Los mediocres de siempre

Las luces se encienden, la gente se levanta de la sala y me doy cuenta que todos parecen conocerse. Trato de pasar desapercibido, camino lentamente hacia la salida, poco a poco van quedando detrás de mí, felicitaciones y comentarios diciendo lo glorioso de aquel espectáculo. Antes de llegar a la puerta de salida, alguien me intercepta, parece que me conoce, le pregunto qué le pareció y me responde lo impresionado que está de ver algo así en esta ciudad, al indagar en sus referencias, me doy cuenta que su criterio así como su bagaje son muy pobres, este hombre como muchos que conozco tiene su sensibilidad atrofiada. Trato de sonreír medianamente para escapar, pero entonces lanza la pregunta que estaba tratando de evitar: qué tal me pareció a mí. No puedo mentir, le digo que es uno de los eventos con más pobreza visual que he experimentado, la persona borra su sonrisa y se disculpa para alejarse. Al salir de aquella sala, me pregunto, ¿por qué en esta hermosa y compleja ciudad, gran porcentaje de la gente parece conformarse con muy poco?, ¿por qué no tienen el valor de decirnos en la cara lo mucho que tenemos que trabajar para estar al nivel de otras ciudades, para decirnos entre colegas cuando hemos fallado? La mala televisión ha hecho mucho daño en las propuestas cinematográficas, la comedia barata y fácil ha hecho mucho daño en teatro. El sonido desechable y lo elemental en sus letras, han hecho mucho daño en la música, las escuelas de actuación o arte que en lugar de educar alimentan egos vacíos que no tienen herramientas para sobresalir en el mundo real, pero ¿el mal esta solo en esta ciudad? Parece que se extiende. De pronto salgo de mis pensamientos para encontrarme con uno de los pocos amigos que tengo, alguna vez decidí que solo tendría amigos a los cuales admirara, supongo que eso limita mis posibilidades en donde abunda la mediocridad. Al ver a mi amigo me doy cuenta que hay un grupo de actores, directores, músicos, escritores, bailarines y artistas, que aún resisten y tratan de gestar credibilidad en esta ciudad. Estos artistas trabajan en silencio, crean para sanar o sacudir al espectador. ¿Cómo sobreviven gestando algo diferente entre plasticidad, carros lujosos y personas que trabajan su cuerpo pero no su espíritu?, ¿entre “artistas” (o así se hacen ellos mismos llamar) que trabajan para espectadores perezosos que quieren que se les entretenga como monos? Yo sé cómo logran sobrevivir dignamente. Y lo hacen alimentando su espíritu, teniendo fe, observando arte de todo el mundo que le permita ver donde está parado, crean, no para recibir aplausos; él, mi amigo, aplaude a la gente por medio de su trabajo, borda la gentileza en cada acción, no con ego sino con la finalidad de conectar con otros seres vivos, no tiene miedo de fracasar porque sabe que su obra está hecha con la honestidad y el trabajo de un artesano. Confía en que un día la gente intentara despertar para ver más allá de sus ojos, estudia, se prepara. Doma su lengua para que no vaya más rápido que su trabajo, a veces en silencio trabaja mientras otros duermen. Otra vez me he ido en mis pensamientos, abrazo a mi amigo como quien toma una aspirina en el momento que más lo necesita, se forma un nudo en mi garganta, cuánto sacrificio y amor hay en el trabajo de gente extraordinaria que todos los días se pasa desapercibido. Le digo que tomemos un café para charlar. Y hablamos durante horas de lo mucho que tenemos que seguir trabajando para dignificar el trabajo artístico en esta ciudad, sin quejarnos pero haciendo proyectos para públicos sensibles y pensantes, me pregunta que cuánto tiempo más seguiré en Miami, le respondo que de ser posible mucho tiempo más; esta ciudad necesita gente que no esté domesticada, me responde. Y así con el café humeante frente a nosotros, prometimos ser honestos con nuestros colegas, sabiendo que nuestra mirada es subjetiva, pero eso sí, educada para diferenciar las perlas de las piedras. Tal vez sueno pretencioso pero, hoy, hoy no me importa, hoy no podemos tener la moral baja, somos fuertes, y ahora más que nuca creemos en nuestro arte, en el discurso, en la unidad pues entre nosotros no competimos, compartimos, pero sobre todo creemos en que alguien, allá afuera, lo recibirá con la misma pasión que nosotros le entregamos.

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Cristian Proa

Cristian Proa

Nació en la Ciudad de México un 31 de agosto. Su labor como director, docente, guionista y jurado de diversos festivales, le ha llevado a presentar su obra en los principales espacios culturales de la ciudad de México, entre los que destacan la Cineteca Nacional, el Palacio de Bellas Artes, el Laboratorio Arte Alameda, la Biblioteca Vasconcelos, y en Estados Unidos en el Miami Hispanic Cultural Arts Center, Koubek Center, Art Basel y O’ Cinema entre otros. Actualmente radica en Miami y trabaja en su film INTO THE SILENCE. Su compendio de shortfilms “Trilogía de la consciencia”, ha sido ganador del festival de cine de Orlando y seleccionado en festivales como Lisbon , Wenzhou, MCNTY film fest y algunos otros.