Entrevista al escritor peruano Eduardo González Viaña

Por María Espinoza

eduardo_gonzalez_via_a

Autor de uno de los imaginarios literarios más personales e innovadores, el peruano Eduardo González Viaña compagina su oficio de escritor con su quehacer de intelectual comprometido para proponer una literatura en la que la historicidad de las formas de enunciación y el material documental alcanzan nuevas y distintas significaciones. Entregado sin reservas a su tarea de generar ideas y escribir historias de ficción, el autor de Corrido de Dante (2006), texto clásico de la literatura de la inmigración, nunca se detiene en denunciar las injusticias sociales y de manifestarse sobre los conflictos políticos de su tiempo histórico. Un cometido que implica, de igual forma, un arte de convicciones que le permite compendiar reflexión y acción, literatura y activismo político, y que además, se convierte en una posibilidad de respuesta para la construcción de una sociedad más humana y justa.

Como descendiente de la cultura hispana, el escritor aborda en su obra no solo el conflicto en los Estados Unidos entre las diferentes culturas, la identidad étnica, lingüística, y literaria, sino también los problemas entre las diferentes generaciones. Textos todos que deslizan una mirada divulgativa y de conocimiento hacia la sociedad estadounidense, de sus debilidades y de sus bríos, y que narran las vivencias del inmigrante hispano, las circunstancias que lo obligan a cruzar fronteras, su lucha por sobrevivir y, sobre todo, su voluntad de batallar frente a todos los obstáculos.

En una suerte de funambulismo literario entre los límites de la realidad y la ficción, las historias de Viaña cruzan y entrecruzan las fronteras territoriales de la memoria colectiva y la personal, la memoria histórica y la cotidianidad, lo de allá y lo de acá, la añoranza y los sueños futuros. Palabra, talento, convicción, pasión, compromiso social y político, retazos de vida de hispanos, son algunos de los ingredientes que forman parte del imaginario literario de este autor. Detrás de cada una de sus historias ficcionales se encuentran sus vivencias personales: su experiencia de inmigrante hispano, abogado, académico, intelectual, periodista y escritor. Así, desde el humor a la tragedia humana, desde distintos tonos y miradas, su imaginario literario nos recuerda situaciones cotidianas que comparten los lectores con los personajes, al tiempo que nos acerca a la realidad y las vivencias del inmigrante en los Estados Unidos. En Cruce de fronteras (2013), la más reciente antología editada por Viaña y en la cual participa con el cuento “Horas con María Laura”, la realidad y la ficción se convierten en fieles confidentes para entregarnos un discurso literario que se hace eco del fenómeno migratorio. Los cuentos de los quince escritores que conforman esta selección se convierten así en manifestaciones de la sociedad pluricultural de los Estados Unidos, con lenguas y realidades diversas, con bifurcaciones de todo tipo de fronteras: la social, la política, la cultural, la territorial, la lingüística, la artística, y la étnica. Ya Eduardo Gonzalez Viaña, en el prefacio a Cruce de Fronteras subraya: “Vivir en los Estados Unidos no equivale ya a renunciar a la lengua sino a enriquecerla con el sabor y las variantes que aportan los hispanoparlantes de uno y otro lado de nuestra América concentrados aquí”.

Biografía

Eduardo González Viaña estudió en la Universidad Nacional de Trujillo, Perú. Se graduó de abogado e hizo un doctorado en Literatura. A los 25 años obtuvo el Premio Nacional de Cultura del Perú con su libro Batalla de Felipe en la casa de las palomas (Losada 1970). Es autor de unos cuarenta libros entre novelas, ensayos y libros de relatos. En el 2000, su libro sobre los latinos que viven en los Estados Unidos, Los sueños de América (Alfaguara) —traducido al inglés: American Dreams (Arte Público, Houston 2005) y reeditado doce veces—, obtuvo el Premio Latino de Literatura de los Estados Unidos. Antes, en 1999, había recibido el Premio Internacional Juan Rulfo por el relato “Siete días en California”. El corrido de Dante (Arte Público, University of Houston 2006) es una novela que relata la odisea de la inmigración hispanoamericana en los Estados Unidos. En el 2007 apareció en inglés como Dante’s Ballad (Arte Público, University of Houston 2007) y en italiano como La Ballata di Dante (Gorée Edizioni 2007). Además, con ella el autor ganó el Premio Internacional Latino de Literatura de los Estados Unidos 2007. Su obra Vallejo en los infiernos es la primera novela sobre la vida juvenil del gran poeta.

