Entrevista a la escritora brasilera Nélida Piñón

Gonzalo Salinas

Nélida Piñón ha dedicado su vida entera a la literatura, la docencia, la escritura, la difusión cultural y el fomento de la lengua portuguesa en el mundo. Es hoy en día una de las más importantes escritoras del mundo. Ha publicado once novelas, cuatro libros de cuentos, tres libros de ensayos, un libro de crónicas, uno infantil, uno de memorias y numerosos artículos periodísticos y literarios en los más importantes medios de comunicación del mundo.

Ha sido profesora visitante de prestigiosas universidades, como Harvard, Johns Hopkins, Columbia, La Sorbona, Complutense de Madrid, e incluso ocupó la cátedra Henry King Standford en la Universidad de Miami, por nombrar algunas.

Ha recibido premios como el Jorge Isaacs, el Juan Rulfo, el Jabuti, el Marcelino Menéndez y Pelayo y el Príncipe de Asturias de manos del príncipe de España, por nombrar algunos.

Nélida Piñón fue la primera mujer de la historia en ocupar la presidencia de una academia de letras en todos los idiomas de la literatura universal, y fue electa como embajadora para Iberoamérica en el marco de la Constitución de Cádiz. Vive en Río de Janeiro y sigue escribiendo todos los días.nelida pinon felia del libro -2

Háblanos un poco de tus inicios en la literatura, aquella niña que en Río de Janeiro escuchaba las historias del abuelo Daniel.

Bueno, escuchaba las historias y también las contaba. En aquel entonces incluso las escribía y luego las vendía: se las vendía a mi padre. En esa época no había engrapador, así que me tocaba coser las hojas complementándolas con dibujos. Sin duda no era buena dibujando, pero en aquel tiempo, a mi corta edad, no solo me interesaba la parte creativa sino también que defendía mis derechos: los derechos de autor. Fue desde los siete u ocho años hasta los diez, más o menos.

Mi padre se quedaba enloquecido también, porque cuando llegaba a la casa él me quería contar historias, pero mi curiosidad y mis lecturas hacían que yo ya supiera lo que me iba a contar.

Comenzaste muy temprano tu formación académica.

Yo diría que a los siete años. Mi padre fue de gran influencia: de muy joven puso en mis manos un libro del gran Machado de Assis, y conociendo esa fascinación que yo tenía por los libros, en una gran librería de en el centro de Rio de Janeiro me abrió una cuenta. Entonces yo pedía cualquier libro y él lo pagaba a fin de mes. Me dio acceso a todos los libros que yo quisiera.

¿Qué leía esa niña por aquella época?

Aparte de los libros infantiles, a quienes yo llamaba los grandes mentirosos, me gustaban mucho Alejandro Dumas, Karl May… Mi padre me traía las colecciones de libros en español y en portugués de autores que hasta hoy amo. Mucha gente de mi generación menciona a Karl May como una influencia, un autor que escribió obras extraordinarias, sobre todo las famosas aventuras del Viejo Oeste con el indio Winnetou. A tal punto me capturaron estas novelas que en una parte de la saga el indio Winnetou muere y yo lloraba tanto que no pude terminar la lectura. Nunca acepté su muerte. Yo he aprendido muchas nociones de mi propia narrativa de Karl May. Todo tipo de lectura siempre es útil para el escritor: hasta hoy soy capaz de leer todo.

Si comenzamos por Machado de Assis, a quien consideras una de tus grandes influencias, ¿por dónde continuamos sobre los escritores que te han dejado huella?

Toda mi vida he sido una gran lectora de Tolstoi, de los rusos. La literatura clásica siempre me ha cautivado: Cervantes, Shakespeare, pero lo que ocurre cuando uno se acostumbra a los grandes de la literatura es que después no te entusiasma tanto lo que lees. Sin embargo, cuando te aventuras en un libro nunca debes dejar la esperanza. Leer a los grandes te da una alta visión de la literatura.

¿Te has encontrado con grandes revelaciones en la literatura contemporánea?

