El Sueño del Celta

Mario Vargas Llosa

Editorial Alfaguara

Páginas: 464

Cuando un escritor de la calidad de Mario Vargas Llosa escribe sobre temas universales, aun cuando la imagen total de su obra no logre una estética llamativa o novedosa, encontramos que se ha escrito una buena obra. Hay escritores a los que antecede la fama de tal manera, que logran que les escuchemos (o en este caso, que les leamos) hasta la última página. Presuponemos que el libro nos dejará temas de qué hablar y reflexionar, además del esperado disfrute literario, por mínimo que sea.  Sobre todo si se trata de Mario Vargas Llosa, ahora reconocido con el premio nobel.

Para la novela “El Sueño del Celta”, Vargas Llosa toma como punto de partida la visión que Joseph Conrad?El Corazón de las Tinieblas?tuvo de Roger Casement, prócer del movimiento independentista de Irlanda en los primeros años del siglo XX. El escritor, realiza una investigación histórica acerca del personaje y sus tres grandes luchas anti-colonialistas: el Congo Belga, el Amazonas Peruano y su propio país, Irlanda. Y luego compila todo lo encontrado en una versión novelada de Casement y su contexto histórico, a lo largo de la cual va mostrando diversos temas universales como la capacidad de crueldad de los seres humanos, la esclavitud, los prejuicios raciales, la participación de gobiernos e instituciones religiosas en los procesos de expansión de imperios políticos y comerciales, el patriotismo y las ideas independentistas: todos ellos, temas que continúan siendo de gran actualidad un siglo después de los hechos que se narran.  Roger Casement, un héroe poco conocido fuera de las fronteras de Irlanda y Gran Bretaña, se convierte en el eje o excusa para exponer estos temas.

Si bien el estilo de Vargas Llosa en esta novela no resulta notable, sino más bien bastante repetitivo y falto de recursos estéticos, es de común opinión que el personaje de Casement está bien delineado, con suficiente profundidad psicológica. Se denota un Casement al inicio de la aventura en el África y otro muy diferente al momento de entregarse a la lucha por la causa irlandesa. El funcionario diplomático que llega al Congo Belga es un hombre de fieles creencias en la colonización como herramienta de progreso de los pueblos y en las instituciones que llevan a cabo dicha empresa. Conocer allí la realidad de los maltratos, la cadena de abusos y la hipocresía de los gobiernos le abre los ojos. Toma entonces el poder que tiene como agente gubernamental para encabezar la demanda internacional al reino de Bélgica. Su éxito le lleva a un nuevo encargo como diplomático, esta vez en Perú.  Pero esta segunda tarea le deja un sabor de boca aun peor, al descubrir con el paso del tiempo las falsas promesas de la compañía de Arana y la poca o nula autoridad del gobierno local para poner orden en la zona y defender a sus propios habitantes. No hay, al parecer, ninguna salida legal al asunto: este es el pensamiento que despierta en él la justificación de los alzamientos en armas como única vía de liberación de los oprimidos.  Así, rechaza toda nueva orden de Gran Bretaña para abrazar su propia causa de liberación: la del pueblo irlandés, lo que le vale, por supuesto, el título de traidor para el imperio británico y para muchos de sus compatriotas, y la cárcel.  De agente defensor del orden y los derechos universales, a rebelde estratega militar en pro del orden y los derechos de Irlanda.

Parte de la descripción de este personaje es su preferencia sexual, la que Vargas Llosa ubica sobre todo cada vez que Casement salía del territorio conocido y se abría paso en tierras “salvajes”. Para el contexto de la época, la homosexualidad no era precisamente una cualidad del ser humano, y es justamente en base a cierto diario (de autoría no comprobada) que Inglaterra basa el último de los argumentos en contra de Casement para evitar que fuera perdonado.

La descripción de este personaje también se lleva a cabo mediante su relación con las religiones y las últimas reflexiones espirituales antes de ser ejecutado, así como por medio de la relación con el Sheriff de la prisión: una manera de enfrentar el verdadero drama humano, aun el del enemigo. Refiriéndose al Sheriff, Casement afirma: “Es un buen hombre. Perdió a su único hijo en la guerra y ha quedado medio muerto de pena, él también”.

Y aquí vale la pena referirnos a la cita de Rodó con que inicia la obra, que es precisamente la clave de esta historia y de Casement como héroe o anti-héroe: “Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos”. Y complementarla con la afirmación de Alice: “Nada es blanco y negro, querido.  Ni siquiera en una causa tan justa.  También aquí aparecen esos grises turbios que todo lo nublan”.

AinaraMantellini

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.