Desde la década de 1990, González Viaña reside en los Estados Unidos. Es también un activista que presenta sus libros y da conferencias en universidades, teatros y otros centros culturales y laborales de los Estados Unidos, donde defiende el derecho de los inmigrantes hispanos a vivir en ese país y a conservar la magia de hablar español. Es miembro correspondiente de la Academia de la Lengua del Perú desde 2004. Es catedrático en Western Oregon University, aunque también ha sido profesor visitante en otras universidades como U.C. Berkeley, Dartmouth College, Willamette University y colaborador de honor de la Universidad de Oviedo.

En esta entrevista Eduardo González Viaña nos habla, entre otras cosas, de cómo descubre su vocación de escritor, el grupo Trilce, las temáticas de su literatura, la antología Cruce de fronteras (2006) de la cual es el editor, etc.

Naces en Chepén, en la región Libertad, en la costa norte peruana.

Claro que sí, soy un cholo del norte. Estuve acostumbrado siempre, desde adolescente, a la costa norte del Perú, que es un desierto en el que casi nunca llueve, y entonces, a pesar de eso cuando era adolescente quería tener un paraguas porque había visto en las películas y los personajes más interesantes tenían paraguas. Y fíjate que ahora vivo justamente en Oregon, donde llueve la mitad del año, y entonces puedo tener una colección de paraguas. Aquí vivo y trabajo en la Universidad Western Oregon University. Estoy acá desde hace veinte años y soy Director del Departamento de Lenguas Modernas.

Hablando de la etapa de la infancia, ¿cómo recuerdas esta etapa de tu vida? ¿Es entonces cuando descubres tu vocación por la literatura?

Creo que esa etapa de mi vida está permanentemente en mi recuerdo. Los días de mi infancia pasados al lado de mis padres y frente al mar son los que me impulsaron a sentir que la literatura era lo que yo podía hacer en esta vida con menos torpeza. Tú sabes que crecer mirando el mar impulsa a muchos —entre ellos a mí— a sentir que allá detrás del final del mundo, del horizonte, hay otro horizonte y otro. Entonces eso lo hace a uno ser viajero o escritor. Y entonces me he pasado la vida escribiendo y viajando. He vivido una buena parte de mi vida en tierras lejanas, pero la literatura ha sido una manera de dejar presente mi nostalgia en las páginas y creo que eso es lo que hay en los libros que he escrito.

Se ha dicho que González Viaña significa la continuación de una tradición literaria surgida en el norte peruano que hace de Trujillo el lugar donde surgen figuras importantes de la literatura peruana, como es el caso de Ciro Alegría y César Vallejo. De hecho, en 2007 publicas la obra Vallejo en los infiernos, primera novela que se escribe sobre la vida de César Vallejo. ¿De qué modo la literatura de estos dos grandes escritores ha influido en tu creación literaria y pensamiento?

Yo creo que de manera considerable. En realidad, cuando el amigo y mentor de Vallejo Antenor Orrego fue a Trujillo para dar una charla, dijo que el grupo al que yo pertenecía, que se llama Trilce, era la continuación del viejo grupo Norte que había sido integrado por él (Orrego), Vallejo, Alegría y por el mismo Victor Raúl Haya de la Torre, entre otros. Entonces de hecho, aparte de esa tradición literaria que hay en Trujillo, también allá surgieron las inquietudes, el deseo de cambiar el mundo que está presente en el acto vital de escribir, el acto de rebelarse contra la realidad en nombre de la ilusión.

Hablando de cambiar el mundo, tus historias justamente abordan temas como el bilingüismo, la identidad hispana, el cuestionamiento de los arquetipos raciales, el multiculturalismo, la nostalgia, el desarraigo, la memoria colectiva, la discriminación, solo por nombrar algunos temas. ¿Por qué es importante para ti tratar estos temas en su literatura?

