Fernanda Trías: no puedo concebir la existencia de una manera estática y me gusta tener la sensación, aunque sea ilusoria, de que en cualquier momento puedo irme a otro lado

Fernanda Trías (Montevideo, 1976) publicó Cuaderno para un solo ojo, La azotea, Bienes muebles y la plaquette de relatos El regreso. Integró antologías de nueva narrativa en Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Perú y Uruguay, entre ellas 20/40: Veinte autores latinoamericanos radicados en Estados Unidos menores de cuarenta años. Recibió el Premio de la Fundación BankBoston a la Cultura Nacional (2006). Fue amiga y discípula del escritor Mario Levrero y colaboró con él en la creación de De los flexes terpines, colección de narrativa uruguaya. En 2004 obtuvo la beca Unesco-Aschberg y viajó a Francia, donde finalmente vivió cinco años. Es traductora de inglés y cursó el Máster en Escritura Creativa de New York University, gracias a una beca de esa institución. Su novela La ciudad invencible, publicada en 2013 por Brutas Editoras como Bienes muebles, saldrá este año por Demipage. Actualmente vive en Nueva York.

 

fernanda trias_portraitPregunta común, pero que nunca dejamos escapar, ¿Podrías, por favor, contarnos acerca de tu trayectoria literaria?

“Trayectoria” me suena un poco ambicioso para mi recorrido. Soy del siglo pasado. La azotea, primera novela que publiqué, la escribí en dos sentadas a fines del noventa y ocho y comienzos del noventa y nueve. Antes había escrito una nouvelle que se llama Cuaderno para un solo ojo y que publiqué luego en la colección de narrativa que dirigió Mario Levrero, De los flexes terpines. Fue el número cinco de esa colección de bolsillo, con hermoso y sobrio diseño de Pablo Casacuberta. Tras esas dos publicaciones pasé muchos años por fuera del circuito literario, exploré un poco la creación audiovisual, viajé mucho, estudié japonés, me interesé por otras cosas. Viajé a Francia con una beca de la Unesco, y lo que iba a ser una breve estadía de meses, se convirtió en cinco años. Ese acontecimiento también bifurcó mi vida. Terminé estudiando francés y dedicándome a subtitular películas. En 2012 vine a Nueva York con una beca de New York University a hacer el máster en escritura creativa y publiqué La ciudad invencible, primero con Brutas Editoras (en el volumen DesAires de la colección Destinos Cruzados) y ahora en España por el sello Demipage. Pienso el “trayecto literario” como la suma de todas esas experiencias, que son las que van moldeando lo que luego el mundo exterior llama tu “trayectoria”.

Llevas varios años fuera de Uruguay. Estuviste primero en Francia, ahora en Estados Unidos ¿De qué manera afecta vivir en un país ajeno en tu escritura?

Estuve en Francia, sí, luego casi un año en Berlín, dos años en Buenos Aires y los últimos dos años en Nueva York. Todos esos países y ciudades me han afectado de un modo u otro, pero no sabría describir de qué manera, porque se trata de corrientes subterráneas. Sería ingenuo pensar que, de haberme quedado en Montevideo, mi escritura sería igual. No, y no sólo porque los temas se han ido desplazando hacia otras ciudades, otros escenarios, otros tipos del “ser extranjero”. De todas maneras, siento que la línea entre La azotea y La ciudad invencible, escritas con doce años de distancia, es clara; lo es al menos para mí. Podemos sentirnos amenazados en nuestra propia casa, podemos atrincherarnos, convertir un pequeño apartamento en el único mundo posible, igual que en una ciudad extranjera buscamos formas de protegernos, de construir nuestra identidad en contraposición a ese “otro” al que no conocemos ni entendemos del todo. En ese proceso uno se va modificando, se deja modificar, y la escritura también va cambiando, pero siempre dentro del mismo imaginario, creo yo, las mismas obsesiones que están ahí desde antes de empezar a escribir.

¿Cómo te apropias de ese país nuevo? ¿En la vida cotidiana, el lenguaje juega algún rol en esa apropiación?

Te apropiás de él viviéndolo. De eso trata también La ciudad invencible. Te apropiás de él generando tus propios recuerdos en esa nueva geografía. El lenguaje tiene un rol, sí, porque te define rápidamente como extranjera en el minuto mismo que abrís la boca, y también te permite reinventarte en el minuto mismo que abrís la boca. Yo me siento otra persona cuando hablo en inglés y otra aún cuando hablo en francés. Son distintos personajes que emergen. El lenguaje es una vía de acceso. Mediante otra lengua podés acceder a partes de vos misma a las que no tendrías acceso en tu propia lengua, y eso siempre es interesante, es enriquecedor para la escritura.

¿Crees que se hace un tipo de literatura adentro de Latinoamérica?distinto al que hacen los latinoamericanos en el extranjero??

No, no creo, siento que lo que se está escribiendo es bastante global, en parte porque los que viven afuera ya no están encerrados en ese “afuera”, y a la inversa. Hay un constante ir y venir, un constante flujo aéreo y virtual.

Te fuiste de Uruguay, te fuiste de Francia, ¿Ves a Estados Unidos como un lugar a largo plazo o tiene fecha de caducidad? ¿En caso ya la tuviera, por qué?

Siempre me siento de paso. Pero eso es algo tal vez vinculado a mi personalidad; no puedo concebir la existencia de una manera estática y me gusta tener la sensación, aunque sea ilusoria, de que en cualquier momento puedo irme a otro lado, un destino tal vez inimaginable hasta el día anterior (“destino” en los dos sentidos de la palabra). También me gusta la idea de “volver”, y de ir retrasando ese acto de volver.

¿Cómo ves la movida literaria latinoamericana en New York, ciudad en la que resides?

Ha sido muy interesante. Si bien la movida es más académica que literaria (o literario-académica), cosa que personalmente no me interesa mucho, también es cierto que Nueva York reúne a mucha gente que está de paso. NYU trajo a poetas como Zurita y Kózer, y conocerlos fue fabuloso. Además, como el circuito literario en español es muy chico, inevitablemente todos los que pasan por acá terminan por encontrarse. Así pude dialogar con escritores que admiro y que tal vez no habría conocido en otro ámbito, como Sergio Chejfec, Valeria Luiselli, Carlos Yushimito, Rodrigo Hasbún, Liliana Colanzi, Rodrigo Fuentes, Edmundo Paz Soldán, Mercedes Cebrián y tantos otros.

Fotografía de la autora: Fernanda Montoro

Descarga desde la imagen el primer volumen de 20/40 -autores latinoamericanos menores de cuarenta años en EE.UU.-

20-40

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