Fresa y Chocolate: melodrama, revolución y conductas impropias

Alfredo Pastor

El pasado mes de febrero, el escritor y periodista cubano exiliado Carlos Alberto Montaner denunciaba en las II Jornadas sobre Derechos Humanos y Homosexualidad en Cuba, celebradas en Madrid, la persecución contra la homosexualidad que todavía se practica en la Isla, a pesar de la política de educación sexual que está llevando a cabo Mariela Castro, directora del CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual) e hija del actual mandatario cubano.
Los regímenes totalitarios occidentales del pasado siglo se caracterizaron por perseguir cruelmente la homosexualidad. Durante el nazismo, muchos homosexuales fueron deportados y condenados a muerte en los campos de concentración. Para Stalin, la homosexualidad constituía un vicio burgués y una perversión fascista. La cárcel o los trabajos forzados eran la mejor solución a la patología. En España, finalizada la guerra civil, se practicó una dura represión policial contra el colectivo homosexual mediante la aplicación de la Ley de Vagos y Maleantes. Durante la década de los sesenta se construyeron en Cuba campos de trabajos forzados para reeducar y reorientar sexualmente a los que mostraban “conductas impropias o extravagantes” a través de la reclusión y el trabajo. Años más tarde, durante el éxodo del Mariel en 1980, muchos homosexuales fueron forzados a salir de la Isla, entre ellos el escritor Reynaldo Arenas, quien sufrió la represión del régimen castrista por su “desviación ideológica”, siendo condenado a compartir prisión junto a violadores y asesinos. Esperemos que Mariela Castro haya profundizado lo suficiente en materia de género para dejar de considerar este tipo de castigos como “la simple humillación que Arenas describía”.

Fresa y Chocolate (1993) es una buena película para entender el conflicto entre revolución y marxismo en el contexto sociopolítico de los ochenta. Dirigida por Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, y basada en el cuento del escritor cubano Senel Pazo El Lobo, el bosque y el hombre nuevo (1990), está considerada como uno de los mayores exponentes del Nuevo Cine Latinoamericano, el cual rechaza el estilo hollywoodense para funcionar como herramienta cultural destinada al cambio político y social. En este caso, además, era necesario mantener cierto equilibrio entre lenguaje, acción y trama para que el contenido crítico no molestara mucho al régimen, lo cual no supuso un obstáculo para ser nominada al Oscar a la mejor cinta extranjera.

La película refleja una realidad social en un país que tiene que redefinir sus valores morales en medio de la nueva situación de crisis económica global de los ochenta: el debate sobre la aceptación de la homosexualidad, y el conflicto entre el discurso homófobomarxista y la capacidad de tolerancia del ser humano como vía natural para el entendimiento y cambio social. David (Vladimir Cruz), es el modelo ideal de estudiante: brillante, revolucionario, aunque homófobo, lo cual constituye un gran problema a la hora de conocer en profundidad a Diego (Jorge Perugorría), artista escéptico y homosexual. Éste intenta seducir a David con un ejemplar de Conversaciones en la catedral, de Vargas Llosa, o invitándolo a un “almuerzo lezamiano” donde se reproduce la comida que aparece en uno de los capítulos de Paradiso. Lezama Lima, como Martí, son dos símbolos de la unión de todos los cubanos con independencia de su ideología política. Ambos terminan manteniendo una relación de respeto y tolerancia a medida que el camino para el entendimiento mutuo se va pavimentando gracias a  las contínuas referencias culturales que David va encontrando en la casa de Diego, como Constandinos Cavafis, Lorca, Alejandro Magno u Oscar Wilde. Todos los personajes tienen en común, además de su talento, la orientación homosexual.

La simbología de los tópicos culturales en la percepción de las relaciones homosexuales es el recurso utilizado para desarrollar el tema del conflicto de identidad sexual; el helado de chocolate representa la virilidad y el de fresa, la feminidad. La referencia intertextual a la obra teatral de Ibsen es utilizada para el ejercicio de la crítica moderada hacia un sistema político cerrado y caduco. De hecho, el pretexto de Diego para llevar a David a su casa es el de enseñarle las fotos de cuando éste actuó en la obra del dramaturgo noruego, La casa de las muñecas. Nora, la protagonista de la obra, abandona su hogar y su familia para conseguir la plena libertad, transgrediendo de esta forma toda una escala de valores en las que se sustenta la sociedad patriarcal tradicional, lo cual es un anticipo del final de la trama: el exilio de Diego, impulsado por la presión de una revolución que sigue excluyendo a los homosexuales.

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Alfredo Pastor Parejo

Alfredo Pastor Parejo

“Tuve que subirme a un avión y recorrer 4675 millas para convencerme de que tenía que hacer de una vez lo que realmente me gustaba. La vida no tiene por qué ser larga y dura; tenemos que intentar lo imposible para que nos resulte corta y hermosa. Así que un buen día, hace algunos años, decidí desertar de un cubículo para comenzar una nueva aventura profesional, la cual me permite ahora formar parte de un proyecto cultural interesante y necesario para el sur de la Florida.”

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1 Comentario

  1. Lo triste de la "supuesta" educación sexual" y de la tolerancia que trata de inculcar Mariela, es que la sociedad cubana en la actualidad, sin lugar a dudas, tolera abiertamente a los homosexuales . Estos tienen la libertad político-social que les permite hasta trascienden el desfigurarse, cambiar su fisionomía y su identidad para convertirse en travesti, transexuales y todo lo demás. No obstante, esa libertad es escaza para el género opuesto, las mujeres cubanas siguen siendo perseguidas por le gobierno, categorizándolas como prostitutas o jineteras, casi igual que la novia de David en la película que comenta. Si pasea por el malecón habanero o diferentes parques de la ciudad va a observar que el público y la juventud que se conglomera en dichos sitios son homosexuales, las mujeres siguen siendo agobiadas y sonsacadas por la policía y los diferentes oficiales; continúan exigiéndoles identificación (carnet de identidad) por donde quiera que paseen o con quienquiera que conversen. ?Entonces cuando Alea y Tabío, o cualquier otro director y cineasta cubano, sin dejar de destacar Lucia o Alicia en el pueblo maravillas, nos brindarán un cortometraje aunque sea que pueda o trate tan siquiera de representar la verdadera agonía en que viven las mujeres cubanas?

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