Sí, es cierto, de hecho tanto en mi literatura como en mi acción como escritor y mi acción política y como periodista también he estado siempre defendiendo el derecho de los inmigrantes. Quiero decir que creo que toda persona tiene derecho a caminar por el lugar por donde le plazca, y a trabajar y moverse, y esos derechos están siendo coactados en nuestra época. El hecho de que exista una frontera súper armada es una amenaza bárbara contra un hecho cotidiano, normal, humano. Yo creo que los hispanos que viajamos del sur hacia el norte estamos cumpliendo en nuestra época el mismo motivo, la misma ruta que llevó antaño en las páginas de la Biblia al pueblo judío a caminar hacia la tierra prometida durante cuarenta años. Lo único que nos diferencia es que a ese pueblo lo capitaneaba un profeta y un libro, en tanto a nosotros nos empuja la maldición de dejar atrás tierras, naciones donde parecen haberse acabado los puestos de trabajo y también el amor. En ese sentido, tú te estás refiriendo a mi libro El corrido de Dante (2006), que ha sido calificado como un clásico de la inmigración a los Estados Unidos, y también tal vez te estás refiriendo también al libro Los sueños de América (2001). Y bueno, al mismo tiempo, hay otros libros que he publicado.

Hablando de El corrido de Dante (2006), una novela considerada un clásico de la literatura de la inmigración y que además obtuvo el Premio Latino Internacional en los Estados Unidos (2007), ¿cómo surge la idea de escribir esta historia y qué hay de ti en el personaje de Dante?

¡Qué buena pregunta! Creo que lo que hay de mí es lo que hay de los otros latinoamericanos que viven dentro de esa novela. El personaje es un campesino mexicano que vive en los Estados Unidos desde hace veinte años y que sin embargo habla muy mal y muy poco el inglés. Él es el personaje principal, pero además hay una serie de personajes colombianos, brasileños, argentinos, chilenos, venezolanos… Hay personajes de todas partes, pero yo creo que yo soy todos ellos, porque intento en todo pensar como ellos, hablar como ellos, hablar en nombre de ellos. Se trata de una humanidad que está caminando y en nombre de la cual yo quiero hablar. Yo creo también que en este libro que ahora se publica, Cruce de fronteras, estamos justamente mostrando al mundo que si antes los ilegales cruzaban el río, ahora son los escritores que cruzan los Estados Unidos, y que prácticamente lo invaden. Creo que las historias que contamos tienen mucho que ver con este acto heroico de cruzar la frontera.

En cuanto a la recién publicada antología, Cruce de fronteras (2013), de la cual eres el editor y en la que participas con la historia “Horas con María Laura”, ¿cómo surge la idea de esta antología de cuentos escritos por escritores latinoamericanos radicados los Estados Unidos? ¿Y cómo fue el proceso de selección de autores y textos?

Mira, el año pasado ocurrió una desgracia terrible para los escritores que vivimos en los Estados Unidos y una desgracia que yo sentí muy próxima a mí. Un excelente escritor colombiano llamado José Álvarez, quien vivió mucho tiempo en Miami, se encontraba residiendo en Joplin, una localidad de Missouri. Desde allí, José, que era un gran amigo mío, me llamó por teléfono en una ocasión contándome que se estaba por casar y que pensaba pasar la luna de miel en el norte del país. Lo invité a venir a mi casa con su novia. Le expliqué, además, que yo estaba a punto de marcharme, de manera que la casa y mi carro iban a ser para ellos. Continuamos coordinando todo el tiempo, todas las noches, y justamente una mañana, él levantó el teléfono para llamarme, pero no me pudo encontrar, o yo levanté el teléfono y tan solo escuché el rumor del viento o la voz del destino, porque en esos momentos se había producido un terrible tornado que se llevó la ciudad de Joplin y a mi amigo José Álvarez. De acuerdo con las investigaciones posteriores, el último número que él marcó fue el mío y el teléfono estaba descolgado en su casa. Entonces, cuando yo pienso en José he pensado también en todos los escritores hispanos que vivimos acá, y he pensado que nuestra voz no debe llevársela el viento. Por eso se me ocurrió que podíamos hacer una antología que juntara las diversas voces que se encuentran en los Estados Unidos. Voces de personas que están ubicadas no tan solo en el Perú, sino también en Chile, Argentina, Brasil, México, Cuba, e incluso en España. Por eso son escritores iberoamericanos. El proceso felizmente ha sido sencillo, y en esto hemos tenido el gran apoyo de un peruano que, además de buen escritor, es una persona ejemplar dentro de la literatura: Isaac Goldenberg. Isaac nos ha apoyado permanentemente y ha llamado a los amigos de uno y otro lado, escritores muy importantes, y todos ellos se han sumado a nuestro esfuerzo. Por eso es que el libro está listo ahora.

Así es, con la súbita partida de José O. Álvarez la comunidad colombiana e hispana en general perdió un gran talento de las letras y literatura. ¿Nos podrías resumir el contenido que forma parte de este volumen, Cruce de fronteras?

