Evangelio según san Trópico: 11

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Entrada triunfal. Una vez que el Congresillo se encargó del cumplimiento de la nueva Constitución y renovó a todas las autoridades, por insulsas que fueran, con leales a la Revolución, el Mesías se acercó al lugar donde efectuaría el primer discurso de la refundación de la Patria. El Mesías envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: “En el cuartel de enfrente encontraréis un tanque que nadie ha utilizado aún; traedlo. Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso?, decidle: “El comandante en jefe lo necesita”. Los discípulos fueron y, a las preguntas de los oficiales al mando, respondieron como les había dicho el Mesías, y los dejaron.
Llevaron el tanque y el Mesías montó en él. Muchos alfombraban el camino con flores y gritaban: “¡Caudillo! ¡Comandante! ¡Salvador!”.

 

Bendice al Poder Militar. Al día siguiente, el Mesías sintió necesidad de tener más apoyo público y pensando desde lejos que los militares le eran afín, dijo: “Los militares podrán votar y los ascensos son competencia exclusiva del Presidente y, si alguien os dice por qué se hacéis eso, le decid: Ejército y Pueblo son uno solo”.

 

Expulsa de los barrios a la Oposición.Guiaron a las hordas que defendían la Revolución hasta cada una de las sedes que los opositores tenían en las barriadas más pobres y arrojaron de allí a cualquiera que no demostrara su idolatría al Mesías; volcaron sus mesas y sillas y luego ocuparon cada una de esas casas para crear las Brigadas Populares de Defensa de la Revolución o acoger a un sistema sanitario paraestatal, compuesto por médicos sin título válido, que entregaban aspirinas junto a la propaganda del régimen. La Oposición acudió entonces a sus partidarios, que eran muchos y tenían ollas y cucharas, y se produjo una estruendosa cacerolada. El Mesías acusó a la Oposición: “Vosotros habéis hecho un show bochornoso”.

 

Los asesores se alzan.Al leer la prensa, observaron que varios asesores políticos e intelectuales hablaban en contra del Presidente. Acordándose, un discípulo le dijo al Mesías: “¡Los que bendijiste te volvieron la espalda!”. Y el Mesías le respondió: “En verdad os digo que toda afrenta será respondida con el vilipendio y la afrenta personal”.

 

La autoridad del Mesías. Cuando andaba el Mesías organizando los fastos del aniversario de su alzamiento militar, le preguntaron: “¿Con qué autoridad reivindicas el golpe de Estado en el que fracasaste?”. Pero él les dijo: “Yo también os haré una pregunta. Respondedme y entonces os diré de dónde viene mi autoridad. ¿Sabéis la diferencia entre golpe de Estado y rebelión militar? ¿Entre dictadura legal y revolución pacífica? ¡Respondedme!”. Pero ellos dudaban. Temían ofender a la gente con su respuesta, porque gran parte de la población tenía al Mesías como un salvador. Respondieron: “No sabemos”. Y el Mesías les dijo: “A mí la autoridad me la da el Pueblo”.

 

Parábola de los demócratas homicidas. Y se puso a hablarles en parábolas. “Un hombre plantó un nuevo modelo de gobierno; y trajo asesores de otros caudillos para que lo ayudaran a preservarla; ahorcó al aparato productivo de su país, exterminó a las instituciones por medio de referendos, se rebeló a la política del Imperio y utilizó todos sus recursos en contrarrestar la información que emitían los medios de comunicación. A su tiempo, quiso exportar su modelo político. Envió enlaces con la guerrilla del país vecino y también lo denunciaron. Financió una campaña electoral en un país centroamericano, pero su candidato perdió los comicios; mandó igualmente a sus siervos a entrenarse a las órdenes de un genocida, pero las fuerzas democráticas derrocaron al régimen y sus conexiones se hicieron evidentes. Cuando perdió el poder en su propio país, aún le quedaba un siervo, su amado hijo. Lo mandó, por último, pensando que vencería con un golpe militar. Pero aquellos demócratas dijeron: “¡Ea!, encarcelémosle y acabaremos con la amenaza”. Lo rindieron y encarcelaron. “¿Qué hará el Viejo Caudillo? Irá él y convencerá al Pueblo de que toda democracia es corrupta, y su hijo volverá al poder”.