Yo no acepto cualquier literatura, y mis lecturas y mi propia escritura me da una visión clara de los pequeños fraudes de la literatura. Puedo notar cuando la gente escribe solo para ganar dinero, para vender o para ganar notoriedad, pero yo siento el texto, y sé de dónde vienen.

A mí no me importa que el texto tenga alguna precariedad, porque los textos se pueden corregir, pero sí considero fundamental que en él se refleje la pasión del autor. Cuando sientes en el texto la pasión del autor es una garantía de que el texto va a mejorar mucho. El amor y el coraje de escribir, el coraje de vivir la literatura va a mejorar tu talento.

Cuando estas escribiendo, ¿cómo abordas tu propio proceso creativo?

Cuando estoy escribiendo estoy en el centro de la vida, porque la vida no es lo que vemos: es mucho más que eso. Uno tiene que trabajar con todas las instancias de la vida, hay que saber reconocer lo visible y lo invisible, hay que estar muy atento, no ser negligente con la vida. Hay que prestar atención a todo,

Por ejemplo, yo soy una mujer, pero para mí no es suficiente con serlo: yo debo sentir todo lo que sienten mi personajes, debo meterme en la psiquis del hombre y de la mujer, saber de dónde provienen las conductas de mis personajes. Yo no puedo quedarme en el ámbito de la mujer: debo rodearme de todo lo que representa el hombre desde lo más interno si mi personaje es hombre. Con el oficio he logrado internalizar la creación convirtiéndome en mis personajes. Lo único que no me gusta es escribir las patologías, me cuesta mucho. Me siento a gusto invadiendo el cuerpo del hombre, su mente, su psiquis, pero las patologías no se me dan fácil al escribir. Por ejemplo la pedofilia, las cosas de enorme crueldad humana, las patologías horrendas, me cuesta escribir sobre ello, y creo que no solo a mí sino a cualquier autor. Las patologías o los actos severamente crueles, como una violación, me causan un horror tan grande que tengo dificultad de ubicarme dentro de ese personaje. Es un desgarramiento.

Tú creciste y has desarrollado tu carrera paralelamente con el boom.

Hay personas que dicen que soy del boom, pero yo no me siento del boom. Por ejemplo, el boom no tuvo brasileños, no tuvo mujeres. El boom fue extraordinario, pero no abarcó toda América Latina. El boom se constituyó de muy poca gente. Fue el reconocimiento de grandes autores, pero hubo más cosas en América Latina. Los brasileños no están, la literatura brasileña se mantuvo alrededor en forma periférica.

Las lecturas de lo sagrado y lo canónico están presentes siempre en tu obra, como en tus comentarios a la Sara bíblica, o tu replanteamiento de Scherezada en Voces do Deserto.

Scherezada es un inmenso símbolo de la imaginación humana, un saber que viene de muy lejos y es representado a través del talento de la mujer. La mujer en la historia ocupaba un lugar secundario. Las grandes escuelas del mundo se han abierto a las mujeres de forma reciente.

¿Hay una reivindicación de la mujer en tu obra?

No, yo no creo que la literatura reivindique: la literatura narra, y por supuesto que en la narrativa hay un proceso crítico, y a través de la literatura tú puedes examinar. Si vemos la Anna Karenina de Tolstoi, la Emma Bovary de Flaubert, son las grandes adúlteras de la historia, pero si hacemos una segunda lectura, ¿qué le puede interesar el adulterio a alguien? Nada, pero interesa la forma como se narra, y cómo el adulterio era percibido en ciertos medios sociales. Tras todo ello hay un juego de poder. Uno romantiza la realidad, creando una nueva mitología.

La república de los sueños es probablemente tu novela más celebrada. Es la saga familiar donde se ven todos los conflictos humanos. En ella hay un poquito de la historia del siglo XX, de la historia de Brasil, del contacto entre el viejo y el nuevo mundo. Allí, sobre todo, esta la narración del personaje entrañable de Breta. ¿Cuánto hay en ese personaje de Nélida Piñon?