Yo quisiera decirte en orden alfabético los nombres de los veinticinco escritores que están en uno y otro lado de los Estados Unidos y que pertenecen a las generaciones más diferentes, lejanas entre sí. Por un lado está Marjori Agosín, Daniel Alarcón, Gioconda Belli, Alicia Borinski, Giannina Braschi y José Castro Uriostre. Después se encuentran Serfio Chejfec, Ariel Dorfman, Teresa Dovalpage, Juan Epple y Alberto Ferreras, además de Eduardo Halfón, Gisela Heffes, Jaime Manrique, Pedro Medina, Ana Medino, y el español Antonio Muñoz Molina. El profesor Julio Ortega, Edmundo Paz Soldán, Gerardo Piña Rosales, Roberto Quesada, Armando Romero, Rose Mary Salum y Alejandro Sánchez completan los seleccionados. Por mi parte, he escrito uno de mis cuentos, que se llama “Horas con María Laura”, y hago el prólogo y el estudio de las obras que conforman el libro. Si quieres te puedo decir un poco de lo que digo al respecto.

Sí, por favor.

Yo digo que al escritor que llega a los Estados Unidos se le presenta mitológicamente la misma aventura que al héroe que se pierde en el bosque o en el laberinto. Porque al igual que él, el escritor latinoamericano que viene a vivir a los Estados Unidos pierde algo, y gana mucho además. Y entonces, en principio, lo que se transforma en él es el lenguaje. En cuanto a publicar en español, es la necesidad de comunicarse con un público. Fíjate que no estoy hablando en inglés sino que hay que publicar también en español para un público hispano que existe acá. Y entonces la necesidad de comunicarse con un público que sobrepasa los bordes lingüísticos de su nacionalidad de origen puede aconsejarle al escritor que omita localismo y se exprese en un castellano más estándar. Vivir en los Estados Unidos no equivale ya a renunciar a la lengua, sino a enriquecerla con el sabor y las variantes que aportan los hispanoparlantes de uno y de otro lado de nuestra América concentrados aquí. El otro asunto que se tiene que abordar es sobre cuáles temas vamos a escribir en el exilio. Entre los temas, por supuesto, muchos continuamos abordando los recuerdos de la patria lejana, que para algunos son inagotables y para otros no. En el otro extremo los hay quienes prefieren fundar sus ficciones y alegorías en geografías, temas, dramas y personajes que pertenecen a los Estados Unidos. Y por otro lado, finalmente, hay que preguntarse: ¿para quién escribo? Me refiero al hecho de publicar en un país cuyas editoriales y otros medios de comunicación están encaminados a la globalidad. ¿Serán adecuados a ese destino los asuntos que se escribieron en la patria lejana o se está pensando en los lectores que viven allá? Todo se transforma, pero en eso yo creo que hay una vieja tradición, en el hecho de escribir en la lejanía, escribir allá en lo más distante del país de origen, y creo que el primer recuerdo que a mí me llega es el del cusqueño Garcilaso de la Vega. Garcilaso se fue a España y su obra inmortal Los Comentarios Reales es una maquinación de la memoria que acaso no habría ser podido escrita en el país de origen. Lo mismo puede decirse si hablamos del siglo XIX y XX del poeta Ruben Darío, eterno caminante, y también de las creaciones de García Márquez, Miguel Ángel Asturias, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, Julio Cortazar, Mario Vargas Llosa, Mario Benedetti, Pablo Neruda u Octavio Paz, entre otros. Ahora, la emigración de los latinoamericanos —no solo de los escritores—, se dirige preferentemente hacia los Estados Unidos y ha alcanzado cifras gigantescas que incluso aterran a algunos nativos y los hacen presagiar un cambio cataclísmico. Sin embargo, esta inmigración en los Estados Unidos es lo mejor que le ha podido ocurrir a este país. De esta manera los latinoamericanos estamos apoyando en la construcción del “sueño americano”. Esto está reflejado en aquello que escribimos y en lo que hacemos.

Desde hace unos años vives en los Estados Unidos y enseñas en Western Oregon University. ¿De qué modo influye el entorno geográfico y cultural de este país en tu quehacer literario? ¿Cómo asumes hoy tu condición de inmigrante, de extranjero fuera de tu país natal, el Perú?

