La soterrada herencia de Nicanor Parra

Por José Díaz Díaz

¿Sabía usted que el vate chileno próximo a cumplir los noventa y nueve años defendió el spanglish y fue admirador del movimiento hippie, y  que,  acosado por su aprensión a montar en avión,  declinó a última hora viajar a España  para recibir el premio Cervantes de las letras? Bueno, además de esas veleidades, aquí nos vamos a recrear con unos datos más de su prolífica creatividad. Comencemos por recordar su criatura poética que no es otra que la Antipoesía.

El movimiento de la Antipoesía dirigido por Nicanor Parra se origina y desarrolla a la par que el postmodernismo en Occidente. A partir de la segunda postguerra y con la influencia del surrealismo y de las vanguardias— principalmente el dadaísmo— el terreno estaba abonado para que las nuevas manifestaciones artísticas  y dentro de ellas la literatura y la poesía entraran en la tradición de ruptura y negación de las anteriores formas de hacer poesía. Este concienzudo análisis llevó al chileno a afirmar que: “durante medio siglo la poesía fue el paraíso del tonto solemne hasta que vine yo y me instalé con mi montaña rusa”. Nicanor Parra es el poeta del postmodernismo latinoamericano.

En efecto, la nueva visión de la literatura de la modernidad, para acoplarse con una estética que refleje las características principales del hombre de hoy—que bien puede calificarse como de desconcierto y búsqueda— se encuentra en el centro de la propuesta parriana. La narrativa actual se encausa por los laberintos del tono cínico y conmovido para contar la historia sombría del hombre moderno; de personajes ambiguos e impredecibles; de metáforas extrañas donde se extrae belleza de lo vulgar. Se escarba en la opacidad y en la visceralidad del ser para verle su lado oscuro y luminoso; y con personajes transgresores se celebra lo marginal, lo diferente y lo mórbido.

En el poema Advertencia al lector, Parra encuentra un verso para describir el nuevo mundo con su escala de  valores desquiciados y escribe:

“Porque a  mi modo de ver el cielo se está cayendo a pedazos”.

 En este orden de ideas, el objetivo de su poética ha sido la de crear y desarrollar un sistema y un Movimiento en donde el lenguaje sea recuperado y cumpla su función primordial como es la de comunicar lo esencial del hombre común y de su entorno tal como es. Se opone a la práctica de la poesía hermética, oscura e indescifrable. No más imágenes románticas ni modernistas: Torcerle el cuello al cisne. No más lánguidos camellos ni arcoíris; no más princesas no más lunas; no más soles estrellados. En Discursos, nos dice que va a: “hacer saltar a papirotazos los cimientos apolillados de las instituciones caducas y anquilosadas”.  Elevar lo pedestre al salón: “Un juego con reglas hechas para ser rotas una vez que el código las ha petrificado”. No pretende dogmatizar sino expresar momentos y verdades cambiantes.

Rechaza y entierra la antigua imagen del poeta como un dios inspirado y ungido por algún don celestial. Lo baja del Olimpo y del pedestal de mago y profeta. El antipoeta  es ahora un francotirador que dispara  sus textos traumáticos con la intención de desmitificar y desacralizar los valores <<sagrados>> de la sociedad y que explotan cuando menos se espera en manos del lector, oyente o espectador. El poeta está insertado en el cuerpo del nuevo lenguaje como protagonista de sus antipoemas. Hay una clara desacralización del yo poético.

En cuanto al panorama  nacional chileno Nicanor Parra parte de la negación de lo más cercano que tiene a mano: la producción literaria de Pablo Neruda y de Vicente Huidobro. Alega que su estética se aparta del hombre común para cantarle a entes que nada tienen que ver con su existencia cotidiana. Con ese tipo de poesía La comunicación real se pierde y el lenguaje pasa a ser una entidad abstracta donde el poema tiene una realidad ajena al hombre de carne y hueso. El nuevo movimiento es de post-vanguardia y anti-nerudiano. Busca quitarle el carácter serio, grave, solemne a la poesía y cambiar la visión del mundo de un lenguaje exquisito por un lenguaje cotidiano, burlesco, irónico, de la calle.

