Fuera de lugar, de Pablo Brescia: objetos raros, cosas extrañas y dedos pintados de negro…

Karla Sandomingo

Borrador editores

Lima, Perú (2012)

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQué le puedo decir, yo soy de una época en que nos cuidábamos bien, nos vestíamos a la moda, había que mostrarse de alguna manera, de lo contrario una no podía conseguir lo que quería, ¿y qué vamos a querer?, lo de siempre, a alguien que nos haga caso, que nos mire, que nos aguante también, para qué andar con rodeos, alguien con quien compartir el resto de la vida porque la vida es siempre eso, ¿no?, un resto, una sobra, en fin, (…).

Para leer este relato el lector debe dejar de abrir los ojos cada vez más y más conforme pasan las líneas; debe abandonarse a este narrador en primera persona que más parece un agujero negro que absorbe a quien está fuera del papel.  Eso sucede con casi todos los cuentos de Pablo Brescia. Nos obligan a mirar desde otro lugar. Fuera. Mirar de lado la realidad, “con el rabillo del ojo”, decía Raymond Carver que decía V.S. Pritchet del cuento como definición del género. El rabillo del ojo de Brescia es singular, con canales profundos y pestañas parecidas a patas peludas de arañas innombrables. Si ya de por sí se menciona la peculiaridad del cuento como una forma de ver la realidad de manera distinta al resto y eso vuelve un cuento memorable, en la narrativa de este autor hay una cosa fuera de lugar pero que está en su lugar precisamente por eso.

El hilo de saliva se deslizó por la bañadera. Marina le pasó el trapo y en su cara apareció un gesto de satisfacción. El inicio del cuento “Realismo sucio” lleva a uno al ámbito de las cejas fruncidas. O también vemos este otro inicio, el de “La belleza sobre mis rodillas”: He descendido a los infiernos. Paso a explicar: ¿Cómo habla uno de descender hasta los infiernos y “pasa a explicar”? La frialdad extraña de estos personajes más bien tristes, asumidos y flotantes, le da a sus cuentos una categoría de enajenación, de cuento aislado que vive solo, a pesar de los lectores y sus preguntas que no alcanzan a aclararse. Brescia habla de alguien en un aeropuerto, por ejemplo, y hay algo simple que se mezcla con algo terrible, una historia oculta que siempre, por ser oculta, acaba por atrapar al lector con frases enigmáticas como “ella ocupó una sombra” y sucesos que se van desvelando como una cebolla infinita con sus capas transparentes que siguen y siguen dejando algo debajo, o párrafos que atrapan sin remedio como éste: La imagen estática, era un pedazo de vida, no, era un pedazo de muerte, algo que no volvería, algo negro, como una especie de agujero de aire formado en el costado derecho de su estómago para corporizar la ausencia. La fluidez gélida del narrador es anuncio de cosas terribles y la costumbre de esa cotidianidad del horror es silencio y es indiferencia, y el lector acaba presenciando los sucesos de cada cuento como algo normal. El relato “Objetos raros” tiene un astrolabio, un empujón bastante fuera de la zona de la lógica, y una clepsidra. Pero los dos objetos verdaderos de un destino oscuro e impenetrable son los dos personajes que van develando capa tras capa una realidad normal en parámetros normales de otro universo no tan normal.  tiene que ser a un poco cuando Julio Cortr..ntender por quen el costado derech de su est.tan seguro. Me molesta un poco cuandoí tiene

Este libro lanza respuestas a una línea de tiempo ajena a la línea de tiempo del ser humano. Lanza respuestas a la nada. Este libro está Fuera de lugar. Como con los cuentos de Carver, los de Brescia causan desazón e inquietud. Entre las muchas referencias literarias, los personajes leídos y la narrativa que rompe con la estructura convencional, estos cuentos se sienten rotos y completos a la vez. Son abruptos como témpanos de hielo suspendidos en un fuego interno que nadie ve pero sabe que está.

Alguna vez leí una frase de David Foster Wallace que me taladró la cabeza: los que vivimos aquí, en Estados Unidos, decía Wallace el suicida, vivimos con un agujero en el estómago. No es una carencia psicológica ni un malestar físico, es, simplemente, un vacío. Un hueco lleno de nada que duele.

Tenía que empezar por ese principio, aunque no sea esa la historia que voy a contar. Lo que quiero es compartir mi encuentro con el fantasma de Wallace.

Los fantasmas son ausencias presentes en la memoria colectiva. Los fantasmas son sábanas de memorias incrustadas en nuestras pestañas. Los fantasmas son reales, porque no se van. Los fantasmas son huecos llenos de nada que duelen. 

El autor hace homenaje de sus autores, de libros, de frases indelebles y muestra su naturaleza de lector que no puede dejar de lado esas lecturas para ser narrador. Brescia quiere someternos a la caída en el vacío: Doscientas cincuenta lápidas por zona, más o menos, multiplicadas por cinco daba un resultado de mil doscientos cincuenta muertos (…). A él le correspondía lo que llamaban zona sur (…) Y entonces el lector, atrapado ya no en la fosa sino en el agujero negro que es este libro, sigue y sigue sin parar, sin aliento y sin asidero.

Al final, sabiendo que este libro inició siendo una incomodidad desde el primer cuento, el lector se enfrenta a la temida ridiculez de avanzar una página más “porque estoy segura que no pudo terminar así”; es ese sentimiento de estar ante un fragmento tipo fractal que uno no puede dejar de ver, como un caleidoscopio sencillo con miles de colores que no gritan pero se mueven y se repiten infinitamente aun sin nosotros, personas, lectores o escritores; ese lenguaje llano que logra sucesos enigmáticos y desconcertantes; esa ridiculez que luego se convierte en vicio. Eso sucede en casi todos los cuentos de este libro: lo obligan a uno a mirar desde otro lugar.

 

 

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Karla Sandomingo

Karla Sandomingo

Karla Sandomingo (Guadalajara, 1970). Es Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola en 2009. Fue subdirectora editorial de la revista cultural Tragaluz; columnista del diario Milenio Jalisco; productora, guionista, conductora y columnista de Radio Universidad de Guadalajara, y funcionaria del Fondo de Cultura Económica; becaria del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, y del Gobierno del Estado de Jalisco. Actualmente es catedrática del Centro de Medios Audiovisuales, y funcionaria del Congreso del Estado de Jalisco. Tiene más de diez libros publicados de poesía y uno de cuento.