La búsqueda de la identidad sexual

Conversación con Ryan Sallans y Diana Torres


Identidades polisémicas. Géneros cambiantes. El cuerpo como arma, como refugio, como principio de mutación. La presencia del ser se modifica cuando la conciencia de ser cambia, y se puede pensar en una nueva ontología. Todo gran esfuerzo deja un vacío, dice Geoffrey Bruun, y si volteamos a ver las dos grandes catástrofes de la primera mitad del siglo XX y el ahínco requerido para evitar la muerte de (por lo menos) gran parte de la especie humana en los siguientes cincuenta años, podemos rastrear el vacío dejado en el mundo y las reapropiaciones del cuerpo como una respuesta. Si la historia del pensamiento se ve como un intento constante por estructurar las ideas, la razón, encontrar el verdadero camino de la metafísica, salirse del cuerpo para caminar por senda segura, desde Sócrates hasta la búsqueda del conocimiento a priori e incluso después, las nuevas identidades sexuales aparecen como un intento por recuperar aquello que habitamos y que también somos: cuerpo. No solo como materia, sino como forma a la que hay que escuchar. En un tiempo en que las seguridades se acaban y las normas se volatilizan, la identidad sexual hace lo propio al reafirmar que la materia determina tanto a la mente como la mente a ella, para intentar dar un sostén al individuo que no sabe si hincarse o saltar.

Hay algo de romántico. Habla el lenguaje del corazón y los deseos reprimidos, y a momentos parece escucharse una sola máxima: el amor. Pero la búsqueda de la identidad sexual y los movimientos LGBTQ (acrónimo en inglés que designa las identidades Lésbico-Gays-Bisexuales-Transgénero-Queer) no buscan una vida más allá de la vida ni un amor más allá del amor. La vida y el amor aquí y ahora. Y no un amor de todos con todos; uno que reconozca las diferencias y las acepte. Ryan Sallans explica bien que la política cambia la forma en que la comunidad LGBTQ se piensa e interactúa como minoría con la sociedad en que se inserta, pero es también esta comunidad la que transforma al todo al abrir la conversación sobre la sexualidad, que nos permite a todos entender mejor nuestros sentimientos y cómo los encerramos con líneas preestablecidas. La interdependencia es constante y necesaria. Mesas de negociación en que unos abrazan y otros gritan, pero algo está pasando.

Entre los que gritan no están solo los que, como en cada época, se oponen al cambio, también los hay del lado de los movimientos LGBTQ. Gritar no como vociferación, vano intento por imponer las propias ideas, sino como un alzar la voz y llevarla al límite para provocar, remover las entrañas de lo que escondemos a diario por seguir las costumbres correctas. Ahí se encuentra Diana Torres, activista española que utiliza el performance, y en ellos la exploración explícita de su sexualidad y la de otros participantes como principal artilugio, una forma de responder a una estructura social opresora de lo diferente que Diana ha denominado pornoterrorismo. Una respuesta que ha incomodado a instituciones gubernamentales por confrontar al espectador con vestigios de la fragilidad que hemos aprendido a dejar en el traspatio, una búsqueda de liberalización de todas las formas de sexualidad reprimidas por los aparatos de empoderamiento comercial.

Ser la identidad sin molde, por descubrimiento, juego inacabado que revela el proceso continuo de recreación humana y que también es deconstruccionista: develar la plenitud donde vemos conflicto, realizar la paz donde creamos tensión.

Conversación con Ryan Sallans

Hombre transgénero, autor de Second Son: Transitioning Toward My Destiny, Love and Life, y tenaz activista estadounidense de los derechos de las personas LGBTQ, Ryan Sallans ha dedicado su vida a viajar por su país para hablar de su experiencia ante jóvenes niños y adultos, convencido de que haciendo pública su experiencia puede ayudar a que otras personas como él se den cuenta de todas las posibilidades que tienen a su alcance y dejen de vivir en la prisión de ellos mismos.

Dado el rechazo que sigue existiendo a la diversidad sexual, esta pregunta, que pudiera parecer cliché, aparece pertinente. ¿Qué significa ser un hombre transgénero en el siglo XXI?