Es un sistema antipoético. Es una nueva forma de poetizar. Una literaturización de la vida. La nueva imagen está dada por lo audiovisual, por el resumen, por la cultura del deshecho.  Supone un replanteamiento de la noción de originalidad de la propia concepción del poeta y del artista. El sujeto lírico entra al poema como protagonista sufriente y en un patetismo tragicómico. El poema ya no vale en sí mismo (…) sino que hace parte indisoluble con la existencialidad rota del antipoeta.

Su texto debe decir lo máximo con lo mínimo. Decir una historia que cambia siempre, un cuento sin final; un juego con reglas hechas para ser rotas una vez que el código se fosilice. El poema debe obedecer a una estructura verbal descentrada que no se crea iluminada ni defienda ninguna verdad. Eso sí, debe denunciar la degradación del individuo y de la sociedad. Su poesía es vital pero pesimista.

“Para mí el género supremo es la Pantomima”, Dice Parra.  Es una crítica al mundo y a su interpretación. La nueva poesía será exteriorista y concreta; coloquial, dialogante y directa. Será un modelo de oralidad y no de escritura.

En: Solo de piano, leemos:

Ya que la vida del hombre no es sino  una acción a distancia,

Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;

Ya que los arboles no son sino muebles que se agitan:

No son sino sillas y objetos en movimiento perpetuo;

ya que nosotros mismos no somos más que seres

(como el dios mismo no es otra cosa que dios)

Ya que no hablamos para ser escuchados

Sino para que los demás hablen

Y el eco es anterior a las voces que lo producen (…)

L a poesía postmoderna es  la antipoesía que, a su vez, comunica la <<falsa comunicación>> en que se encuentra inserta la sociedad actual.

En: la trampa, podemos leer:

Hasta que llegado el momento preciso

Comenzaba a transpirar y a tartamudear febrilmente.

Mi lengua parecida a un beefsteak de ternera

Se interponía entre mi ser y mi interlocutora

Como esas cortinas negras que nos separan de los muertos.

 La antipoesía se funda en la teoría de la deconstrucción. Destruir el mundo y la falsa comunicación para reconstruirla. El Tono es oral, coloquial, conversacional, urbano.  Es una contradicción. Un contratexto con la imagen del nuevo poeta. Persigue la desacralización de yo poético. Sus poemas navegan en la diversidad y exceso de Significante al incorporar al texto poético verbal fragmentos y estructuras de otro tipo de discurso no literario: comercial, publicitario, periodístico, litúrgico, administrativo etc. El collage y el pastiche serán técnicas recurrentes. Sus contenidos se liberan del sentimentalismo y del melodramatismo.

Nicanor Parra es un académico, miembro de la Academia de la Lengua de Chile. No es ningún dionisiaco como podría esperarse, aunque el contenido de sus textos sí lo son. Ha sido profesor de Física y Matemáticas. Gracias a sus viajes y a las becas tales como la concedida por la universidad de Brown (1943); Fulbright (1965) y Guggenheim (1972) en los Estados Unidos; Parra conoce de primera mano la poesía norteamericana y bebe en las fuentes de Whitman, Elliot y Pound. También viaja a Londres en 1983 invitado por el British Council para especializarse en dramaturgia y a París en 1989 invitado por el gobierno francés, para perfeccionarse en teatro. Su universo poético y creativo está inspirado en personalidades tales como William Blake, Kafka, García Lorca y hasta en Chaplin. Bajo la marcada influencia de Apollinaire y Marcel Duchamp (los Ready made), ampliará los Significantes de sus poemas confeccionando los poemas-objetos, como es el caso de Artefactos.

En cuanto a la ideología de su sistema poético, el mensaje se puede deducir de manera directa de sus obras publicadas y de sus declaraciones. No tiene compromisos partidistas. Es un humanista a carta cabal y un ecologista.

