Juegos Florales: Sergio Pitol

Ainara Mantellini
México, 1982
Editorial Anagrama
172p
Sergio Pitol, escritor, ensayista, traductor y diplomático, nació en México el 18 de marzo de 1933 en una familia de ascendencia italiana. Huérfano a la edad de cuatro años y enfermo de malaria, su contacto principal con el mundo exterior lo debe a los libros que su abuela le daba a leer: Julio Verne, Charles Dickens, Robert Louis Stevenson y Mark Twain, figuran entre sus primeras lecturas. Más tarde, se afianzaría su quehacer literario gracias a estudios que cursa en la Facultad de Filosofía y Letras, y a su trabajo como traductor y corrector de estilo en diferentes publicaciones. Su desempeño como diplomático lo lleva a recorrer diversos países, sobre todo de Europa.
En Juegos Florales asistimos al relato de muchos relatos que se yuxtaponen para contar un solo relato: la historia del personaje Billie Upward y su influencia en el resto de los personajes de la novela. Esta idea de los muchos relatos sucede porque el narrador y protagonista es, él mismo, un escritor frustrado: a causa de Billie no pudo nunca hacerse escritor.

“Todo parecía señalarle que a él le estaba reservado narrar la historia de la inglesa. Pero, como si se tratara de una venganza de la ausente, al intentar establecer el trazo de la novela fue mellando sus armas, perdiendo seguridad en su estilo, enmoheciéndolo, percudiéndolo, al grado de que nunca pudo encontrar la forma satisfactoria para contar esa historia que no solo no terminó sino que le impidió volver a escribir el cuento más simple.” (p. 25)

No es capaz de decidirse sobre el ángulo para contar el gran relato que quería contar, y cuando creemos que por fin nos está llevando de la mano por un relato, se detiene y vuelve a comenzar usando otro punto de narración. Vuelve sin avisar al tiempo presente desde el que cuenta los hechos de su juventud o su infancia, y se pasea entre los personajes con los que dialoga de una forma enrevesada en la que a menudo se hace dificultoso incluso darse cuenta de quién lleva la voz narrativa. En realidad, ni siquiera logramos nunca identificar a tal narrador y protagonista con un nombre propio que lo separe fácilmente del resto. ¿Acaso porque este escritor frustrado es todos los escritores frustrados de la historia a un solo tiempo?
Pero leemos los relatos y nos hacemos espectadores de estos Juegos Florales, que en lugar de tratarse de un duelo de poetas, es más bien un duelo de narradores.
Billie es esa insoportable inglesa que funge un papel editorial en Cuadernos de Orión y que echa por tierra los relatos de sus compañeros y la mayor parte de los que llegan a la puerta de Cuadernos de Orión para ser considerados en la publicación. Sus argumentos editoriales son válidos, pero el protagonista describe de tal manera su ferocidad que nos construye un personaje antipático y obcecado. Sin embargo, la propia Billie también incursionaba en el arte de la narrativa, y su relato Closeness and Fugue, acerca del sueño-delirio de una chica en viaje de promoción escolar a Venecia, es quizás el relato mejor armado de la historia: completo, redondo y con un manejo muy interesante de las descripciones y la intriga. Quizás Billie siempre tuvo razón: Raúl y el protagonista no tienen madera de narradores.
El continuo “empezar y dejar”, el movimiento de avance y retroceso de la narración, conforma un esqueleto no lineal, más similar a un rompecabezas de historias breves que, de lograr armarlas en orden, lograrían mostrar el perfil de los personajes principales: Raúl y Billie, sobre todo, como la pareja que protagoniza un amor que empieza mal y termina peor con la muerte del hijo de ambos y la desaparición de Billie con una bruja en Jalapa. Pero ese movimiento de ir y venir también remite al que se experimenta al viajar. Una transformación ocurre siempre que nos trasladamos de un lugar a otro; transformaciones físicas y psicológicas, movimientos hacia adelante y hacia los lados; y hacia atrás mediante el trabajo de la memoria.  Al viajar se dispara un viaje íntimo: uno que vivimos en silencio por dentro del entendimiento y que nos pone a solas con nuestro ser, lo que fue y lo que podemos ser.
La historia de Billie Upward que el narrador protagonista quiere contar se sucede en dos planos de tiempo: el del protagonista, en el presente, en un viaje de placer que le lleva a la Roma donde todo empezó y que empieza a contar los sucesos del pasado. Y el de los sucesos de Cuadernos de Orión que se construyen en una línea de tiempo que se mueve progresivamente (hacia adelante) hasta la desaparición de Billie.
Es así como el protagonista, que cuando emprende su viaje a Italia por primera vez piensa que lo hace para morir allá, no solo no muere sino que en Roma empieza a vivir. Mientras que Billie, llena de energía, va a Jalapa detrás de Raúl y allí se convierte en una mujer completamente ajena a la Billie autoritaria, hasta que desparece (o muere). Y esto es motivo también de reflexión para le protagonista, que no habiendo podido hacerse escritor famoso, guarda rencor por el destino fantástico de Raúl y Billie: “¡Oh Billie aborrecida, mil veces preferible tu destino y el de Raúl y el de Madame al mío!” (p. 34)
En Juegos Florales somos lectores de escritores frustrados.
Para cerrar, una nota de Vila-Matas acerca de Pitol:
Y a quien ahora se pregunte por su estilo, le diré que consiste en huir de esas personas tan terribles que están llenas de certezas. Su estilo es contarlo todo, pero no resolver el misterio. Su estilo es distorsionar lo que mira. Su estilo consiste en viajar y perder países y en ellos perder siempre uno o dos anteojos, perderlos todos, perder los anteojos y perder los países y los días lluviosos, perderlo todo: no tener nada y ser mexicano y al mismo tiempo ser extranjero siempre.

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.