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Al final del día afloran, o salen a flote, como champiñones de corto de Tim Burton, ciertos impactos del día. Cosas que han quedado atrapadas en la criba de lo sentido, percibido, aprendido. Si uno se pone a pensar, son muchas. Un día daría para toda una novela. Bloomsday, el próximo 16 de junio. El día de Leopold Bloom, no he leído el Ulises, ni lo haré nunca, pero sé que la acción de todo ese tochón transcurre en un solo día. En la universidad aprendí la diferencia entre relato e historia. La historia sucede, inexorable, con sus leyes cronológicas. El relato es cómo contamos esa historia. Las idas y venidas. Lo diegético, creo.

A estas horas del día, hoy, me vienen imágenes agradables a la mente, de las que dejan buen poso. Y el nombre de Alberto Moravia, escritor y periodista italiano, uno de esos nombres con los que damos a menudo, sin llegar a entrar. Me interesan sus mujeres. De 1941 a 1961 con Elsa Morante. Del 62 al 83 con Dacia Maraini. Quizá las dos escritoras más importantes del siglo XX literario italiano. Luego se casó con Carmen Llera, navarra ella, que tenía 31 años entonces, y él ochenta y muchos. 

Veinte años con cada una. Leo por ahí que la Morante trató de suicidarse, en los ochenta. ¿Por qué murieron esas relaciones? Leo también que Moravia atacó en vida el estilo de vida occidental, lo acomodaticio, lo hedonista. ¿Apostaba él por una vida incómoda, privada de placeres? La vida da para mucho. Dos relaciones de dos décadas, con dos mujeres como Elsa Morante y Dacia Maraini, con el epílogo de la joven Llera, no es tontería. ¿Cómo vivió esas rupturas? ¿Saltó de aquellas relaciones cuando vio que se estaba acomodando? ¿El escritor es un ser abocado a una cierta incomodidad permanente? ¿A la insatisfacción? 

Me parece poco probable vivir sin un mínimo margen de insatisfacción. Siempre hay huecos por donde se cuela lo literario. Tengo ganas de leer a Moravia, pero también ‘La Storia’, de Morante, y a Maraini. A menudo, hoy mismo, pienso que soy un catalán, un italiano, un francés frustrado. Un portugués, incluso. Que el territorio español, su arrealismo, me genera cierta desafección. 
Habrá que leer a Moravia.

© 2012, Eduardo Laporte. All rights reserved.

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Eduardo Laporte

Eduardo Laporte

Eduardo Laporte: Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad De Navarra) , Máster en Periodismo Multimedia (El Correo/UPV) y Diploma de Estudios Avanzados en 'La lengua y la literatura en relación con los medios de comunicación' . Colaborador habitual en la prensa cultural, como el suplemento 'Territorios' de 'El Correo de Bilbao', y el resto de cabeceras del grupo Vocento. Crítico literario para la web 'Ojos de Papel' y, desde 2012, para la revista cultural, decana en su género, 'El Ciervo'. Autor del blog 'El náuGrafo digital' que, con pequeñas variaciones en el título, se actualiza desde octubre de 2004. Es el padre del arrealismo. Publicaciones: 'postales del náufrago digital' (Prames, 2008) 'Luz de noviembre, por la tarde' (Demipage, 2011):