Hangover de Año Nuevo en Hammocks Boulevard

hangover1Vísperas del año nuevo, sábado 31 de diciembre de 2 011, 10:37 pm. en Miami: Estaba lavando mis cubiertos desechables  marca Publix,  con el fondo musical de un extraño remix de Manu Chao, cuando me llamó Giselle, mi amiga toxicómana,  invitándome a una “noche loca, de amor, sexo y marihuana” (sic). No podía creer que faltando menos de hora y media para el fin de año Giselle estuviera lo bastante sobria como para marcar mi número telefónico en su viejo  Motorola de números borrosos. Dudé en contestarle, pero me pareció una salida oportuna a la maldita depresión que me envolvía en una fecha en la que el común de la gente está feliz, jaraneándose de lo lindo en fiestas y discotecas, mientras que a este pobre ilegal le esperaba una mesa coja y solitaria con un sándwich  de pavo recalentado, un cuarto de  tinto Navarro Correa, medio panettone peruano de la última Navidad, dos latas de Coca-Cola Zero y una escuálida cajetilla de cigarrillos More mentolados. No sé qué cosas le habría contado su hija Susabelle, mi joven y exuberante compañera de trabajo, pero, fuera de bromas, yo en el amor soy un idiota, el sexo casi ni lo practico por razones estrictamente financieras y mi único contacto con las drogas fue medio troncho de hierba que me fumé a los catorce años en la fiesta de pre-promoción de mi colegio y que me supo a caca. Aún así, saber que al día siguiente, el día de los judíos (primero di’nero) sería mi cumpleaños y que la situación se vislumbraba aún más oscura, decidí hacerle caso a mi curiosidad y arriesgar…

Expliqué rápidamente a Giselle mi situación logística mientras metía mis vituallas dentro de una bolsa de Victoria Secret, olvidada por una cariñosa amiga la noche que se quedó a colaborar con la causa… Subí a mi viejo Volvo y partí con rumbo a Hammocks Boulevard para su casa. Subí por la escalera hasta su departamento en el cuarto piso. La encontré rubia y hermosa, como siempre y  stone, como siempre también, con rock a todo volumen, dos tamales mexicanos color mano ortopédica, medio pavo destrozado, una fuente de ensalada indescifrable y un re huevo de botellas de champán de marca deleznable que había tomado “de recuerdo” del último matrimonio latino en el que fungió de bartender.

Luego de saludos  cariñosos  y dos botellas de “champagne” tomadas a pico, mi querida Barbie Pastrula sacó dos cigarros tipo habano rellenos con marihuana y los prendió entregándome el más pequeño, que para mí era gigante. Notando mi torpeza, se afanó en darme una clase relámpago de cómo fumar un troncho, realizando a la vez un refrescante strip tease, como aprovechando el conocido You can leave your hat on  que empezaba a sonar en el toca-Ipod  Bose. Me parecía increíble cómo esta sexy franco-americana de cuatro décadas podía haber conservado su bello cuerpo de nereida, con piernas alucinantes de Jessica Rabbit y senos de mascarón de proa, a pesar de su exagerada vida de Yonkie. Muy pronto las cosas empezaron a cambiar de forma y de tamaño, como en una clase tridimensional de Geometría Descriptiva y el Himno a la Alegría de “Ludwingvan” comenzó a quedarme corto… Empecé a carcajearme en plena conversación con uno de los hermosos glúteos de Giselle, ¡eran muy cómicos los cachetones!… A Giselle se le dio por que era Jeanne d’Arc  en pelotas y me atacaba con un cucharón mientas sostenía una olla sobre su cabeza a modo de yelmo… Ma che notte pa’ piu felice! ¡Con razón se drogan tantos anormales!