Los opositores al Mesías intentaron denunciar su maniobra pero temían a las hordas que le aupaban, porque se sabían señalados por la parábola. E intentaron mantener sus parcelas de poder creyendo que si jamás denunciaban que la legalidad se utilizaba para destruir la democracia, el Presidente les dejaría en paz.

 

El tributo de la información. Le enviaron entonces algunos periodistas para cazarle en alguna palabra. Llegaron y le dijeron: “Presidente, sabemos que hablas tal como el Pueblo quiere escuchar y que enseñas los dogmas de la Revolución sin que te importen los derechos civiles. ¿Es fundamental preservar la libertad de expresión?”. Conociendo el Mesías de su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me tentáis? Traedme un periódico para que lo vea”. Y se lo llevaron y les dijo: “¿Qué intereses tiene este diario? Protege a la oligarquía. Dejad al oligarca lo que es del oligarca y al Pueblo lo que es del Pueblo. Yo seguiré emitiendo en cadena de varias horas al día en las televisoras y radios del Estado, que son del Pueblo”.

 

La elección del vicepresidente. Se le acercaron también otros demócratas que creían en las elecciones populares y le preguntaron: “Se crea la figura del vicepresidente, como un cargo que sirve para controlar el gran poder del Presidente, pero el vicepresidente será nombrado por el propio Presidente y no por el Pueblo, y podrá ser removido por la Asamblea, que controla el Presidente, y nunca por el Pueblo. A la hora de controlar tu poder, ¿de quién será el vicepresidente?”. El Mesías les respondió: “¿Cómo no vais a tener dudas si no tenéis fe en que el Pueblo habla por mi boca?”.

 

Los dos mayores mandamientos. Un escriba, que había oído la discusión y viendo que les había contestado bien, se le acercó y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?”. Y él contestó: “Desenvainar la espada para defender la soberanía del Pueblo ante la conspiración internacional que se fragua”. Y el escriba preguntó otra vez: “¿Y cuál es el segundo?”. Y él respondió: “No creer que porque ocupas un alto cargo público, aunque haya sido obtenido por elección popular, puedes decidir por ti mismo y sin consultarme”.

 

La naturaleza democrática del Mesías. Tomando el Mesías la palabra, decía al Pueblo durante sus locuciones: “¿Cómo pueden decir los enemigos que aquí no hay democracia? El Pueblo mismo se organiza en comités para controlar los recursos de las regiones e informar de planes desestabilizadores. El Pueblo mismo eligió la nueva Constitución que me convierte en un instrumento de sus deseos. ¿Cómo, pues, se atreven a decir que pongo en peligro la democracia?”.

 

Hipocresía de la Iglesia. Y en su programa radial de cada domingo decía: “Guardaos de la Iglesia, que gusta desestabilizar al gobierno desde el púlpito, y de los curas inmorales. Ellos serán investigados para hacerles un exorcismo y dejarles sin fondos públicos para sus obras”.

 

El óbolo de las Organizaciones Supranacionales. Sentado frente a la Organización Mundial de Países presenció cómo muchos opinaban que el Mesías intervenía en la soberanía de otras naciones. Él reunió a sus discípulos y les dijo: “En verdad os digo que esta sociedad es muy estúpida y tenemos que hacer la nuestra propia”.

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Domenico Chiappe

Domenico Chiappe

Doménico Chiappe (Lima, 1970) [www.domenicochiappe.com] Ha publicado el ensayo Tan real como la ficción, herramientas narrativas en periodismo (2010), la novela Entrevista a Mailer Daemon (2007), los libros de cuentos Párrafos sueltos (2003, reed. 2011) y Los muros / Les murs (ed. bilingüe, 2012), y la obra Tierra de extracción, elegida por Electronic Literature Organization para su antología ELC2 [http://collection.eliterature.org/2/] como una de las mejores obras de literatura multimedia. Se crió en Venezuela, donde ejerció como periodista, y reside en Madrid.