Lana del Rey rompe el maleficio

 

LanadelReyUltraviolenceLos labios fueron el primer motivo de sorna en su contra. ¿Son reales o no? Justo lo que algunos increpaban sobre su música.

Después vino el escarnio por la voz, incapaz o reacia, dijeron, de proyectar las piruetas musicales que tanto se esperan, y elogian, de los artistas hoy en día.

Anodina, fabricada, monótona, repetitiva. Zombi con micrófono, agente de narcolepsia. En esa onda criticaban a Lana del Rey sobre sus interpretaciones en escena. No importaba lo que hiciera, no daba pie con bola.

Cuando en enero del 2012 se presentó en el popular programa de la TV estadounidense Saturday Night Live (SNL), su intervención fue desastrosa ante los ojos de los comentaristas musicales, la blogosfera y el Twitteruniverso. Era como si hubieran visto a un emoticón cantar y había que darle delete.

Ese mismo mes, Del Rey lanzaba su álbum de estreno, Born to Die, cuyo tema homónimo y otros sencillos como Video Games y Blue Jeans, generaron lo mismo fanáticos obsesivos que detractores rabiosos.

Antes de haber escuchado su música, yo ya había oído su nombre. Y fue por ese nombre, al pensar que era latina, que me surgieron las primeras preguntas que me llevaron a indagar más sobre ella: ¿Quién era esta artista que bien parecía haber salido de un club de Palm Springs de los años 50? ¿Con el pelo inflado, la boca serpenteante, y un tono de voz áspero que transmitía anomia y seducción por igual?

Me enteré que su nombre verdadero era mucho más soso, Elizabeth Woolridge Grant, y que incluso el que primero usó en escena, Lizzy Grant, provocaba bostezos. Que no era de California, sino de Nueva York. Que había estudiando en mi alma máter, Fordham University, y que fue durante su último año ahí, como senior, que firmó su primer contrato discográfico por sólo $10,000. Se tuvo que mudar a vivir a un “trailer park” de Nueva Jersey.

Nada de glamour hasta ahora.

En el 2008 sacó un EP de tres canciones, Kill Kill, que murió enseguida, y en el 2010, salía su disco de estreno verdadero, una  producción digital llamada Lana del Rey. El nombre venía del gusto que le provocaba escuchar el español, ha dicho, al venir de visita a Miami. Entonces, con la ayuda de YouTube, adonde subió algunos cortes, comenzó a propagarse su música y las interrogantes sobre quién era.

Nacer para triunfar

Su segundo álbum de estudio, Born to Die, y el video que acompañó a ese tema, le sumó adeptos rápidamente, al igual que ataques por considerarla criatura mediática falsa. Aún así, el disco llegó a la posición #1 en 11 países. Mientras acá se le prestaba más atención a Taylor Swift, los ingleses reconocieron que Del Rey tenía ese algo mágico que hace a las verdaderas estrellas, y en los 2013 BRIT Awards, ganó el premio en la categoría International Female Solo Artist.

Por acá, sin embargo, no muchos prestaban atención. Eso es, hasta que en ocaso del verano pasado una de sus canciones, Summertime Blues, encontró la resurrección en manos de un famoso DJ y productor francés que reside en Miami Beach, Cedric Gervais.

Como himno de discoteca, Del Rey la chanteuse se tornaba en diva de la pista de baile, adquiriendo dimensión de ícono para chicos y chicas inconformes con la mediocridad imperante de la música pop y sus falsos ídolos (Miley Cyrus, Justin Bieber, etc.).

Los heteros cool la abrazaron, los gays se enamoraron, los de sensibilidad artística la entendieron, y los que sobrellevan la vida con alguna oscuridad en el corazón o en la mente, agradecieron su existencia.

A esta esfinge de la canción, difícil de encasillar por más que alguien lo intente, Hollywood también le sirvió de puente a las masas. En la nueva versión cinematográfica del clásico literario The Great Gatsby, que el director australiano Baz Luhrmann sacó el año pasado, nada brilló más que el tema Young and Beautiful de Del Rey.

Escuchar su voz cantar los siguientes estribillos es casi un acto de voyerismo, en el que uno no puede evitar preguntarse: ¿Qué le va a pasar a ella cuando ya no sea joven y bella?

Will you still love me when I’m no longer young and beautiful

Will you still love me when I got nothing but my aching soul

Ha despertado

El 30 de este mes, sale la muy esperada película Maleficent, que cuenta desde el punto de vista de la malvada bruja Maleficent (interpretada por Angeina Jolie), el relato de La bella durmiente. El tema musical oficial, Once Upon a Dream, es la canción con la que se asocia a la Princesa Aurora, y que a su vez está basada en el ballet de Tchaikovsky, The Sleeping Beauty, y que se escribió para la película de Disney de 1959.LanadelReyOnceUponaDream

Pero como remake en la voz de Lana del Rey, desde la primera nota que emite, capaz de pararle los pelos a uno, queda evidente que la artista ha roto el maleficio de quedar rezagada en un mundo que no haya qué más decir del twerking. Cuando ese mundo me hace sentir como misántropo, cierro los ojos, escucho a Del Rey, y logro escapar, aunque sea momentáneamente, del horror que nos rodea.

El furor por Del Rey va en crescendo. Al menos así parecen indicarlo sus seguidores y los medios de comunicación, que ya han anunciado generosamente el lanzamiento de su próximo álbum, Ultraviolence, el 16 de junio. El primer sencillo que ya se escucha, West Coast, no ha causado revuelo. Pero con temas como Money Power Glory, Pretty When You Cry y Fucked My Way Up to the Top, habrá que ver cuán violentas son precisamente las reacciones a favor y en contra.

© 2014, Juan Carlos Pérez – Duthie. All rights reserved.

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Juan Carlos Pérez - Duthie

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Juan Carlos Pérez-Duthie lleva más de 20 años ejerciendo el periodismo en español e inglés en numerosos mercados nacionales e internacionales. Ha colaborado con The Los Angeles Times, la Knight Foundation, El Tiempo (Colombia) y La Nación (Argentina), entre muchos otros medios. Tiene una maestría como periodista y una maestría en creación literaria. Residente de Miami, ha vivido además en San Juan de Puerto Rico, donde nació; Nueva York, y Buenos Aires. www.juancarlosperezduthie.com