Francamente no logro recordar las cosas que hice luego de perder completamente la estabilidad espacial y emocional a causa del “huiro” y del champagne wanna be, pero amanecí desnudo, chino y muy feliz en medio de una cama king size con olor a procesión, con Giselle en portaligas roncando a mi lado izquierdo y Susabelle -llegada quien sabe de dónde- desnuda y vomitada a mi derecha. El ser fan de las series  de TV Dexter y CSI Miami, me permitió deducir que por la trayectoria del vómito -que le chorreaba desde la cabeza y le cruzaba los pechos-, y el sabor  a bilis azucarada que sentía en mi boca, el único posible culpable del estropicio era el cumpleañero, así que lleno de vergüenza tomé a Susabelle en mis brazos y la llevé a la ducha, abrí el agua tibia y me dispuse a bañarla notando que sonreía de oreja a oreja mientras yo le jabonaba el esternón y ella me retribuía la gentileza con un súper chorro de orina caliente, justo “ahí”… Luego de algunos pequeños golpes en el marco de la puerta con los tobillos y la cabeza de Susabelle, logré sacarla del baño y colocarla en el piso – junto a su madre, que acababa de aterrizar­- aprovechando para cambiar la ropa de cama y para acostarlas de nuevo entre murmullos inentendibles, arroparlas con cariño, vestirme a la velocidad Clark Kent y salir aún grogui con destino a mi casa, sin poder hallar mi celular, mis Ray-Ban de oferta y una de mis medias Hanes…en fin.

Eran más de las dos de la tarde del nuevo año y yo llegaba a la cochera de mi condominio rezando para que no haya nadie en el camino y así poder ir derecho a mi sobre a seguir durmiendo la mona hasta que se me pase el efecto de toda sustancia extraña consumida en la madrugada. Lamentablemente me encontré en la puerta de mi casa a un grupo de vecinos, amigas, curiosos varios, dos policías, un chihuahueño latoso y un cerrajero intentando abrir mi puerta.

Me acerqué extrañado, pensando que serían los efectos de la marihuana, pero -al verme- tres de mis amigas corrieron hacia mí, me abrazaron como si fuera millonario y una de ellas me dio una cachetada con su mano de voleibolista coreana que casi me deja mirando para atrás como la Ciguapa. Todo el mundo me hablaba cosas que no entendía y nadie me saludaba por mi cumpleaños. Uno de los policías tomó su celular y marcó mi número telefónico, poniendo el aparato en mi oreja. En medio del zumbido que me dejó el sófero cachetadón, pude escuchar un mensaje que al parecer grabé en la contestadora automática de mi móvil la noche anterior -en pleno “vuelo”- y que remataba con unas notas del tango Cambalache:

“FELIZ AÑO NUEVO 2012, SI NO LE DEVUELVO LA LLAMADA QUIZAS SEA PORQUE ESTOY FESTEJANDO MI CUMPLEAÑOS FUERA DE ESTE COCHINO PLANETA DE MIEEEERDA. RUEGO ENCARECIDAMENTE NO INSISTIR, SALVO QUE SEA CON UNA GÜIJA. MUCHAS GRACIAS POR SU AMABILIDAD Y ARRIVEDERCI… ¡Dale nomás, dale que va! Que ahí donde “Luci” nos vamos a encontrar…”

Ginonzski.

http://books-marketplace.com/ficcion/cuento/cronicas-ilegales-es.html

© 2012 – 2013, Ginonzski. All rights reserved.

Compartir
Artículo anterior2012 será una mierda.
Artículo siguienteII.
Ginonzski

Ginonzski

Gino Winter (a) "Ginonzski": Nació en los Barrios Altos, Lima-Perú, de padre suizo-anglosajón y madre ítalo-peruana. Estudió Ingeniería Industrial en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue comando-paracaidista de la Fuerza Aérea, gerente de negocios y de riesgos en un gran grupo financiero y finalmente trabajador ilegal en varias ciudades de USA. Desde hace algunos años funge como escribidor. Crónicas Ilegales es una columna de humor negro que cuenta las experiencias tragicómicas de un inmigrante ilegal en su lucha por sobrevivir en diferentes ciudades norteamericanas, especialmente en Miami.
Loading Facebook Comments ...
Loading Disqus Comments ...