La Olivetti que ríe

Y entonces le dije a Pedro Medina León, editor de Suburbano: quiero escribir sobre las últimas tendencias, especialmente tecnológicas, en el mundo de la literatura y la edición. Así ha sido. Una parte importante de los artículos publicados en la revista están dedicados a estos temas.

Este no será la excepción. Porque está dedicado al artilugio de mayor tendencia del momento: la Máquina de Escribir.

Sí, la Máquina de Escribir (sí, con mayúsculas) ha vuelto por sus fueros. Por más que se le mire como un producto vintage, está más presente que nunca. Algunos dicen que es tan solo una moda, o como dicen en España, un mero postureo. Sin embargo, en un mundo plagado de pantallas, cables y conexiones, la Máquina de Escribir es un soplo de aire analógico que se agradece.

Para los nativos digitales, sobre todo los más pequeños, la máquina ofrece una experiencia sensorial única: el sonido de los tipos al chocar con el papel, cada letra plasmada al instante bajo la cinta empapada de tinta, la campana que nos anuncia el final de la línea, la fuerza que se debe imprimir para hacer funcionar cada tecla.

En algunos festivales literarios, se dejan sobre un escritorio para que la gente las descubra o son utilizadas en representaciones y se muestran como un artefacto único que permite escribir e imprimir al mismo tiempo. ¡Una locura tecnológica sin igual!

A últimas fechas, en la Librería Malpaso, ubicada en el Carrer de Girona, en Barcelona, se están llevando a cabo duelos de escritores en vivo. Una actividad muy en boga en la ciudad, pero que destaca porque se lleva a cabo con máquinas de escribir. En estos duelos, los errores son evidentes, prácticamente indelebles.

Pero quizá donde este artilugio alcanza su máxima expresión, es un pequeñísimo escritorio, ubicado en la Carrera del Darro, a un costado del Puente Cabrero, en la bella ciudad de Granada. Ahí una joven argentina ofrece poemas al instante: sólo necesita de tu nombre y un poco de información sobre ti. Después sólo se escuchan las teclas bailar. Mientras el agua corre bajo el puente y los centenares de turistas se pasean por la emblemática calle, la máquina de escribir hace su trabajo, plasma letra por letra las palabras y frases de un poema.

Me niego a pensar que es sólo una moda o tan sólo un homenaje al pasado. La máquina de escribir puede convertirse a lo que es el vinilo en la música. Un nuevo reclamo donde se reconoce la calidad de lo mecánico, de lo espontáneo. De eso que no necesita de mayor energía que sólo nuestro ingenio y fuerza. La Máquina de Escribir lleva en sus letras las palabras más técnicas y más poéticas: el equilibrio perfecto.

Tiemblan las pantallas, las impresoras se callan. Abran paso, la Máquina de Escribir ha vuelto y será para quedarse.

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Carlos López-Aguirre

Carlos López-Aguirre

Carlos López-Aguirre es periodista y escritor mexicano. Su trabajo fue elegido para formar parte de la Antología de crónica latinoamericana actual (Alfaguara, 2012). En ficción, aparece en la selección de relatos Sospechosos Habituales – Las vueltas abiertas de América Latina (Demipage, 2017). Sus microrrelatos han ganado concursos en Editorial Tusquets o el periódico español El País. También han sido publicados en El Periódico de Catalunya y la revista El Rapto de Europa. Ha colaborado para periódicos como REFORMA de la Ciudad de México, El Colombiano de Medellín, así como en las revistas Yorokobu de Madrid, Tusitala y Librújula de Barcelona.
Blog: http://expresionescronicas.wordpress.com