Ficciones

Un simple paseo por Palermo o San Telmo era ya toda una aventura con muchos boletos para convertirse en un final no feliz, siniestro. Una historia sin historia, cuyo trágico final nadie contaría, porque lo que desaparece ni siquiera deja el reguero de sangre necesario para que alguien lo llore o denuncie.
Decidí huir a Uruguay. Sobrevivir para contarla, parafraseando al amigo Gabo, del que entonces nadie se atrevía a hacer gala de sus lecturas. Como también quemamos los discos de Silvio Rodríguez, Victor Jara e incluso John Lennon, muy comprometido, demasiado, con las causas justas, desde su exilio voluntario a Nueva York. 
Él también sufría la paranoia, una paranoia tan fundamentada como la nuestra, aunque nadie decía nada ni se sabía a ciencia cierta qué pasaba. Solo sabíamos que nuestros amigos ya no estaban con nosotros, iban cayendo, y todos tenían nuestros gustos, nuestras ideas, parecidas lecturas. 
Incluso leíamos a Borges y sus ficciones. El Proceso de Reorganización Familiar, pelotudo eufemismo, entró en las casas, rompió las puertas, empujó las estanterías llenas de veneno “subversivo”, apalearon a las mujeres y se llevaron a los hombres. Los subieron a aviones, todavía en la madrugada, y los arrojaron al mar, en el silencio húmedo de la noche. Apenas gritaron cuando cayeron sobre el Atlántico, en una pesadilla de la que el mejor despertar era la muerte. Otros se “quedaron”, no aguantaron las torturas, las pinzas en los testículos, el hierro incandescente sobre la espalda, que dejaba la piel como viejas paredes desconchadas. 
En mi casa de Montevideo vivi todo aquello como grandes ficciones, demasiado reales para ser ciertas, como seguramente debió pensar ese viejito ciego llamado Jorge Luis, entretenido en el cultivo de la imaginación y la pirueta culta mientras su país se desangraba por dentro.

© 2013, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):