Para mí significa ser capaz de vivir tu vida sin miedo a ser juzgado, discriminado o ser tratado como alguien inferior. También significa tener acceso a los tratamientos médicos que buscas y a recibir dichos tratamientos por parte de médicos profesionales y amigables.

¿Dirías que nuestra sociedad vive un periodo de pensamiento anacrónico? Quiero decir que, a pesar de que se han logrado muchos avances en diferentes aspectos de la vida, nuestra visión conservadora del mundo no ha cambiado en su mayor parte, y entonces tenemos una sociedad muy avanzada en términos tecnológicos, pero no en cuanto a mentalidad.

Parece que hay una brecha en este momento. Por un lado tenemos políticos, celebridades, médicos y compañías que hablan en contra de la transfobia y hacen público su apoyo a las personas transgénero. Por otro lado tenemos exactamente lo opuesto. A pesar de que todavía estamos luchando contra el odio y la incomprensión, creo que definitivamente lo que vemos es un cambio de postura generalizado hacia la aceptación.

Hay muchas personas que todavía aseguran que incluso los niños no aceptan la diversidad (sexualmente hablando), ¿qué has encontrado en tu trabajo con niños? 

Los niños que tienen once años o menos aceptan muy bien la diversidad sexual en general. Conforme pasan a la adolescencia, si son bombardeados con mensajes de odio y viven en entornos sesgados, sus creencias o sentimientos sobre un determinado asunto se pueden ver afectadas. Algunas personas dicen que si les enseñamos a los niños sobre la diversidad en las orientaciones sexuales y la identidad de género vamos a influenciarlos o confundirlos de alguna forma. Decir eso es absurdo. La educación no hace a ninguna persona LGBTQ, simplemente hace conciencia, incrementa el entendimiento, y a las personas LGBTQ las provee de información sobre lo que están sintiendo.

Si pensamos en cualquier identidad como inevitablemente política, ¿cómo es que la identidad de los movimientos LGBTQ está moldeada por la política?

El clima político moldea la mentalidad y la salud física de la comunidad LGBTQ. Los individuos LGBTQ sufren la presión como cualquier otra minoría, que se traduce en condiciones físicas y mentales de inequidad. La presión es causada por el prejuicio, los estigmas y la discriminación que una persona experimenta por ser parte de una minoría en cuanto a su sexualidad y su género. Si la política dicta que las identidades LGBTQ están mal o son pecaminosas, y por tanto deben ser ignoradas o castigadas, eso impacta a las personas LGBTQ y los problemas sociales que estamos intentando combatir.

En el centro de la teoría sociológica está la idea de que solo nos conocemos a nosotros mismos a través del otro. Pensando en los movimientos LGBTQ, ¿cómo están cambiando la manera en que nos entendemos a nosotros mismos y/o ayudándonos a tener una mejor idea de quiénes somos?

Los movimientos LGBTQ están ayudándonos a cambiar nuestra idea de lo que significa ser una persona. Están ayudándonos a cambiar nuestra idea sobre cómo el género dicta nuestra identidad y nuestra vida. Están permitiendo que las personas que no son parte de los movimientos LGBTQ entiendan más sobre sus propios sentimientos y cómo sus sentimientos, ya sea sexuales o en torno al género, no necesariamente encajan en un molde heterosexual, o en un molde de género por completo. En general, los movimientos LGBTQ están abriéndonos como sociedad y abriéndonos a hablar de sexualidad en una forma que aumenta la conciencia sobre nuestro cuerpo e identidad sin sentirse avergonzado o culpable.

El activismo ha sido criticado por no tener un impacto “real” en las instituciones y la forma en que funciona la sociedad. ¿Cuál es el rol que un activista debe jugar en la sociedad? ¿Debe ser un líder, alguien que impulsa ideas que no han sido tomadas en cuenta por la sociedad, o algo más?

