Everybody’s Fine

Kirk Jones

99 min

Drama

Frank (Robert de Niro) es viudo y quiere reunir a sus hijos, dispersos en distintas ciudades, para las fiestas. Nunca tuvo una relación estrecha con ellos. Les hace llegar invitaciones por correo, pero por distintas razones, cada uno se disculpa diciendo que no podrá ir. Ante su negativa, Frank —quien además no se encuentra bien de salud— omitirá las órdenes médicas de no viajar y empezará así la travesía de reencontrarse con ellos tomando trenes y aviones.

Su primera parada será en New York para ver a David (Austin Lysy). Nadie le abrirá. Deslizará un sobre bajo su puerta y enrumbará hacia Chicago para visitar a Amy (Kate Beckinsale), su otra hija. A Frank nadie lo espera. Quiere que su llegada tome a sus hijos por sorpresa, pero la sorpresa será para él. Amy —quien aparentemente tiene la familia perfecta— hallará la manera de deshacerse de su padre en menos de veinticuatro horas, antes de que se haga evidente, entre otras cosas, que ya no está casada con el padre de su hijo. Robert, en otra ciudad, no es el director de orquesta que dijo ser, y también procurará que Frank se marche rápido. La última parada será en Nevada, donde Rosie (Drew Barrymore) —otra de sus hijas— lo estará esperando en la estación.

La mayor parte de las críticas apuntan que Everybody’s fine no es más que otra de esas películas de Hollywood con finales absurdos y felices. Yo tengo una opinión distinta. Pienso que esta película invita al análisis y a la reflexión, pues toca el tema de la relación entre padres e hijos desde una perspectiva algo desoladora, aunque real. Esa misma que se percibe en la tensión que surge entre los personajes durante cada encuentro. Frank, quien procura recuperar el tiempo perdido con cada uno de sus hijos, responde a sus desplantes con la sonrisa distante del que sabe que no puede pedir lo que no ha dado. Cae en cuenta —aunque tarde— que con la muerte de su esposa perdió el único vínculo que mantenía con ellos. La realidad es que no conoce a ninguno, y que el tiempo que no utilizó para forjar una relación con ellos cuando pudo le pasaba la factura de forma irrevocable. Los silencios entre Frank y sus hijos incomodan hasta al espectador: son sólidos, palpables.

No creo que el final de Everybody’s fine sea el típico final feliz del cine gringo. Es cierto que la familia logra reunirse para la cena navideña, pero cada cual se presenta como es. Y creo que la película nos estimula a reconsiderar algunos aspectos, tales como que el amor no viene adherido en el ADN; como la necesidad de estar presentes en la vida de quienes amamos cuando es preciso y no cuando nos sobra el tiempo o nos vamos quedando solos, y como que, si bien no nacemos sabiendo ser padres, tampoco nacemos sabiendo ser amigos, novios o empleados, aunque solemos poner más empeño en enriquecer, conversar y preservar las tres últimas de estas relaciones, incluso si para ello hacen falta grandes dosis de sacrificio y aprendizaje.

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Luciana Medina León

Luciana Medina León

Nací en el Perú hace 29 Abriles. Un boleto round-trip me trajo a Miami en el 2004. Luego de 30 días, el boleto quedó convertido en one-way. No viene al caso decir lo que estudié en Lima, pero si que aquí estudié Psicología y que este año haré un Master en lo mismo. Tampoco viene al caso decir que tengo un poema publicado en una antología de poemas y un blog que nadie lee. Me encontrarán en la sección cine en cada publicación. Las relaciones a larga distancia tienen un encanto muy particular: la atracción se mantiene como en el primer día; las partes no caen en rutinas absurdas de cajones desordenados o silencios insondables como centro de mesa; por último el tiempo del que se dispone no se desperdicia. La nuestra no será la excepción. No por mi parte al menos.