#ElAlmaPorElPie: A cincuenta años de cien años: Gabriel García Márquez y los 29 pesos

 

En esta entrega de “El alma por el pie” nos enfocamos en el nombre, casi marca registrada Gabriel García Márquez. No sólo se asocia con la novela hispanoamericana de más reconocimiento entre la crítica y el público, sino que también es sinónimo, como lo saben sus lectores, de una variada gama de anécdotas: sabemos del hijo de un operador de telégrafo y de una hija de un coronel, criado por sus abuelos en Aracataca, pueblo costeño del Caribe, donde recoge del ambiente geográfico y de las historias de su abuela la materia prima para sus narraciones; “en cada rincón había muertos y memorias”, recordaría luego. Conocemos al entusiasta del cine que quiere ser guionista pero vuelve desencantado de Cinecittá, en Roma, y se muda a México en los años sesenta para entender finalmente, como él mismo diría, que “no hay acto más espléndido de libertad individual que sentar[se] a inventar el mundo frente a una máquina de escribir”. Y nos enteramos del amigo de Vargas Llosa que es sorprendido por una trompada del peruano a la salida de un cine en Ciudad de México, trompada que alivia Elena Poniatowska poniéndole un filete de carne sobre el ojo maltrecho. No cabe duda que con estas anécdotas, alguien compondrá una especie de Otros cien años de soledad, tal como si estuviéramos frente a la saga de Star Wars. De todas ellas, elijo una a propósito de la novela y a la que este año le celebramos su quincuagésimo aniversario.

Gabo ha acabado la novela. Son 500 páginas. Con su mujer Mercedes Barcha llega a la oficina de correos de la Ciudad de México para enviarla a Buenos Aires al editor Francisco Paco Porrúa quien, por recomendación del escritor argentino Tomás Eloy Martínez, ha aceptado publicarla. El empleado pesa el libro, es decir, pesa la literatura. Y dice:

—Son 82 pesos.

Los esposos se miran; buscan en sus bolsillos. Y uno de ellos, no importa cual, porque en ese momento son uno, dice:

—Apenas tenemos 53 pesos.

Imagino la mirada del empleado de correos mexicano, serio, de gesto adusto, aplicado a su trabajo de guardián infranqueable de la literatura. Imagino a Gabriel y a Mercedes, tensos, dubitativos, con cara de: ¿Y ahora qué hacemos?

Faltaban 29 pesos. Podríamos hacer dos preguntas básicas aquí: ¿Cuánto vale una obra literaria? Que no es lo mismo que: ¿Cuál es el valor de una obra literaria? Y así podemos seguir preguntando sobre el valor: ¿Se mide en pesos mexicanos? ¿En tiraje de ejemplares? ¿En ventas? ¿ O en ratos de felicidad y asombro de los lectores?

Podría haber sido el final. El matrimonio podía haberse dado la media vuelta y regresado a su casa, para volver otro día o, tal vez, para no volver más. El empleado podía haber dicho que aceptaba el paquete igual y luego podía haberlo tirado a la basura. O quizás, ese mismo empleado, en otro pasado alternativo, recogiera la novela prometiendo envío, y no la enviara nunca, encerrándose a leer y quedando atrapado en el mundo mágico creado por el García Márquez real. O, yendo un poco más lejos, tal vez todo es mentira y García Márquez fue un empleado de correos que recibió de un escritor ahora olvidado la novela de 500 páginas, lo avergonzó por no tener dinero suficiente y aprovechó la humillación para hacerse del fajo de hojas que le daría fama inmortal.

Pero no fue el final. Gabriel y Mercedes pensaron rápido. Y resolvieron: calcularon y ¡mandaron la mitad de la novela! Salieron ganando, porque sobraron 8 pesos.

Lo otro es ya conocido: el 30 de mayo de 1967, la editorial Sudamericana de Buenos Aires publicaba Cien años de soledad. Se tiraron quince mil ejemplares que se agotaron en quince días, como para conservar la simetría. Traducciones a más de cincuenta idiomas, más de cien ediciones y cuarenta millones de ejemplares vendidos, el premio Nobel de literatura en 1982. Números fabulosos de una novela fabulesca.

Una edición con dibujos de la chilena Luisa Rivera celebra el medio siglo del libro más famoso de García Márquez.

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Pablo Brescia

Pablo Brescia

Pablo Brescia vive desde 1986 en Estados Unidos. Ha publicado los libros de cuentos Fuera de lugar (2012) yLa apariencia de las cosas (1997) y el libro de textos híbridos No hay tiempo para la poesía (2011), este último con el pseudónimo de Harry Bimer. Sus relatos han aparecido en revistas literarias, suplementos culturales y portales de Internet de España, Estados Unidos, México y Perú; participó, además, en antologías como Pequeñas resistencias 4. Antología del nuevo cuento norteamericano y caribeño (2005) y Se habla español: voces latinas en USA(2000), entre otras. Se desempeña como profesor e investigador de literatura latinoamericana en la Universidad del Sur de la Florida. Como crítico literario, es autor de la monografía Modelos y prácticas en el cuento hispanoamericano: Arreola, Borges, Cortázar (2011) y co-editor y contribuyente de varios libros, entre ellos El ojo en el caleidoscopio: las colecciones de textos integrados en la literatura latinoamericana (2006) y Borges múltiple: cuentos yensayos de cuentistas (1999).  Su blog es Preferiría (no) hacerlo http://pablobrescia.blogspot.com.

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