Hay diferentes formas de practicar el activismo y diferentes metas para cada persona que lo practica. El activismo tiende a provocar incomodidad en quienes no están familiarizados o educados sobre un tema. Esto es algo bueno, porque para explorar asuntos que no entendemos debemos experimentar sentimientos. El sentimiento más común es incomodidad, lo cual puede llevar a adoptar una actitud defensiva o incitar curiosidad. Algunos activistas son grandes líderes, otros son muy buenos haciendo conciencia sobre un tema, pero en última instancia pueden ser muy dañinos para la causa debido a problemas personales, que pueden ir desde ira exacerbada hasta la opresión a otros grupos marginados que no encajan en el tema que ellos consideran importante. Yo creo que el activismo tiene un impacto desde el momento en que inicia una conversación.

Conversación con Diana Torres

Diana Torres es una de esas personas difíciles de olvidar. Sus performance, una función de fluidos y rabia que muchas veces parecen tornarse en orgía enfrentan al espectador a una dimensión de sí mismo pocas veces explorada abiertamente. Diana es escritora y videoasta pero ante todo, activista. Acuñó el término pornoterrorismo, título de su primer libro, publicado en México por SurPlus Ediciones.

Sé que las definiciones que algunos te han dado de terrorismo, (en especial la del chavillo del País Vasco) te han influido, pero para ti, ¿qué es el terrorismo?

Para mí es lo que dicen esas definiciones: una forma de respuesta ante la imposibilidad de diálogo o negociación. Hacer nuestras las ideas de los demás es aprender.

Ya has hablado en diversas ocasiones sobre el origen del término pornoterrorismo a partir de los eventos del 11 de septiembre de 2001, pero, ¿por qué lo pornográfico te interesa tanto? ¿Qué es para ti lo ‘porno’? Y, ¿de qué manera afecta o complementa lo pornográfico a lo terrorista? Es decir, ¿Qué impacto tiene un acto terrorista que además es pornográfico?

Lo pornográfico me interesa porque veo en el cuerpo y en la sexualidad armas muy poderosas para destruir este sistema de mierda en que vivimos. Lo pornográfico es la forma de representar ese cuerpo y esa sexualidad. Hoy en día cualquier representación pornográfica que no respete las reglas prácticas y estéticas, es terrorista. Terrorista porque incomoda al sistema en que, por ejemplo, las gordas, las peludas, los hombres con micropenes, las personas transexuales, las personas con diversidad funcional y todo el largo etcétera, no tienen una representación en la pornografía comercial. Son cuerpos y prácticas que han sido silenciadas, invisibilizadas y condenadas por las sociedades que habitamos, y ahí está su poder. El sistema no prohíbe o censura nada que no sea peligroso para su estabilidad.

Para mí el terrorismo no tiene siempre que implicar sangre, armas de fuego y muerte. Como dije antes, se trata de una respuesta.

Has dicho que no calificas lo que haces como arte, en especial tus performance, porque se despolitizan y entonces pierden fuerza, ¿no crees entonces que toda obra tiene detrás una ideología y es, por tanto, política? ¿Qué ves en tu obra que te lleva a pensarla como algo más cercano a la ceremonia ritual que a lo artístico?

Sinceramente, no creo que toda obra sea política. Yo considero que el arte es político cuando la persona que lo genera antepone sus intenciones políticas a las económicas o meramente estéticas, y desafortunadamente eso es algo que muy pocos artistas hacen. Las ideologías no tienen por qué ser políticas, cuando hablo de política me refiero a activismo. De hecho el concepto de ‘ideología’ está muy lejos de lo que yo entiendo por política.

Por otro lado, para mí el arte no es un fin, es decir, yo no hago arte para ‘ser’ artista. Para mí es una herramienta o un arma, que uso para tratar de decir lo que quiero decir, es un lenguaje que siempre me ha resultado cómodo y eficaz.

Creo que la performance es la forma más antigua de expresión de subjetividades y de usos mágicos del cuerpo y las energías de la humanidad. Lo que sucede es que por culpa de las religiones absolutistas y monoteístas que ostentan el monopolio de la ritualística, actualmente la gran mayoría de las personas que no profesan ninguna religión, no ejercen jamás su poder metafísico. Es muy triste, pero así es. Cuando digo que mis performance son rituales o actos de brujería lo que estoy proponiendo es rescatar de las hogueras todos aquellos conocimientos que nos fueron robados, todos esos poderes que tenemos. También diría que el origen del arte fue ese: el ritual, la necesidad tan primaria que tenemos los humanos de trascender la realidad, de reconectarnos con nuestra intuición.

