Las cosas sin palabras.

Ser una palabra, esperar serla
como el silencio espera
a ser quebrado, roto.
Cuándo habré de abrirme.
Cuándo.
Ola tras ola, la vida
viene y se acerca a mí.
El polvo flota entre los rayos de la luz,
lo respiro invisible,
hay que respirar polvo
para mantenerse en la tierra;
seguir siendo pasos entre
el detenimiento de las cosas.
Voy a dejar mis dedos aquí,
intactos, inertes, inservibles.
A qué tanta premura.
A qué la velocidad de las palabras.
Dónde habita escondida
la tierra que no pisaré.
El temblor de la hoja,
el murmullo inaudible
de la presa antes de ser devorada.
El terror habitando en los ojos
de quien no sabe qué espera.
Esto es solo el suspiro
del viento artificial de las cosas,
el aire inventado como herramienta
y lo respiro inevitable
como necesario.
Pero esta falta de hálito
no es más que el exceso
de las cosas sin palabras,
se acercan a ser el alma
del corazón unánime, como esa noche
donde escribimos la muerte,
el cuento, las ganas de
abrazar otras palabras.

David N. Campos
@LeChatDavo

© 2012, . Opinions set out in this post are those of the author(s) and do not necessarily reflect the official opinion of Suburbano Ediciones.

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Elías David

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.