Ensimismada correspondencia

Pablo Gutiérrez.

Editorial Lengua de Trapo.

157 páginas.

Me reconcome pensar que mientras yo sondeo angustiado mi cerebro, a ver si encuentro una neurona talentosa con algo que decir, que mientras peleo, palabra a palabra, teclita a teclita, por ganarme un par de visitantes más para mis reseñas o para mis crónicas ficticias o  para las demás secciones, aún más meritorias, que aportan otros colaboradores en esta revista, hay autores como Pablo Gutiérrez, tan solo un año mayor que yo, que escriben como escribe Pablo Gutiérrez. Qué mala es la envidia. O qué buena, si se expresa en su dirección adecuada.

La prosa de Pablo Gutiérrez (Huelva, 1978) es de una perfección tal que se antoja inalcanzable. Otro mundo. Es marciano, este hombre. Por algo fue incluido en la selección de Granta en español siendo, de todos ellos, el autor menos ruidoso. Tuvo que ser por la prosa, sí. La prosa.

La prosa es objetiva. Otro cantar son los temas, que ahí todos tenemos nuestras preferencias, debilidades y obsesiones. Otro cantar es entenderse con sus puntos de vista, que ahí todos tenemos nuestros maestros, nuestras ideas y nuestras lecturas. Pero la prosa… La prosa es incuestionable.

Ha escrito, Pablo Gutiérrez, dos novelas anteriores a esta colección de relatos. La primera, Rosas, restos de alas. La segunda Nada es crucial, premio Ojo Crítico, muy aplaudida. No he leído ninguna de las dos, y eso también me reconcome. También me reconcome escribir una reseña para acabar reconcomido, y es que, coño, así somos.

Ensimismada correspondencia reúne diez cuentos de factura esencialmente lírica. Una literatura de tacto, de vals y de aromas: sensualidad en las metáforas, en las imágenes y en la sintaxis. Me ha recordado, por la cadencia misteriosa, las frases largas, las subordinadas elegantes, a Juan Carlos Onetti. Otros reseñadores más leídos que yo hablan de Umbral. Puede ser. Pero estoy seguro de que los fieles lectores de Onetti disfrutarán de Ensimismada correspondencia.

‘En la estrecha balsa de mi cama finjo que soy Cristo Yacente.

Mis piernas forman el ángulo de su figura, mis manos caen inertes en los costados, mi boca entreabierta contiene la Santísima Expiración. Sin vida, los globos oculares asoman entre los párpados, el pijama se enreda en la cadera como un sudario, el estampado de la sábana son los lirios sobre los que la talla descansa, escucho pasos que arrastran suelas de goma, ras, ras.’

Al recorrer el libro, el lenguaje es tan bello que uno apenas se percata de que está atravesando un freak show. Más que historias, el lector contempla una pequeña galería de perdedores, aunque no se note, esperpénticos. Los hay verdaderos, como el Gil de Biedma de Ultramort. Los hay comunes, como la adolescente nietzschiana  de Búsqueda.doc. Los hay más atípicos, como el jugador profesional de baloncesto de Gigantomaquia. Los hay irreverentes, como el catequista de Virgen de las aguas, reprimido hasta la patología. Pero todos ellos comparten el extravío en mitad de un desierto vital, provocado por el tedio, por la soledad o la culpa o la tristeza o la frustración… o algo que no saben qué es.

‘…querido, no encontré la causa del daño ni la forma de espantarlo, de poco sirvió la estrategia de situarte a Ti en el origen de esta falta de plenitud, la mitificación fue un ejercicio de supervivencia frente al rugoso Marco, la tristeza me condujo a  una lucidez incómoda, pobre vieja loca de piernas bonitas, en el valle como crótalos las esquilas.’

‘Una lucidez incómoda’. Ahí es donde pueden situarse todos los personajes de Ensimismada correspondencia, como punto de partida. Y, después, con semejantes dotes para la sensibilidad en la observación y la delicadeza en la escritura, Pablo Gutiérrez sólo tiene que tirar del hilo de cada uno de los personajes que propone. Así, las historias brotan solas, y brotan densas, melancólicas y amargas. Como microscopios que escudriñan los más pequeños objetos para hacerlos partícipes de la tristeza de los protagonistas.

‘…es mejor asumir ciertas cosas, asumir, por ejemplo, que no llevarás a cabo ninguno de los descabellados planes que albergaste, que no vivirás en ninguna de las ciudades en las que fuiste curioso turista, que no conocerás a nadie tierno y luminoso que mágicamente sienta una fascinación irreprimible hacia ti y te dé besos en público que te avergüencen.’ 

‘…me asusta pensar qué cosas  me atreveré a hacer conmigo, la única persona a la que puedo amar y apretar y putear de veras.’ 

‘Pero cuando se tumba encima no hay manera de moverlo, como un ancla, boom, no hay forma, estoy a su merced, cierro los ojos y me concentro para que no me salga por el ombligo, me tapo el ombligo con las dos manos.’

Ensimismada correspondencia es un libro para leer con lápiz y cuaderno. Para detenerse en los mejores párrafos y disfrutar de la sintaxis y asombrarse con lo que puede llegar a dar de sí el castellano. Para asimilar despacito, con los ojos bien abiertos, preparado para mirar, escuchar, tocar y oler. Coloquen este libro en su estantería y presuman de haberlo leído.

 

 

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Paco Bescós

Paco Bescós

El huso horario Greenwich Mean Time (GMT) fija que, aquí en Europa, las cosas pasan unas cinco horas antes que en América. Así que vi la luz cinco horas antes que un americano nacido el 21 de enero de 1979. Me licencié cinco horas antes en la Universidad de Navarra y tengo cinco horas más de experiencia en mi profesión, la publicidad, que mis colegas americanos. También soy cinco horas más viejo, cinco horas más listo y moriré con cinco horas de antelación. Como nada de esto es cierto ni inteligente, nada de lo que escriba sobre Europa en esta sección será inteligente ni cierto. Pero lo haré cinco horas antes que mis compañeros.