Yo me identifico con Breta, pero en realidad mi identificación es con todos mis personajes. Hay muchas coincidencias entre Breta y yo, me gusta Breta, el personaje de Madruga. Me gusta su prepotencia, es un personaje redondo, muy hombre. Yo cuando escribo y creo esos personajes debo imaginar y sentir cada una de las cosas que sienten. De la forma en que Breta cuenta su historia, yo cuento mi historia. Yo tengo que ser todos mis personajes.

Todo esto que te estoy contando se puede ver en mi último libro, que acaba de salir publicado en Brasil. Todavía no está en español, pero ya saldrá la traducción. Se llama El libro de las horas.

En la primera etapa de tu obra hay mucho movimiento de personajes, mucha historia entretejida, mucho énfasis en la novela y el relato, y en los últimos años tu literatura va variando hacia un punto más reflexivo, más explicativo de la realidad y orientado al pensamiento.

Sí, y me parece excelente que lo hayas notado. Lo que pasa es que yo soy una mujer que vive encantada con el acto de pensar, el pensamiento siempre me ha fascinado. Muchas personas me han dicho: “Nélida, escribe ensayos”, y yo no quería hacerlo, hasta que al final me animé. Mi literatura ha tomado ese rumbo, pero tengo además vocación de enseñar. He enseñado en la universidad en Río, tuve una cátedra en la universidad de Miami por trece años, he sido profesora visitante de Harvard, de Columbia University, de Johns Hopkins, de Georgetown University, he hablado en grandes universidades del mundo. Pensar me fascina, y lo hago con una naturalidad que a mí misma me asombra. Pensar para mí se ha convertido en un ejercicio natural. La editorial me ha propuesto un nuevo proyecto: quiere hacer un libro con mis pensamientos, un texto que tenga frases mías, como un libro de aforismos.

Si bien es cierto que La república de los sueños es una historia redonda, puede leerse también de forma fragmentada, porque hay pedazos de Brasil, pedazos de Galicia, el pasado el presente, lo lacerante, las constantes nuestras de la historia… La república de los sueños es también la historia de América Latina.

Yo tuve la intención inicial de conectar la novela con la historia de Brasil; sin embargo, con el pasar del tiempo me fui dando cuenta de que hay mucho del resto de países en mi novela. Yo fui una mujer siempre muy enamorada de América Latina, incluso antes de que estuviera de moda hablar de América Latina como una gran región. Siempre tuve un conocimiento profundo de todas las Américas. Yo tenía la intención de hacer una novela total, una novela que pudiera hablar de Brasil y sus orígenes, y también del resto del mundo. Primero traté de incluir a los viajantes del siglo XVIII que fueron a Brasil, pero ellos de alguna manera llevaban un punto de vista sesgado, puesto que su intención era hacer dinero y volver, pero cuando eres inmigrante ya no hay vuelta atrás. Tú llegas al nuevo sitio para morir, y tienes la certeza de que llegas a un país generando una desconfianza, porque cuando eres nuevo. ¿Quién eres? Un pasaporte no dice nada. En tu país de origen no tienes necesidad de explicar nada, porque compartes todo: eres parte del subconsciente colectivo. A mí me pareció fascinante explotar la visión del inmigrante que llega a Brasil: exploto el concepto de que el inmigrante ha salvado a la civilización y que posee una lealtad, una devoción profunda a su país y a su gente, a su familia, mandando dinero. ¡Cuántas economías en el mundo se sustentan hoy con las remesas!

El inmigrante arquetípico en la novela es Madruga, el gran patriarca de La república de los sueños. ¿Cómo podemos leer, por ejemplo, a un personaje tan complejo como Madruga en una ciudad como Miami hecha de inmigrantes?

Cada vez es más complejo: conforme pasa el tiempo se van perdiendo los nexos con el país de origen. El inmigrante se convierte en ciudadano, los políticos van buscando su voto, comienza a variar la agenda del inmigrante. Las condiciones de inmigración hoy son distintas, sin embargo existen patrones comunes. La situación debe verse de una manera diferente. Existe una inmigración clásica, en donde la persona se adapta al nuevo lugar, trayendo sus costumbres. El inmigrante no tiene un conflicto amoroso con el país en el que vive, y sabe que no volverá a su país de origen. El inmigrante se da el lujo de la liberalidad, pues trae un ser diferente a un lugar nuevo y busca una identidad. Y no es raro que el hijo de un inmigrante sea conservador, porque él tiene que dar pruebas de que de ninguna manera traicionaría los valores del país que recibió a su familia, y no da señales de cambio, porque los cambios se pueden traducir como una deslealtad al nuevo país.

