Entrevista a Ernesto Sánchez: no porque sean ensayos académicos es justificación para dormir al lector

A contra corriente de la inmaculada percepción de lo que aún hoy se conoce como literatura Ernesto Sánchez Pineda no tiene empacho en responder: “ser escritor no es algo que me tome con la seriedad que debería”. Para el nacido en 1982 en San Luis Potosí (México) el placer es el motor de sus acciones vitales, entre ellas la creación literaria. Desde ese refugio, de hedonismo y gozo va tejiendo los cuentos que lo han llevado a figurar en las importantes antologías de Punto de Partida (UNAM, 2016), Fonca (2016) y Variopinto (Vocho Amarillo, 2017). Del mismo modo ha sido beneficiario, como joven creador, de  la beca del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes (Feca) y, en 2015, del apoyo que otorga Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca).

Sánchez Pineda también desarrolla una destacada labor en el ámbito académico. Como doctorante del Programa de Estudios Literarios de El Colegio de San Luis  y como profesor de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí sabe muy bien de las diferencias entre creador y escritor y contesta con el mismo tono sardónico, donde se esconde la maleficencia de la crítica:

“La principal diferencia es que al ser académico el fruto de lo que se hace está dirigido para un público cada vez más especializado, y eso implica hacer un trabajo desvalorado por las multitudes, que al mismo tiempo exige mucho tiempo, concentración y soledad. Por lo que, si no hay una verdadera pasión por lo que se investiga, se termina por presentar mediocridades sólo para poder ajustar los requisitos para poder presentarte como tal, resaltando el grado o distinción adquirido de manera más reciente. En ese sentido es bastante desgastante. Sin embargo, la ventaja, siempre, son esas horas en el salón de clases, pues la docencia, desde que empecé la carrera de Letras, en la Universidad de Guanajuato, fue mi objetivo principal.

“Por otro lado, para mí, ser escritor no implica ninguna de estas contrariedades entre academia y creación. El reconocimiento que te concede es significativamente más amplio que el de académico. Como no es una línea que persigo con la seriedad que debería, todo lo que hago lo hago por placer, lo que me permite escribir lo que quiero en el momento en que quiero y dejar los textos a veces por meses o años para retomarlos y reescribirlos. Y aunque en las dos profesiones se requiere un buen grado de creatividad (vamos, no porque se escriban ensayos académicos es justificación, por más grados que tengas, para dormir al lector) la ficción te da una libertad extraordinaria y te conviertes en el arquitecto de esos pequeños universos”.

XB: Muchas veces, tus cuentos se centran en lo anecdótico, pareciera que no pasa nada en tus historias y, sin embargo, la nostalgia parece nutrir tus textos, ¿cómo defines tu propuesta?

ES: Sí, creo que no se puede hablar más que a partir de la experiencia. Pero, sinceramente, no considero que mi vida sea interesante como para escribir sobre ella, sólo que hay cosas que llegas a ver o escuchar y que son detonantes, motivos para crear una historia en torno a ellas. Así, un recuerdo, una escena, un rostro, un gesto, una fotografía se convierten en mi pretexto para escribir.

La parte nostálgica no la puedo evitar pues, generalmente, mis relatos regresan la mirada a una época que entiendo mejor que estos tiempos caóticos en los que transitamos. Y si dan la sensación de que no pasa nada, tal vez sean porque a veces prefiero que el lector encuentre en la lectura una sensación, una experiencia, más que una historia lineal, algo que me atrapó mucho cuando leí los cuentos de Etgar Keret.

Por lo mismo, creo que mi propuesta siempre es caótica. He visto que hay guías en internet y talleres que recomiendan armar los libros a partir de un tema o un espacio, yo aspiro a que cada cuento se sustente por sí mismo, aunque a veces repito personajes o escenas en diferentes historias. Es decir, lo que más me importa es tratar de transmitir eso que siento cuando escribo, a veces puede parecer coherente, otras veces no, pero espero que la gente se identifique o identifique los guiños, los tonos, etc., ¿no es eso el gran anhelo? De cualquier forma, todo es lúdico, incluso lo que es serio.

XB: Has obtenido la beca Fonca como joven creador, el máximo apoyo que puede alcanzar un escritor mexicano antes de los 35 años de edad; las asesorías, la relación con los otros autores y tu entrada en el sistema cultural mexicano, ¿cómo se ha reflejado en tu trabajo como creador?

ES: De la importancia de las cosas a veces no me doy cuenta. La beca Fonca fue una de esas, mis amigos del doctorado, tú, Anuar Jalife, pero sobre todo Luis Alberto Arellano me hicieron notar lo relevante que es este apoyo. Por lo mismo, me sentí comprometido a hacer un buen trabajo, lo que no fue para nada difícil, pues las asesorías, a cargo de Mónica Lavín y Marcial Fernández, me ayudaron bastante. Mónica fue muy puntual con sus comentarios, te señalaba en el texto las cosas al momento de tallerear; Marcial, por otro lado, me mandó comentarios de dos textos y los cambios que él haría (después de todo es editor); ambas formas de sugerir me ayudaron bastante y terminé apreciándolas bastante.

