La teta asustada

Drama – 2009

103 minutos

Claudia Llosa

Fausta (Magaly Solier) sufre la enfermedad de “la teta asustada”. La adquirió a través de la leche materna de su madre, quien fue violada en la época del terrorismo en el Perú —década de 1980—. Temor y sufrimiento son los síntomas principales que experimenta Fausta, por eso lleva un tubérculo en la vagina (una papa) para evitar ser violada. Ella es una mujer sola y solitaria —su madre yace muerta sobre su cama— y deberá hacer frente, además de sus síntomas, a un desvelo que apaciguará con cánticos en quechua, así como a la repulsión hacia cualquier contacto con los hombres, excepto los de su propia familia. Para enterrar a su madre necesitará conseguir un trabajo, relacionarse con gente, desandar aceras imaginarias, calzar zapatos apropiados y recorrer las de verdad. Finalmente la emplearán como sirvienta en una casa, donde su patrona, tras escucharla cantar, le pedirá que nunca deje de hacerlo y, a cambio, le ofrecerá pequeñas perlas.

La teta asustada delata las ojeras de un país en el cual la educación sigue estando en manos de pocos, pues es un privilegio. Un país donde, a pesar de sus hermosas infraestructuras y parajes turísticos, la realidad es que un gran porcentaje de su población vive en condiciones paupérrimas y desoladoras. No resulta, entonces, difícil creer en el letargo y la desidia de la protagonista al caminar, al hablar, al enfrentarse al día, a pesar del tiempo transcurrido desde la época del terrorismo hasta la actualidad. Fausta, al igual que muchos peruanos, lo único que recibe es la visita de la madre naturaleza y sus huaicos. Nadie le garantiza que un día alguien no irrumpa entre las esteras de su vivienda y le arrebate algo de lo que no pueda prescindir.

Yendo más allá de las primeras interpretaciones, desde el enfoque introspectivo al cual arrastra el personaje de Fausta, pienso que ella puede ser cualquiera que viva una situación traumática en algún momento de la vida; en distinto contexto, con distintas heridas y sin introducir un tubérculo entre las piernas. Pérdidas y ausencias se condensan y adoptan formas diversas; se adhieren muy dentro, algo supura. Se hace el intento por salir al mundo, y al primer traspié una solo quiere correr a cubrirse la herida. Herida que en muchos casos ni siquiera es de una misma, pero que acecha como si lo fuera y forma parte de nuestra consciencia colectiva.

Aunque La teta asustada es una película sin sobresaltos, Claudia Llosa muestra la cicatriz que dejó el terrorismo en la piel de los peruanos. Y lo hace desde la perspectiva del más vulnerable. Ahí donde no llega el atlas del cuerpo humano, la semiología ni el risotto de camarones. A traves de del silencio y la mirada de Fausta transmite el dolor y el pánico de enfrentarse a “la vida” a “la gran ciudad”. Aunque a ratos los cánticos quechuas adormecen peligrosamente y una siente que nada extraordinario va a suceder —incluso hasta se hará un poco lenta—, conviene terminar de verla. No en vano fue nominada a los premios Oscar en el año 2010 como mejor película en idioma extranjero. Vea y opine.

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Luciana Medina León

Luciana Medina León

Nací en el Perú hace 29 Abriles. Un boleto round-trip me trajo a Miami en el 2004. Luego de 30 días, el boleto quedó convertido en one-way. No viene al caso decir lo que estudié en Lima, pero si que aquí estudié Psicología y que este año haré un Master en lo mismo. Tampoco viene al caso decir que tengo un poema publicado en una antología de poemas y un blog que nadie lee. Me encontrarán en la sección cine en cada publicación. Las relaciones a larga distancia tienen un encanto muy particular: la atracción se mantiene como en el primer día; las partes no caen en rutinas absurdas de cajones desordenados o silencios insondables como centro de mesa; por último el tiempo del que se dispone no se desperdicia. La nuestra no será la excepción. No por mi parte al menos.