II.

Y sí, cada respiro
es un tropiezo
solo existe una vida
y afuera las calles se llenan de errores
de autos
y hace frío
y todos corren a la cueva que alcanzaron
a construir, orgullosos, vanidosos del
ornato en cuevas ajenas.

Esto no debería ser así,
esta sonrisa no debe ser falsa
es la sonrisa del error feliz
del error que soy.

No me busques,
no me lleves a los puentes ni
a las tiendas
no seré jamás el rol previsor
de instituciones en ruinas.
No, no seré.
No lo soy,
esta efigie ensamblada
con barro
esta miseria del amor apresurado.
Pasando,
y el asfalto se llena de esperanza
y la tierra, el lodo, las paredes,
humedecen las ideas.

Voy a salir a buscarte en una ciudad
donde no vives.
Donde los edificios y las casas
no saben de tu nombre
voy a salir, voy a ir
a patear las gotas de la lluvia que no llega
voy a leer las letras en los libros
invisibles, que borraste.
y así
no moriré,
nunca, mi venganza firmada en la arena
mi venganza al latido inesperado
que tuve desde las albricias a mi madre.
El dolor en el pecho, el humo en los pulmones
la venganza.
así el error se prolonga
en las carreteras a la soledad
como un beso falso que no me has dado
infarto constante y necesario
como la vida, ajena, terrible
de los aciertos que llevan tu nombre.

D.C.

© 2012, Elías David. All rights reserved.

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Elías David

Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.