Podríamos decir que tu obra convulsiona a todo aquél que la observa; resulta prácticamente imposible pensar el cuerpo de la misma forma en que se hacía antes de ver alguno de tus performance. ¿Qué buscas con estas obras? ¿Con qué te gustaría que saliera el espectador? Cuando llevas a las personas al límite, a un estado de crisis en el que se cuestionan toda su existencia, ¿deseas dejarlos ahí o mostrarles al final una salida, un resquicio de luz sobre el futuro?

Con la performance lo que persigo es una implicación por parte de la gente que viene, que se activen o se pongan en marcha ciertas partes de su pensamiento que creo que les pueden resultar útiles para vivir una vida mejor. Enfrentar a una persona al cuerpo y a la sexualidad es casi siempre, y lamentablemente, ponerla en un límite que no se quiere cruzar porque para eso es para lo que nos ha condicionado el sistema: para no sentir más que lo que se nos dice que es correcto. Pero esa corrección es muy limitante, casi todo lo bueno, empoderante o liberador está prohibido legal o moralmente. Con mi cuerpo quiero mostrar que cruzar ese límite puede ser una experiencia más poderosa que el miedo a no hacer las cosas como se esperaba de nosotros.

No me considero ninguna guía o gurú ni nada por el estilo, no creo tener las capacidades para ello y tampoco deseo ese tipo de rol en mi vida. Me limito a compartir mis herramientas, y luego que cada cual decida si las quiere usar en su vida y se apañe con ellas.

En tu obra es muy importante el cuerpo, es el eje rector. ¿Qué significa para ti el cuerpo? ¿Es algo sagrado, es nuestro instrumento o somos cuerpo?

El cuerpo es el lugar en el que vivo, mi único hogar sin el cual no podría existir y es un lugar con mucho poder. Viviendo en un entorno como esta sociedad, mi cuerpo deviene arma, barricada o refugio muy habitualmente. Así es como lo vivo yo, y creo que sería positivo que empezáramos a entenderlo así también, aunque por supuesto, cada cuerpo es un mundo y yo sólo puedo hablar desde el mío.

Has sido acosada por dependencias de seguridad gubernamentales y saboteada por varias organizaciones y grupos civiles que condenan todo lo que haces, ¿cómo afecta esto tu obra?

Positivamente, desde luego. No hay mejor pista para saber que voy por el buen camino en mis propósitos que tener pruebas fehacientes de que lo que hago molesta a mi enemigo. Cada censura, una medalla (risas).

No crees en la democracia como sistema de organización social, la crítica al sistema y al capitalismo está presente casi en cada uno de tus pasos. ¿Crees que de alguna forma tu obra se ha vuelto dependiente de ese sistema? Es decir, si la mayor parte de tu obra está orientada hacia la crítica o el cambio con respecto al sistema, ¿qué sería de tu obra si ese sistema desapareciera, y aquello por lo que luchas estuviera garantizado? ¿Tu obra ya no tendría futuro? ¿Cuál sería la función de obras como la tuya en esas circunstancias?

Ojalá algún día, sinceramente, mi trabajo no sea necesario y pueda dedicarme a la carpintería, que me gusta mucho también. Desgraciadamente muchas cosas tendrían que cambiar para que yo me sintiera cómoda y feliz viviendo en un mundo como el nuestro. De esa incomodidad, del instinto de supervivencia y de la rabia, es de donde nace todo lo que hago. Por otro lado, no me preocupa el futuro de mis propuestas, sólo su presente, si algún día se quedan obsoletas, seguro encontraré otras cosas que hacer.

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Carlos A. Noyola

Carlos A. Noyola

Carlos Noyola nació en la Ciudad de México. Sus poemas han aparecido en revistas como Crítica, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (México), Matapalo, de Ecuador, Enclave, de la City University of New York, y Otro Páramo, de Colombia. A veces colabora con medios como El telégrafo y Mundiario. Escribió Costumbres correctas (Texere, 2014), y es consejero editorial de la revista Opción, del Instituto Tecnológico Autónomo de México.
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