El Jilguero del Huascarán: un cronista musical de su tiempo

Julio Mendívil

Hace veinte años Ernesto Sánchez Fajardo, el Jilguero del Huascarán, partió a reunirse con nuestros ancestros. Desde entonces y, contrario a lo que pudiera pensarse, su éxito no ha disminuido, sino ha ido creciendo aceleradamente, gracias a los nuevos medios de difusión que nos ofrece el mundo globalizado. Hoy en día hasta se puede ver vídeos y bajar un buen número de canciones suyas en la red o comprar sus CDs en los sitios internacionales menos pensados, porque el Jilguero del Huascarán ha dejado de ser un “producto” para ancashinos o peruanos y se ha convertido en un símbolo de la música andina por doquier, en un artista recordado y escuchado tanto en el Japón como Francia, en Brasil o en Estados Unidos. Que la música del Jilguero viaje por el mundo no se debe a casualidad ninguna. Y es que los inmigrantes jamás se desplazan solos; llevan siempre con ellos sus costumbres, su cultura y su música. Y puesto que la música del Jilguero se encuentra entre las de más arraigo en el Perú, es lógico que los inmigrantes del área andina peruana la hayan metido en su equipaje al echarse al mundo.

El Jilguero del Huascarán es una figura gigante de la música andina, pese a haber sido un hombre de pequeña estatura. José María Arguedas cuenta en un célebre artículo que el Jilguero entusiasmaba tanto a sus oyentes en los coliseos de los años 40 en Lima que éstos lo obligaban a repetir sus canciones innumerables veces, temiendo él que el cantante de endeble figura colapsara en el escenario. Cuando, a finales de los años cuarenta, el Jilguero llegó al disco, su fuerza interpretativa no disminuyó en absoluto. Al oír sus canciones uno puede disfrutar sin reparos su enorme vitalidad artística, en gran parte debido a que él grababa sus canciones en directo, sin montajes en pistas como es común en la actualidad.

No hay mejor palabra para definir al Jilguero del Huascarán que la de cronista. Sus canciones encierran todas las facetas de la vida de los pueblos del Ande. Su canto ensalza la alegría, expresa el dolor, llora el amor perdido o la soledad del desamor, canta a los seres queridos, a la amada, a la madre o a los hijos, loa la naturaleza exaltando la majestuosidad de las montañas y los ríos o la injuria cuando lamenta los desastres naturales que azotan los pagos remotos. Como todo buen cronista el Jilguero también ha recogido el sufrimiento de su pueblo. Así muchas de sus canciones están dedicadas a denunciar el maltrato y la injusticia que padece el hombre común de los Andes. Pero su canto no se conforma con ser denuncia, sino que, más allá de ello, se esfuerza por abrir nuevos caminos hacia un mundo nuevo: El canto del Jilguero es también un canto al futuro.

Sería injusto decir que el interés del Jilguero por sus semejantes se agotaba en dedicarles sus canciones o retratar su vida en sus versos. Movido por su afán de justicia para con los artistas andinos el Jilguero jugó un rol de suma importancia en la organización sindical de los folcloristas en el Perú. Tras largos años de trabajo gremial el Jilguero ingresó en la arena política, llegando a ser miembro de la asamblea constituyente de 1979 y promoviendo la primera ley de preservación del folclore y de las lenguas indígenas.

Pero no se crea por ello que el Jilguero fue un tradicionalista. Tal vez mejor que ningún otro miembro de su generación Ernesto Sánchez Fajardo supo dialogar creativamente con las corrientes musicales más disímiles, tanto con la tradición criolla costeña cuanto con la tradición erudita europea, que aprendió del maestro italiano radicado en el Perú Alejandro De Bianchi; tanto con géneros de moda como el rock’n’roll o la cumbia cuanto con géneros provenientes de otras regiones del territorio andino. Su defensa del folclore jamás fue por eso una actitud discriminante y excluyente, sino por el contrario una fuerza integradora que, para decirlo en palabras de Arguedas, era capaz de vivir todas las patrias.

José María Arguedas recomendaba a sus lectores ir al Coliseo Nacional a escuchar al Jilguero y conocer el Perú nuevo que él creía se estaba forjando entonces en el país. Abusando de mi escasa autoridad, yo quisiera terminar estas líneas recomendándoles a los lectores escuchar las grabaciones del Jilguero del Huascarán. En ellas encontrarán la misma vitalidad que entusiasmara años atrás al escritor apurimeño en el coliseo limeño. No importa que el Perú nuevo no haya llegado todavía y que el Jilguero ya no esté más físicamente entre nosotros pues sus canciones siguen sonando alegres y vigorosas como el cauce de los ríos que bajan por las cordilleras andinas y su presencia es tan fuerte como antaño sobre los tabladillos del coliseo. Escuchen las grabaciones del Jilguero del Huascarán y comprobarán que él, como Carlos Gardel, cada día canta mejor.

httpv://youtu.be/dc3KLIuhEVI

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Julio Mendivil

Julio Mendivil

Nací en Lima y vivo en Alemania. Escribo literatura, toco charango y, en mis ratos libres, dirijo el Center for World Music de la universidad de Hildesheim. He dirigido la cátedra de etnomusicología en el Instituto de Musicología de la Universidad de Colonia, Alemania y soy docente no numerado de la Universidad de Música, Teatro y Media de Hanóver. He ejercido la critica musical en diarios y revistas latinoamericanos y europeos. Actualmente soy vocero del grupo de etnomusicología de la Sociedad de Investigación Musical de Alemania y presidente de la IASPM-AL (International Association for the Studie of Popular Music-Rama Latinoamericana).

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1 Comentario

  1. Una de las mejores formas de que nuestros artistas populares puedan perseverar en la memoria y tender puentes entre generaciones es cuando se dan a conocer sus historias con discernimiento y sensibilidad. Eternamente agradecida al musicólogo Julio Mendívil por su apreciación y reflexiones en este artículo referido a mi padre Ernesto Sánchez Fajardo “El Jilguero del Huascarán” uno de los más extraordinarios e importantes referentes en la historia de la música tradicional del Perú.

    JULY SÁNCHEZ FUENTES

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