La huella del bisonte: Héctor Torres.

Paco Bescós

Ed. Sudaquia, 2012.

bisonte

La editorial Sudaquia reedita La huella del bisonte, una novela del venezolano Héctor Torres (Caracas 1968) que vio la luz en 2008. Héctor Torres es un autor prolífico. Publicó su primer libro de cuentos  con veintiocho años y desde entonces el número de libros firmados por él no cesa de aumentar. El resultado de tanto trabajo se refleja en una prosa madura y fluida, que le permite afrontar retos como La huella del bisonte, un libro difícil de ejecutar por la importancia de la psicología en los personajes y la carga erótica de muchas escenas (algo que puede dejar en evidencia a escritores torpes).

La huella del bisonte abunda en el clásico argumento del amor prohibido entre un adulto, Mario, y Karla, una colegiala de quince años que además es la mejor amiga de su hija. El autor estudia las distintas respuestas del comportamiento de ambos, relatando con solvencia y verosimilitud las fases por las que atraviesa la relación. Una relación siempre a medio consumar, un deseo poderoso frustrado por la anodina fuerza del sentido común, por las malditas leyes del civismo. Porque Mario no goza de la brutal libertad que otorgaría la mente psicopática de un Humbert Humbert, ni Karla de la pueril indolencia de Lolita: Karla y Mario están sujetos a tentación y a culpa, y aquí es donde Torres encuentra espacio para el juego de tensiones internas. De esta manera asistimos a cómo Mario evoluciona de víctima a verdugo y a víctima y luego nuevamente a verdugo y luego nuevamente a víctima. Y a cómo Karla descubre en sí misma un terrorífico poder que, paradójicamente, la convierte en una criatura vulnerable.

“Era un trabajo de Andreas Wilson, el mismo de Los dioses del Norte, quien se refería al trauma que le produjo al hombre descubrira los animales y entender, con ese encuentro, que no tenía sobre su entorno el absoluto dominio que suponía.”

Resulta interesante la red de relaciones que se establecen entre los protagonistas y  los personajes secundarios: Karla y su madre, Mario y su hija, Mario y su ex… Sirven, estos, de apoyo para explicar las motivaciones y para ahondar en la soledad de Mario y en el desbordante florecimiento sexual de Karla.

El buen hacer de Torres se refleja en una prosa madura, muy medida y, sobre todo, sensual. Esto último resulta imprescindible a la hora de acometer un relato en el que la sexualidad y las pulsiones físicas cobran tanto protagonismo. Efectivamente, Torres sale bien parado de la apuesta gracias a fragmentos de gran voluptuosidad. Las escenas eróticas se resuelven con un éxito notable, lo que quiere decir, ni más ni menos, que transmiten lo que tiene que transmitir una escena erótica. Torres gusta de imaginar sin mojigatería y no demuestra ningún reparo a la hora de retratar fantasías recurrentes en los sueños de todo varón, a veces quizá, eso sí, cayendo en estampas demasiado caricaturescas.

“Mientras se iba disfrazando de colegiala, iba retomando algo que lo volvía todo más escandaloso. Una vez vestida, retomó su rol. Su frívola alegría. Se sentó en la cama para ponerse los zapatos cuando, como lo hubiera hecho América quince años atrás, le dijo: Llévanos a ver Moonwalker, que ya la estrenaron.”

Se ayuda también, el autor, de la atmósfera que propone la ciudad de Caracas en los años ochenta Un fresco rico en sabor, generoso a la hora de inspirar metáforas y de apoyar el sentido de la lectura con el colorido, siempre en movimiento, siempre ruidoso y aromático, de los diferentes barrios y habitantes.

“Una cuadra, una calle, una urbanización, una parroquia, una ciudad entera, construida con cientos, miles, millones de razones personales, de ambiciones secretas, de decisiones postergadas, de anhelos acariciados”

Lo venezolano viene a este relato como anillo al dedo, pues resalta, por contraste, la solitaria rutina a la que se ve sometida el personaje principal.

“Llega otra tarde de viernes. Mario se asoma a ella con cierto recelo. Desconfía de la alegría colectiva. Sabe que suele prevalecer por ser la más vulgar , la más visible.”

En resumen, La huella del bisonte es una novela inteligente y de gran riqueza sensorial. Un análisis psicológico certero de dos personajes atrapados en una relación imposible. Y una excusa para retratar una Caracas vitalista y bulliciosa.

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Paco Bescós

Paco Bescós

El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.