El silencio del libre albedrio

Augusta Cornejo

La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad;
por eso no preguntes por quién doblan las campanas: están doblando por ti, Connecticut…

 

Al igual que millones de personas, estoy de duelo.

Lo que ha ocurrido en la escuela de Connecticut me ha dolido como nunca antes otra tragedia. Paso de la infinita tristeza a la indignación, de la indignación al llanto, del llanto a la incredulidad, de la incredulidad a la cólera. Es imposible que entre en mi cabeza la idea de que alguien sea capaz de matar a sangre fría a niños de cinco a diez años. Simplemente, no lo concibo.

Este hecho me llevó una vez más a cuestionar al famoso dios y sus incomprensibles designios y dejé mis dudas en las redes sociales: “Si dios existe —y pongo énfasis en el condicional— entonces no tengo duda de que no es todopoderoso”, afirmé. Las respuestas fueron previsibles: el tristemente célebre libre albedrío fue la explicación para justificar que dios —sí, dios con minúsculas: hoy no se merece las mayúsculas— no tenía que ver  en el asunto, pues si lo horrores que tenemos que enfrentar día a día son producto del libre albedrío, entonces las cosas buenas y las alegrías también lo son, y por tanto, no tengo que agradecerle por nada de lo que yo, con mi libre albedrío, conseguí a punta de buenas elecciones. Eso me lleva a otra conclusión: si todo lo que pasa en el mundo, bueno o malo, es producto del libre albedrio, entonces dios es solamente un bonito adorno para las iglesias.

Después de ver a Barack Obama en su mensaje a la nación y su elocuente y significativo silencio de diez segundos —diez segundos que dicen más que todos sus discursos previos—, he decidido usar mi libre albedrío y lo poco que pueda hacer dentro de mi comunidad para prohibir el uso indiscriminado de armas. No tengo un plan aún, tampoco tengo influencias políticas, no soy un lider en mi comunidad, ni tengo recursos económicos,  pero mi tristeza, indignación, cólera, serán el impulso que necesito para ser parte de solución. Usaré mi libre albedrío en silencio, pero será tan elocuente como el mensaje de silencio que ayer nos dio Barack Obama.

© 2012, Augusta Cornejo. All rights reserved.

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Augusta Cornejo

Soy peruana y limeña de nacimiento. Cómo todo inmigrante, llegué a Miami hace 11 años con la finalidad de terminar mi carrera. El trabajo duro y la suerte me acompañaron y ahora tengo una maestría en literatura en la Florida International University y estoy cursando una segunda maestría en ciencias políticas en la Universidad Complutense de Madrid. Además. he publicado algunos artículos en revistas de corte académico. Sígueme en Twitter: @augustacornejo
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