“Imagine” o cómo reconquistar el mundo estando enamorado

John Lennon renegaba de los Beatles desde mucho antes de que la banda se separe.  Y luego fue feliz.   Muy enamorado de Yoko Ono, la admiraba porque lo introdujo al arte conceptual y los postulados de Fluxus. Yoko además cubrió la imborrable ausencia materna en el músico. En 1970, colgado de la heroína, Lennon dejó huella de su renacimiento existencial en su primer álbum solista, Plastic Ono Band, una obra maestra a la que hay que escuchar con paciencia por ser de lenta maduración. En POB Lennon plasma también su catarsis en el desgarrador coro de Mother (Mama don´t go / Daddy come home), evidenciando de modo explícito el impacto que tuvo en él desde niño una madre que lo rechazó y un padre que lo abandonó. POB es un disco que emociona y desubica. Hermoso en su dolor y en su celebración.

Pero para los estándares de los Beatles, POB fue un álbum que vendió poco.  El ego comercial de Lennon estaba golpeado y por ello decidió que en su siguiente disco se alejaría de la experimentación para grabar uno que lo devuelva a la cima. El método no consistiría en regresar a la fórmula pop que lo hizo famoso en los 60s.  Ya no era un jovenzuelo de 21 años que brincaba con tontas canciones de amor adolescente.   Ya había pasado por un divorcio, se convirtió en millonario, había consumido drogas, escuchaba música concreta, lidiaba con abogados mientras desmantelaba su famosa banda, conocía activistas políticos y sobretodo se había vuelto a enamorar. Eso lo canalizaría ya no en canciones traumáticas y difíciles como las del POB, sino en cortes positivos y lúdicos. Entonces a inicios de 1971 se sienta al piano, toma prestada las imágenes que Yoko creó para su poema Cloud Peace de 1963 (Imagine the clouds dripping / Dig a hole in your garden to / put them in) y compone el himno con el que invita a todos a vivir en un mundo sin países, religiones ni codicia.  La melodía es simple, encantadora  y pegajosa. Había nacido Imagine, la canción con la que arrancaría el nuevo álbum y que se prestaría luego también para darle el título.

Lennon era inseguro en sus relaciones personales y fue Yoko quien le puso el pare.  Por ello el músico compuso una dulce balada donde le pide perdón a su mujer por sus ataques de celos, cantada con una voz errática que acentúa su sentimiento de culpa.   Lo que pudo ser un corte patético terminó generando identificación con los oyentes y proximidad con el paranoico arrepentido.   Había creado  “Jealous Guy” y con ello otro hit.  Como el amor se le desbordaba, compone también “Oh my love”, con versos que en otro contexto hubiesen sido solo cursis y baratos (Oh my love for the first time in my life my eyes are wide open (…) my eyes can see).   Luego continúa el tributo a su musa  en “Oh Yoko!”, una divertida pieza de folk-rock  acelerado (25 años después así sonaría la banda escocesa Belle & Sebastian) donde le recuerda que se muere por ella.  Con eso además cierra el álbum producido por Phil Spector.

Hasta hace poco yo pensé que Imagine era un álbum edulcorado y meloso.  Hace unos días lo escuché nuevamente después de 15 años y me doy cuenta que me equivoqué.  El disco tiene cortes que muestran además un Lennon ácido y punzante.  En How do you sleep le dice a McCartney “the only thing you done was Yesterday” y también “the sound you make is musak to my ears”, entre otras provocaciones.   En Crippled inside, con la banda haciendo un  honky-tonk a lo The Band, se despacha con “you can wear a collar / and a tie / one thing you can´t hide / is when you are crippled inside”; mientras que en Gimme Some Truth se queja de que ha visto ya suficientes escenas de “schizophrenic-ego-centric-paranoic-prima-donnas”.  Tiempo después Lennon sostuvo que todas esas frases eran autocríticas, pero todavía queda la duda de si al decir eso solo trataba de reparar el daño causado a la relación con Paul.

I don´t  wanna be a soldier mamma es la joya escondida del álbum. Ahí Lennon despotrica de los abogados, los militares, los ricos, los mendigos y otros anti-alter-egos.  Lo hace sobre una hipnotizante mezcla de funk y kraut-rock cuya base rítmica parece tocada por una banda africana en un bar de Nigeria en el siglo XXIII.   Esto inspiraría dos décadas después al sonido hecho en Manchester por bandas como los Stone Roses, Charlatans UK y hasta Oasis.   Me encantaría bailar esta canción con cinco wiskis encima en una discoteca con poca luz. Entonces me acordaré que Imagine es después de todo un gran disco.

© 2016, Mario Reggiardo. All rights reserved.

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Mario Reggiardo

Mario Reggiardo

Productor electrónico.   Crítico musical.   Profesor universitario.  Fundador de una revista de literatura.  También ha sido director de contenido de una revista de derecho, director de la Oficina de Asuntos Internos del Ministerio del Interior peruano, investigador en Albania, árbitro y socio de un estudio de abogados.  Le encanta el fútbol pero lo juega mal.  Es un asiduo viajero.   Todavía compra discos compactos, aunque está regresando al vinilo de a pocos.  Actualmente maneja el sello discográfico A Tutiplen Records y asume el reto de la paternidad.