Entrevista al escritor mexicano Isaí Moreno

Por David Campos

isaiEs narrador y ha cultivado el ensayo y la crónica. Tiene publicadas las novelas Pisot (Lectorum, 2000;  Malaletra Libros, 2011, galardonada con el Premio Juan Rulfo de Primera Novela en el año 1999) y Adicción (Planeta-Joaquín Mortiz, 2004). Es autor del libro de varia invención Partículas suspendidas (Ed. Fósforo, 2011, de próxima publicación). Sus cuentos han sido seleccionados para antologías como Cuentistas de Tierra Adentro y Yo no canto Ulises, cuento, además de ser publicados en revistas de literarias.

Antes de formarse en ciencias exactas en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, laboró en el oficio de la carpintería y como laboratorista clínico. En el año 2006 obtuvo el doctorado en Matemáticas por la Universidad Autónoma Metropolitana. Ejerció la docencia en matemáticas en la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. En el 2010 consiguió el grado de licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México con la tesis Hacia una estética de la destrucción en la literatura.

Es profesor investigador en la carrera de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y ofrece cursos y talleres literarios en centros culturales y el Instituto Nacional para la Cultura y las Artes.

Fue colaborador de columnas en Síntesis (de 1995 a 1998) y La Jornada(1997). Desde 1999 sus colaboraciones literarias y fotográficas han aparecido en revistas y publicaciones periódicas como Crítica, Cuaderno Salmón, Círculo de Poesía, Nexos, La Tempestad, Letras Libres, Cultura urbana, Tierra adentro y El puro cuento.

Reside en México D.F., donde combina la escritura con el aprendizaje de la fotografía.

P. ¿En qué momento decidiste que serías escritor?

R.A los dieciséis años, aunque mi inicio efectivo en la escritura fue francamente tardío.

P. ¿Qué libro fue el primero que dejó marca en tu estilo?

R. Creo que los Pequeños poemas en prosa (El Spleen de París), de Baudelaire. Es una obrita a la que siempre vuelvo con devoción.

P. ¿Cuál es tu relación con los números, las matemáticas?

R. Actualmente practico las matemáticas por mero hobbie, he dejado de ejercerlas profesionalmente, tanto en docencia como en investigación. Las matemáticas nos acercan a un mundo de inaudita belleza, equiparable a la que hallamos al leer una obra maestra de la literatura, de ésas que parecen descubiertas antes que creadas.

P. ¿Cómo nació la idea de Pisot

R. Pisot surgió como un experimento literario, cuando mi amigo físico y programador Enrique Zeleny colocó en mis manos un par de hojas impresas con el resultado de un algoritmo en el que se computaba cierta cifra descabellada, el número de Pisot. Casi al instante imaginé que aquello sólo podía provenir de la psique de un dios demente; quise novelar lo que me produjo ese hallazgo más las investigaciones que realicé en torno a los guarismos. Al final, acabé escribiendo sobre las motivaciones humanas que trascienden a quienes las protagonizan.

 P. ¿Cuál es la relación que ves tú como autor entre Policarpo y Marino?

R. Ambos son personajes entrañables para mí, unidos por la pasión y la locura.  Los dos personajes son presa inevitable y fatal del intelecto. A su modo, son seres que nunca dejaron de jugar, y eso, nunca dejar de jugar, es bastante peligroso: a decir de los psicólogos, engendra psicópatas con el complejo de dioses.

P.¿Cuánto tiempo tardaste en escribirla?

R. Demoré justo un año elaborando el primer borrador de Pisot en un taller literario. Trabajé con ella medio año más, antes de enviarla a concursos literarios.

P. ¿Qué fue lo que más se te dificultó durante la escritura de la historia?

R. En parte, diferenciar los tonos narrativos. Aprendí a dar voz al narrador de la segunda parte. También debí ser cauto para no engolosinarme con la erudición a la que me empujaba todo lo que investigué, eso se consiguió atendiendo las motivaciones propias de mis personajes, sus deseos más profundos, y concretándome en eso que Rulfo exigía a sus alumnos: usted narre.

 P. ¿Tienes algún pasaje preferido de tu novela?

R. Sí, el capítulo XIII, en el que se narra el terror de los mexicanos del siglo XVIII a la aurora boreal, la atmósfera previa a los crímenes de Policarpo de Salazar de Hurtado.

 P. ¿Qué ves de diferente entre la “satanización” de los avances en el conocimiento en 1752, año en que comienza tu novela, a la actualidad?

R. La gente fanática suele satanizar los avances radicales del conocimiento en esta época y las anteriores; no excluyo a las que vienen.

P. Contar los días, como contar palabras y cosas; al parecer, los números y las palabras están ligados desde un inicio inseparables.

R. Claro, los lógicos y los especialistas en el lenguaje lo saben antes que nadie. Y recordemos a Louis Carrol, a Nicanor Parra y Ernesto Sábato, entre otros.

P. Alguna frase de una de tus lecturas favoritas que sea tu favorita.

R. Tengo varias. Sigo decantándome por el inicio de Historia de dos ciudades, de Dickens: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto”.

P. ¿Qué sigue? ¿En qué nuevo proyecto trabajas ahora?

R. Por estos días sale de imprenta mi novela El suicidio de una mariposa, publicada por Editorial Terracota. Ahora he retomado una novela breve de título Orange Road, que delata lo vivido al interior de las sectas religiosas de corte milenarista apocalíptico.

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Elías David

Sostuvo en esta revista, hace tiempo, la columna de poemas Saudade que ahora retoma, ya sin saudade. Ha impartido en su ciudad natal talleres de creación literaria donde ha aprendido mucho. Textos suyos han aparecido en antologías regionales de su país y de Miami. Fue profesor de secundaria. Ahora sólo lee y escribe, o sea, no hace nada.