El Hijo de Hernández por Frédéric Conrod.

Por Gonzalo Salinas

 Ediciones Antígona

Madrid 2012

Frédéric Conrod (Francia, 1976) enseña literatura en la Florida Atlantic University. Es investigador de literatura española del Siglo de Oro, da talleres sobre cine y es padre.

Con esa agenda recargada, se dio tiempo para sorprendernos con una primera obra de teatro titulada El hijo de Hernández (Antígona 2012) que trasluce no solo el rigor de un académico conocedor del espacio teatral, sino que es también la promesa de un novel escritor que tiene un manejo discursivo pleno de recursos y una enorme capacidad de expresar conceptos con la escueta exactitud y concisión que exige el género dramático.

El hijo de Hernández, confiesa el autor, nace de la frustración producto de una ausencia: Conrod buscaba un texto que pudiera ayudarlo a explicar los problemas centrales de la posmodernidad para usarlo en clase con sus alumnos, y después de una intensa pero infructuosa búsqueda por las bibliotecas de Babel, decidió escribir ese libro.

Es inusual encontrar un primer trabajo tan lúcido como El hijo de Hernández. En dicha obra, Conrod se vale de cinco personajes que deambulan en un pueblo “cuyo nombre nunca se menciona” y nos entrampa desde un principio en el dilema de vivir sin certezas. Miguel, el personaje central, vive en constante tránsito y cuestionamiento; don Álvaro, el supuesto padre, no otorga nunca la certeza ni la bendición que los otros personajes esperan de él; Marcela, la cubana hippie y desenfadada, tiene una opinión sobre todo; Linda, el toque conservador o “respetable” entre los personajes que perdieron las esperanzas, ya no espera nada ella misma, y la mujer alemana es una contraparte perfecta de los personajes como un otro que los mira de fuera. Todos ellos se mezclan en diálogos tensos, escenas de confrontación y de búsqueda, para llegar quizás al punto de donde partieron llevando en sus cabezas más preguntas que respuestas.

El hijo de Hernández deja al lector una doble sensación. La primera es la de estar presenciando una historia particular, donde los personajes andan confundidos buscando su identidad, un sentido de vida y una reconciliación con su propio pasado, y la segunda es la de estar escuchando tópicos que nos conciernen a todos. Hay una variedad de temas que son constantes en los debates de nuestra cultura. Habla sobre la violencia y las dictaduras, presentes donde la memoria se hace más borrosa formando leyendas, que nos llevan a cuestionar la verdad escondida detrás de los discursos oficiales y de la oralidad. Y la obra habla también de lo que nuestra sociedad calla, del trauma de lo que se esconde, que precisamente es lo que el autor no menciona, pues aquello que no se menciona es quizás lo que los personajes buscan más allá de sí mismos.

Kundera asegura que si un texto te lee, está logrando su máximo objetivo literario. El hijo de Hernández es una obra que nos lee y toca, en ocasiones sutilmente y en otras de forma explícita, la problemática de nuestra era: vivir en la ausencia de la verdad, el cuestionar la eterna dicotomía realidad/lenguaje, nos habla de los mitos y las leyendas que nos construyen y nos fuerza a preguntarnos cuánta verdad se esconde detrás de ellos.

Frèdèric Conrod, en esta obra, revive la frase de Gianni Vattimo que dice que “el arte es el resultado de la estetización general de la existencia”, pues la problemática de sus personajes es la misma que la que vive día a día el ciudadano de la metrópolis: una multiculturalidad que a veces es propia y a veces ajena, una incertidumbre que lleva a un estado de constante búsqueda, la resignación de andar con certezas a medias, y el vivir en la constante cuestión de la propia identidad, sin diferenciar si se camina en un mundo real o de ficción.

Lectura muy recomendable.

CONROD Frèdèric. El Hijo de Hernández. Madrid, Ediciones Antígona, 2012

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Gonzalo Salinas

Gonzalo Salinas

Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.