Claro fíjate, Oregon es un estado idílico. Yo he vivido en ciudades muy grandes, como Lima por ejemplo, que tiene 10 millones de habitantes, o como Madrid o París, y al llegar a aquí he estado viviendo en el área de San Francisco, por la Universidad de Berkeley. Pero al llegar acá he sentido que este es el lugar mejor para mí para escribir y para, en cierta forma, recuperar el habla. La vivencia del exilio imprime en el que lo vive una escisión entre los dos mundos: el tradicional y el posmoderno, el de los normales y el de los extraños, el de la noche y del día, el de la razón fría y el hipersensible, el de la realidad y el del deseo, el del muro y el de la libertad. En esas condiciones, lo único intocado, lo único que nos queda a los escritores, a todo tipo de personas, es la palabra. Como se puede ver en este libro, Cruce de fronteras, la palabra ofrece a personajes y autores la libertad de estar a los dos lados de la frontera al mismo tiempo. Mi palabra, en mi caso, está manchada por el recuerdo de la guerra sucia que incansable y silenciosa ha vivido —y posiblemente vive— mi país. De ahí proviene el relato de esta antología. La vivencia del exilio imprime en el que lo vive una escisión permanente, pero de hecho, la localización en este lugar, que es Salem, Oregon, le ha impuesto a mi vida una forma de existir y de escribir en la cual persevero.

Además de escritor y catedrático, eres activista y defensor de los derechos de los inmigrantes hispanos en los Estados Unidos. ¿Qué opinión te merece la política antiinmigrante propugnada por los Estados Unidos?

Bueno en realidad es propugnada por diversas comunidades o algún sector político de extrema derecha. En realidad es una política absolutamente ilógica y nociva para los Estados Unidos. Toda vez que los inmigrantes estamos apoyando el “sueño americano”, los inmigrantes en todos los terrenos, tanto cultural como el terreno económico, sobre todo, significamos no tan solo más brazos de trabajo eficientes y capacitados en todos los niveles, sino que también representamos una parte de la población que vive y siente los problemas del país y que participa con el pago de sus impuestos en su construcción. Realmente yo no veo una razón, una lógica que no sea la del racismo, en la oposición a este proceso de la inmigración. Sin embargo, las recientes elecciones han mostrado el poderío hispano y han hecho que no solo los demócratas, sino que también incluso los republicanos se decidan aportar su apoyo a la reforma del sistema migratorio de una forma más integral e inteligente.

Colaboras regularmente con la revista Sub-urbano en la columna “Autores que escriben desde los Estados Unidos”. Mensualmente, nosotros los lectores nos deleitamos con los textos de tu autoría. En tu opinión, ¿cuán necesario es crear referentes culturales hispanos como la revista Sub-urbano y qué te parece el entorno cultural en Miami en estos momentos?

Sub-urbano en realidad llena un gran vacío. En verdad, toda esta comunidad que vive acá en los Estados Unidos, no solo escritores de esta comunidad de hispanoamericanos que en uno y otro lado hacen historia, podría no ser ni siquiera vista o se la llevaría el viento como ocurrió con nuestro hermano, el escritor José Álvarez. Entonces, Sub-urbano es realmente un medio al que yo he apoyado desde el comienzo porque he comprendido la importancia que tiene. Creo que es fundamental que lo apoyemos en todas las tareas que está realizando. Y es bien fácil meterse en el internet y poner suburbano.net para saber lo que esto significa, tanto en el caso del editor-fundador Pedro Medina como en el de sus excelentes redactores.

Después de una larga carrera en la literatura, ¿qué le falta hacer a Eduardo González Viaña, cuáles son tus aspiraciones y metas para el futuro?

Volver a hacer esa misma y larga carrera en la literatura, toda la vida, hasta que Eduardo González Viaña también sea llevado por el viento.

Y bueno, finalmente, me gustaría terminar esta entrevista preguntándote: ¿cómo te gustaría que te recuerden?

Como un peruano viajero, que luchó infatigablemente contra el viento de la irracionalidad para poner mantenerse y hacer valer sus ideas.

Muchas gracias por esta entrevista.

© 2013, María Espinoza. All rights reserved.

Compartir
Artículo anteriorUn GPS y la cucaracha. ¿O era el danzón?
Artículo siguienteEl control de las drogas y sus contraindicaciones
María Espinoza

María Espinoza

María Espinoza nació en Lima, Perú y actualmente reside en Miami, FL. Obtuvo un doctorado en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Internacional de la Florida. Es conferenciante y ha publicado artículos en periódicos y revistas de literatura y arte. Artista plástica ha participado en exhibiciones en Latinoamérica y Estados Unidos.
Loading Facebook Comments ...
Loading Disqus Comments ...