En tu obra se trasluce la gran dicotomía del uno y el otro: la mirada del otro está muy presente cuando haces tus lecturas de las cartas persas. ¿Consideras que el lugar que ocupa el uno y el otro puede variar y los elementos cambiar de lugar?

La alteridad es fascinante. El lugar del otro siempre ha generado gran desconfianza y prejuicio, el ejercicio de la alteridad es difícil, porque cada espacio posee su propia identidad: desde un partido político a una nacionalidad. Los antiguos griegos llamaban al extranjero bárbaro sin importar su nacionalidad. Hoy, el significado de bárbaro se ha convertido en negativo. El inmigrante es el mayor ejemplo del otro, y la sociedad le exige muchas pruebas de lealtad y competencia para cambiar de lugar en la alteridad.

La presencia de la memoria es uno de los elementos más constantes en tus novelas, los personajes casi siempre se conectan con algún puntos fuerte del pasado. ¿Por qué tanto énfasis en la memoria en tu obra?

Es simple: no se vive sin memoria, no hay historia sin ella. Nosotros aparentemente nacemos sin memoria, pero en realidad heredamos la memoria de una familia, de una cultura, nuestros juegos son memorias, nuestra cultura y nuestro comportamiento, la memoria es didáctica, la memoria te ayuda a sobrevivir. Hay memorias nacionales, personales. De hecho el punto de partida de la literatura es la memoria. Siempre vivo en constante trabajo de la memoria porque a partir de ella es que construimos todo, tener memoria es estar vivo.

Nélida: has dedicado toda tu vida a la literatura, y muchos de nuestros lectores son jóvenes que desean dedicarse a la literatura por sobre todas las cosas, a escribir por encima de cualquier circunstancia. ¿Qué les dirías tú?

Les diría que se olviden del mercado. Hay que escribir pensando en lo que quieres decir, pero si piensas en el mercado ya estás condenado. No puedes vivir con seguridad, y ¿cómo vas a escribir un libro con seguridad? Lo que está pasando con muchos escritores hoy en día es que están pensando cuánto van a ganar. Eso afecta la fluidez de la narrativa; en ese caso el trabajo queda comprometido con la ambición del mercado. Tu literatura se pone en peligro si la comprometes con cualquier cosa. El caso que siempre recuerdo es cuando García Márquez le dijo a su esposa Mercedes: “El problema es tuyo, yo me voy a escribir”. Pudo haber fracasado, pero no fue así.

No importa cuál sea la circunstancia: el escritor joven no debe dejar de darse esa oportunidad de escribir, porque si un escritor joven le tiene miedo al mercado o teme el hecho de cómo va a vivir; puede ser que en el futuro gane mucho dinero, pero se convertirá en un pobrecito con dinero porque no cumplió su sueño literario, y en el fondo de su alma, por más dinero que gane, será muy pobre.

La vida me ha dado mucho y yo también le he dado mucho a la vida, pero he entendido que cuando se trata de la literatura no hay que tener miedo: hay que rebuscar en el corazón de uno y buscar el ingrediente más importante del escritor: la pasión. Por supuesto, trabajando duro, con determinación, enfocándote en el proceso creativo y sin mirar el resultado final, porque si no te enfocas en el proceso creativo nunca llegarás al resultado final. Pero a ello se llega con pasión, solo con pasión.

Nélida, ¿cómo te gustaría ser recordada?

Me gustaría que la gente me recuerde como  una mujer que se enamoró de su idioma, de su país, de su condición de ser humano, y sobre todo, de la literatura

© 2012 – 2013, Gonzalo Salinas. All rights reserved.

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Gonzalo Salinas

Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.
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