En su Discurso Mai Mai Peñi al recibir el Juan Rulfo En 1991, expresó:

 “… el error consistió en creer que la tierra era nuestra cuando la verdad  de las cosas es que nosotros somos de la tierra…”. Se  define negativamente, insiste en su incapacidad para comunicarse. Escéptico. Ni izquierdista ni derechista: ecologista. Su poesía es de la desesperanza. Busca destruir la poesía tradicional y trascendente. Publica ecopoemas.

En Gautapique, dice: “Capitalistas y socialistas del mundo, uníos  antes de que sea demasiado tarde”. “La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”.

En Artefactos declara: “Cuándo se entenderá que estos no son pronunciamientos políticos, son parlamentos dramáticos”. El ANTI es negación crítica. ÉL  es subversivo pero no militante.

Nicanor Parra ha publicado una obra extensa y ha recibido una cantidad de premios que reconocen y atestiguan el impacto de su gestión como literato consagrado. También ha sido hombre de teatro y actor de cine. A continuación, algunas de sus obras, entre más de las 26 publicadas, y algunos de los premios recibidos:

Cancionero sin nombre, 1937; Poemas y antipoemas, 1954; Versos de salón, 1962; Manifiesto, 1963; Obra gruesa, 1969; Artefactos, 1972; Chistes para desorientar a la poesía, 1983; Discurso de sobremesa, 2006; Obras completas, 2011. Premio nacional de literatura, 1969; Juan Rulfo, 1991; Reina Sofía, 2001; Premio Altazor de las artes, 2005; Premio cervantes 2011.

Para terminar, me gustaría anotar algo sobre Artefactos visuales. Allí, la antipoesía es otro tipo de poesía. Los artefactos visuales no se publica  en formato de libro sino en tarjetas postales que van dentro de una caja, sin autor y sin orden alguno. Están diseñadas para ser leídas por todo el mundo. Es poesía convertida en objeto físico. Poema objeto parecidos a los objet trouvé de Marcel Duchamp. Trabaja elementos circenses y sarcásticos. Su planteamiento consiste en la superposición de elementos cotidianos existentes (huevos, ataúdes etc.) con slogans lingüísticos y visuales  que constituyen símbolos de la cultura occidental. Su experimentación va más allá del formato libro. Parra tiene una excusa para su nuevo invento: “Como los fenicios, pretendo formarme mi propio alfabeto”. La nueva presentación que reemplaza al libro simboliza una ruptura espiritual, es  una mueca del lenguaje. Al hermetismo de la poesía precedente, se responde con humor y  desparpajo. Sin embargo, no nos confundamos con la cáscara de comicidad que esconden las tarjetas. Sus imágenes son dotadas de contenido ético. Tienen la textura áspera y sólida de los instrumentos hechos para descalabrar.

En Artefactos el ensamble total crea un fragmento que como un dispositivo verbal,  cuando el lector lo descifra,  estalla en su conciencia iluminando múltiples zonas de su nueva realidad ahora de(s) velada. Esa es la suma de su Sistema Antipoético: ayudarnos a develar nuestra realidad.

© 2013, José Diaz. All rights reserved.

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José Diaz

José Diaz

Escritor. Se graduó en Filosofía en la Universidad Santo Tomás de Bogotá y cursó estudios de posgrado  en  Literatura en la Universidad Javeriana de la misma ciudad. Fue profesor de literatura en su país por más de diez años. Ejerce la crítica literaria y escribe reseñas y artículos especializados para revistas y periódicos. Ha publicado en el género de Poesía el libro Los versos del emigrante (Miami, 2007); en genero Ensayo: Literatura para principiantes (Miami 2008); en narrativa es autor de las novelas El último romántico (Miami 2010) y Retrato de un incauto (Sub-Urbano Ediciones, Miami, 2013) En preparación, el libro de relatos: Los ausentes.

Fue editor de la revista Memoria Cultural .

contacto: [email protected] blog: www.arandosobreelagua.com twitter: @lenguajevital.