El edificio Van Dyke

 Gonzalo Salinas

van dykeEn los tiempos antiguos en que la Lincoln Road era la frontera más al norte del mundialmente famoso balneario de Miami Beach (mucho antes de la decadencia y el ascenso que vimos ocurrir en los últimos cincuenta años), se construyó, en la esquina de Jefferson Avenue y Lincoln Rd, el edificio Van Dyke -1924-.

Por entonces jamás a nadie se le había ocurrido acuñar el término South Beach y todavía Miami era un centro de recreación de playa con una propiedad oficial para el presidente de los Estados Unidos.

En esa época Lincoln Road era más o menos lo que es hoy Bal Harbour Shops en la selecta área de Bal Harbour al norte de Miami, o el shopping mall Marina Banús de Marbella donde cuenta la leyenda urbana, que los jeques árabes llevan a sus concubinas en la madrugada donde les esperan las tiendas más finas del mundo abiertas solo para ellas, para que puedan hacer shopping sin tener interacción con el resto de clientes de la ciudad.

En aquellos tiempos el jet set de Miami y los turistas, iban a Lincoln Road para pasar una experiencia única: de compras, por restaurantes y cerca de la playa. De esa época data el edificio Van Dyke, un edificio construido nada menos que por el desarrollador urbano Carl Fisher (que nombra la isla al sur de Miami Beach con el más alto  ingreso per cápita del territorio nacional), al estilo mediterranean revival,  que fue el mismo implementado por George Merrick, cuando comenzó el plan de desarrollo urbano de Miami a principios del siglo XX.

El edificio fue rescatado por el empresario Mark Soyka que lo compró por precio de nada, reubicó a sus moradores y lo convirtió en dos negocios: el primero es hotel de los pisos de arriba y el segundo es el mítico Café  Van Dyke.

Asociado con otro empresario italiano, Graziano Sbroggio, por los últimos veinte años Sbroggio y Soyka, han convertido al café Van Dyke en uno de los puntos referenciales para toda la población de Miami Beach, entre otras razones porque es un foco de atracción para personas de todas los estratos sociales y de abigarrados círculos: Puede ser un perfecto restaurante romántico para el joven alemán que trajo a Miami Beach a su novia a quien le quiere proponer matrimonio, para el empresario brasileño que viene de Sao Paulo a Miami con su familia, porque las vacaciones le salen más baratas que si llevase a la familia a Rio de Janeiro, o para el artista local quien acude a las noches de música en vivo que el restaurante ha montado todas las noches por los últimos veinte años.

Van Dyke es también el único restaurante del estado de la Florida que tiene músicos en vivo en su escenario del segundo piso siete días de la semana, trescientos sesenta y cinco días al año y trescientos sesenta y seis los años bisiestos.

Esto atrae  a los cantores, a los poetas, a los tríos de jazz, a los intérpretes de música latina, a los cantantes de covers, y a un sinnúmero de cantautores venidos de todo el país para crearse un nombre en la vida bohemia de la música de South Beach o quizás para encontrar el sueño dorado de toparse con la persona correcta que le escuche un par de canciones y lleve su música al tan ansiado mainstream.

El escritor Charles Kropke en su excelente libro South Beach, cuenta la historia de cómo Mark Soyka, el dueño original, trató de crear una relación entre el nombre del edificio y el ilustre pintor belga Anton van Dyck, contratando a un pintor francés para que hiciera reproducciones de los cuadros del famosísimo discípulo de Rubens… Hoy se sonríe al reconocer que logró descubrir que el nombre del edificio es en honor a uno de los dueños iniciales Van Dyke, y no Van Dyck (con y griega, ce y ka) como el retratista de los Medici.

Hoy El Café Van Dyke, es uno de los locales mas reconocidos de la ciudad de Miami Beach, y es uno de los preferidos del público de Lincoln Road por su cálido ambiente de rojos encendidos, por su vibrante música en vivo de todas las noches, por las modelos rusas de larguísimas piernas que pululan por sus happy hours, por los empresarios miamenses que salen de cacería en las noches, por los artistas que tienen una palestra abierta y por cuanto turista, de cualquier lugar del mundo, que se anime a pasar un fin de semana en SoBe y quiera un buen lugar para comer, beber y disfrutar.

 

 

 

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Gonzalo Salinas

Gonzalo Salinas

Nació en Lima, Perú. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y desde el 2003 vive en los Estados Unidos. Ama el océano, la guitarra, la ciudad de Miami, la guanábana, el ceviche, el idioma español, los libros de Tolstoi, las maratones, el buceo en Key West, la música de Jack Johnson y la prosa del libro de Las Mil y una Noches en la traducción de Burton. Actualmente trabaja en su primera novela.