrás, además de ser casi una deducción coherente, pues si de dos posibilidades no es una es la otra, resulta lógico cuando uno se para a veinte o treinta centímetros suyo para pedirle el café y siente que lo tiene lejos, lejísimos, casi en otro Starbucks.

La otra nariz es la de la muchacha que, si se le ve de perfil, parece la aleta de un tiburón. Esta es una nariz  puntiaguda, triangular, larga. Quizá adecuada para abrirse paso entre la gente, cortar el viento, acostarse en el mar boca arriba y navegar. Algo muy particular en esta nariz, además de la forma, es su color. Es negruzco, que no es lo mismo que negro, ni marrón oscuro tirando para negro. Es muy marrón y como cubierta por una capa de tierra. A veces creo que luego de bañarse, secarse el pelo, peinarse y lavarse los dientes, la chica entierra un rato la nariz en alguna maceta

No podría decir si la cara completa de la muchacha es de color negruzco, o si es negruzca de cuerpo entero, pues cuando entra al café, mis ojos se pegan a su nariz como dos imanes y no se le despegan hasta que, después de comprar su Tall Latte, se retira apuradita, pasitos cortos – como si fuera a llegar tarde a un concurso de narices- sube a su Explorer roja y se confunde entre los autos de la 107 Avenue.

Hoy por la tarde, al llegar a mi casa, abrí el buzón y encontré un sobre de Starbucks. En el sobre había una tarjeta de Annual Gold Member. Recordé entonces a la muchacha, a su perfil, y me pregunté si, en ese momento, estaría en su casa abriendo un sobre con una tarjeta de Annual Nose Member.

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Pedro Medina León

Pedro Medina León

Nació en Lima, Perú, en 1977. Es autor de los libros Streets de Miami, Mañana no te veré en Miami, Lado B y Varsovia. Es editor de las antologías Viaje One Way y Miami (Un)plugged. En el año 2017 se produjo el cortometraje The Spirit Was Gone, inspirado en los personajes de su novela Lado B. Además es creador y editor del portal cultural y sello editorial Suburbano Ediciones. Como gestor cultural ha sido co-creador de los programas #CuentoManía, Miami Film Machine, Pido la palabra y Escribe Aquí –galardonado con una beca Knight Arts Challenge por la Knight Foundation Center-. También es columnista colaborador en El Nuevo Herald y ha impartido cursos de técnica narrativa en el Koubek Center de Miami Dade College. Estudió Literatura (Florida International University) con una especialización en Sociología y en su país Derecho y Ciencias Políticas (Universidad de Lima).
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