También el apoyo de mis compañeros fue fenomenal, hicimos un grupo sólido, nos comentábamos sin tapujos, siempre con buenas intenciones y creo que eso nos favoreció bastante. En los talleres fuimos atentos y por los pasillos, después de unas copas, gritaban al unísono “Cuen-To”, como chicos de secundaria. Mis otras amistades, ustedes y los marginales, también me ayudan mucho en la escritura, pues cuando tienen tiempo le dan leídas a lo que voy a haciendo y me van apuntando qué es lo que les agrada y lo que no. Después de todo es una beca que te ayuda a desarrollarte. Lo que sí, es que después de eso me han invitado a ferias y eventos en los que antes no solía participar.

XG: ¿Cuáles son tus nuevos proyectos literarios?

ES: En realidad, son los mismos, estoy haciendo desde hace tiempo tres libros de cuentos, pero no los termino. Uno es de cuento breve, otro sobre historias que ocurren o se desprenden de un complejo de condominios en diferentes tiempos, y otro versa sobre cosas que suceden tras la barra (entendida como la barra de una cantina, barra de un mostrador, barra de la cárcel, etc.). Este último, creo, ya cumple más con la norma de acomodar todo de acuerdo a un tema, y he batallado bastante.

XB: Siendo potosino y con el centralismo que se ha impuesto en el país desde su nacimiento, ¿tú consideras que hay aún una diferencia entre ser escritor de provincia y escritor del DF?

ES: Sí, la vida en la capital es más activa. Ahí es donde están las grandes editoriales y pasan los grandes eventos. Hay también más competencia y mucho más gente. Como te digo, ser escritor no es algo que me tome con la seriedad que debería, tampoco es que esté buscando espacios para darme a conocer a diestra y siniestra. Si se dan las cosas bien, si no da igual. Lo que sí es que San Luis Potosí tiene una parte muy activa en estos momentos culturalmente; empezó hace algunos años, tú lo viste, con varias presentaciones y eventos que comenzaron a desarrollar ustedes junto con Luis Alberto Arellano y, claro, Jorge Humberto Chávez. Esto, y la diferencia (de cantidad no de calidad) de los escritores en ciernes sirve para que los que estamos incursionando encontremos un lugar. Ahora, que si lo que se busca es un reconocimiento nacional, una de dos, o se trabaja mucho o se muda a la Ciudad de México a buscar entrada por allá.

XB: Recomiéndanos tres escritores mexicanos que creas imprescindibles leer:

ES: Casi no leo autores contemporáneos (lo sé, es una falta grave), así que mis lecturas son viejas pero no por ellos pierden vigencia. Creo que los que disfrutan los textos breves deben leer a Julio Torri y Carlos Díaz Dufoo Jr., autores depurados que saben utilizar la fugacidad en su favor; también creo que Jorge Ibargüengoitia es otro autor que todos deberíamos leer y releer, pues el humor, creo, es una de las formas más precisas para desnudar la realidad. En sí, hay que leer todo lo que se atraviese en tu camino, todo deja algo.

XG: En México existe una relación casi natural entre escritores y cantinas. Tú eres un buen bebedor, ¿cómo percibes esa relación? ¿Se da dentro o fuera del papel?

ES: He tomado desde los quince años, casi sin parar. Mi relación, sin embargo, con el alcohol siempre ha sido de juerga y nunca motivo, como en muchos otros, de depresión o ansiedad. Soy un ser curioso, por eso me llaman la atención las cantinas. Porque en las cantinas siempre se es un forastero. Hay habitantes que ahí residen y tienen sus roles y sus espacios y sus tiempos. Cuando uno entra debe respetar eso, acoplarse al ritmo de cada lugar. Los ademanes que ahí se dan me llaman la atención, los silencios y las pausas entre trago y trago me intrigan y me ponen a idear. Sin embargo, casi nunca escribo cuando estoy tomando, pero cuando lo hago casi siempre tengo que corregir el 99 por ciento de lo que he hecho. Entonces, creo, que la relación entre el alcohol y la escritura tiene que ver más con la experiencia que me deja que con la desinhibición que provoca en el momento.

XB: ¿Si pudieras elegir con quién echarte unos tragos a qué escritor, vio o muerto, invitarías?

ES: Si pudiera echarme unos tragos sería, sin duda, con Luis Alberto Arellano y con Eusebio Ruvalcaba, ambos grandes pisteadores, amigos, que nos acaban de dejar con la caguama destapada.

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Xalbador Garcia

Xalbador Garcia

XALBADOR GARCÍA (Cuernavaca, 1982): Doctor en Literatura Hispanoamericana, escritor y periodista mexicano. Es autor de Paredón Nocturno (UAEM, 2004) y La isla de Ulises (Porrúa, 2014), y coautor de El complot anticanónico. Ensayos sobre Rafael Bernal (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2015). Ha publicado las ediciones críticas de El campeón, de Antonio M. Abad (Instituto Cervantes, 2013); Los raros. 1896, de Rubén Darío (Colsan, 2013) y La bohemia de la muerte, de Julio Sesto (Colsan, 2015).

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