El que no llora, no mama

¿Ustedes saben lo que arde el seno el primer mes del primer hijo?

Si bien la lactancia es algo hermoso y a través de esta se logra establecer un lazo único entre madre e hijo, también es cierto que se puede presentar muchos obstáculos para poder realizarla enteramente.


Hoy voy a hablar de pechos. Resulta ser que los pechos son indispensables; y con esto me refiero a los pechos femeninos. Sí, las tetas, las lolas, las chichis, las nenis, o como quieran llamarlas. Los senos son tan importantes que por mucho tiempo, de cierto modo, le pertenecen a otra persona y su dueña deja de tener el control sobre ellos. Por favor, no estoy hablando de la demanda de una pareja, los senos son de la mujer así los comparta en la intimidad con otro ser. Yo me refiero a un bebé.

Hoy voy a hablar de mamar. Por ahí existe un refrán muy famoso que dice “el que no llora, no mama”. ¡Y es tan cierto! La madre lactante escucha el llanto del recién nacido y en muchas ocasiones los senos comienzan a botar leche, solo al escuchar que el bebé llora. Es como si la figura de la mujer se fragmentara por un tiempo y esa parte de su cuerpo actuara a su propia discresión. O mejor dicho, es otra persona quien ejerce autoridad sobre los pechos y los manipula a su antojo porque cuando dicha persona quiera hay que darle de comer. No hay un “espérate un momentico” que valga.

Por supuesto, aquí estoy hablando de las madres que tienen la dicha de producir suficiente leche y de estar disponibles bajo demanda permanente para así amamantar al chiquitín de la casa. No todas las madres son vacas lecheras ni todas tienen la disponibilidad de estar con su bebé tiempo completo para poder darle de lactar cada vez que lo necesite. Y no, a mí nadie me lo contó y no fue que lo vi. Yo tengo tres hijas y a las tres las he amamantado (sigo, realmente, con la última que tiene nueve meses de nacida).

Ahora bien, con esto no quiero decir que toda madre debe amamantar a sus hijos ni mucho menos a dedicación exclusiva. ¡No, señor! Al contrario, lo que hay que hacer es desligar esa imagen de perfección que acompaña al acto de la lactancia. Darle pecho a un hijo no es fácil, y cuando digo darle pecho me refiero a hacerlo cada día, unas ocho o diez veces en veinticuatro horas cuando está recién nacido, unas seis o siete cuando ya han pasado algunos meses y seguir con unas cuatro o cinco tetadas hasta que el niño cumple un año. ¿Y qué pasa si la madre trabaja? Pues a usar la máquina tiraleche y a personificar una vaca, porque en eso es lo que se convierte uno. ¿Y si el bebé no mama? (Porque déjenme decirles que no todos los bebés nacen sabiendo mamar.) Dirán ustedes, si el bebé no mama denle fórmula, pero, ¿y si el bebé no mama y tiene alergia a lactosa y no puede tomar fórmula?, (conozco casos). ¿Y si la madre tiene otros hijos que atender? Yo tuve la fortuna de haber trabajado medio tiempo fuera y medio tiempo en casa cuando tuve a mis primeras dos hijas. Con la tercera trabajo tiempo completo fuera y aunque tengo un horario flexible y puedo ir y venir a algunas horas, ha sido bastante complicado darle toda la leche materna que la bebé solicita. Lo hemos logrado (y hablo en plural porque es un trabajo en equipo, entendiendo que alguien debe estar en casa para alimentar al bebé mientras la madre trabaja) pero ha sido arduo.

De allí puedo saltar y hablar sobre la propia teta. ¿Ustedes saben lo que arde el seno el primer mes del primer hijo? Y cuando se acumula la leche… es una cosa dolorosísima. Y la gente te dice “dale la teta nomás y la vacías” porque señores, aunque los senos son muy importantes, y las madres han amamantado a sus hijos desde el principio de los tiempos, ¡la gente no tiene idea de nada! La gente no sabe que si la leche se acumula muchas veces es porque la madre produce demasiada y el bebé no puede tomársela toda.

Lo que quiero recalcar en esta nota es que si bien la lactancia es sin duda algo hermoso y a través de esta se logra establecer un lazo único entre madre e hijo, también es cierto que se pueden presentar muchos obstáculos para poder realizarla enteramente. La foto que siempre se ve en las revistas de la madre sin ojeras, peinada y fresca, que mira a su bebé sonreída mientras le da de lactar es, digámoslo de alguna forma, lo ideal. Tener el tiempo y un cuarto en silencio y nada más que hacer para poder revivir esa foto es lo ideal, y sí, puede pasar y es maravilloso. Sin embargo, no es lo que ocurre todos los días. Imagínense la misma escena pero con la madre con un moño, con ojeras negrísimas de tantos días sin dormir, con otros niños corriendo enfrente de ella y tal vez hasta con un teléfono celular en una mano respondiendo emails de la oficina. Por ello no amamantar por decisión propia está muy lejos de ser un pecado.

Así, queridos lectores, cuando piensen aunque sea por un segundo en criticar a una madre porque decide no amamantar a su hijo o porque decide destetarlo antes de los seis meses o porque lo alimenta de forma mixta completando con fórmula, deténganse y acuérdense de este artículo y vuelvan a pensar. Y si ven a una mujer dando pecho en público no se atrevan a decirle que se vaya a otro sitio, ¡no se atrevan!, que ustedes no saben todo lo que ha pasado detrás de esa tetada. Con esto cierro mi nota de este mes, con bebé pegada a la teta y con celular en mano.

 

© 2016, Naida Saavedra. All rights reserved.

Compartir
Artículo anteriorEl arte de improvisar
Artículo siguienteEntrevista con una Geisha Cibernética
Naida Saavedra

Naida Saavedra

Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la Latin@ Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.