El Amor en los Tiempos del Cólera, Gabriel García Márquez

Gabriel García Márquez publica esta novela en 1985, tres años después de recibir el Premio Nobel de Literatura. En este nuevo relato, el autor parece no concentrarse tanto en el estilo de Realismo Mágico y Real Maravilloso Americano que le hizo famoso, y nos entrega una narración maravillosa de la vida y amores de Florentino Ariza, Fermina Daza y Juvenal Urbino: es posible hallar algunos guiños con el Realismo Mágico a lo largo de la historia, pero estos se dan más como un asunto inherente a la idiosincrasia latinoamericana, más que como una intención estilística profusamente marcada.

La carga descriptiva, la proliferación de imágenes, símiles y símbolos, hacen que esta novela termine resumiéndose como un “poema largo”. García Márquez nos deleita con su capacidad de esculpir cada palabra y cada frase.

La historia de amor de cada uno de los personajes, y a veces de ellos entre sí, se contrapone en el tiempo con enfermedades como el cólera, la muerte a manos de grupos sublevados a la autoridad, la degeneración física causada por la vejez, la fidelidad y el matrimonio, y la muerte física e intelectual de lo conocido. De ahí su título antagónico: Amor Vs Cólera.

El dibujo de los personajes de Florentino y Fermina permite conversar acerca de las ideas machistas o feministas que pueden estar entreveradas en la novela. ¿Es Florentino el hombre-macho típico si juzgamos por su comportamiento sexual? ¿O más bien, el hecho de que su inicio en las artes amatorias haya sido a la fuerza y perpetrado por una desconocida marca el poder de la figura femenina sobre su persona? Por su parte, Fermina Daza no parece tampoco pertenecer a ningún bando específico: ni feminista a ultranza ni cultivadora del machismo. Recordemos que es ella misma quien toma la decisión de terminar con Florentino cuando era apenas una adolescente, y quien decide pasar los últimos días de su vida con él, a pesar de los prejuicios de sus propios hijos. Pero, asume el matrimonio con Juvenal Urbino con una actitud tradicional de mujer sumisa o pasiva, encargada de la casa y las relaciones sociales de la pareja.

Juvenal Urbino es ese personaje que no parece enfrentar grandes dilemas en la vida: con una carrera profesional, un buen nombre y una mujer a la que enseña a entrar en la sociedad, Urbino pasa por la vida sin mayores sobresaltos. Ni siquiera cuando la mujer en un momento de desesperación le reclama sentirse infeliz a su lado, Juvenal no se inquieta, y serenamente le contesta que lo más importante del matrimonio es la estabilidad y no la felicidad.  Sin embargo, no se trata de un personaje frío: somos testigos de su proceso de remordimiento luego de ser descubierto en una historia de infidelidad.

Y este es el otro gran tema a lo largo de la narración: la fidelidad. ¿Podemos entender que Florentino es un hombre fiel siendo que en su larga espera con Fermina tiene relaciones con más de 600 mujeres, incluyendo la bizarra relación con una niña en edad escolar?  Es posible que esto responda a la idea de venerar y respetar a la mujer amada como la única, separando dichos sentimientos de los actos carnales y ligeros que pueden tenerse con muchas otras. O también a la idea de que se es más hombre mientras más mujeres se posean, aunque el amor ideal le pertenezca a una sola mujer (sea que se esté en matrimonio con ella o no). De cualquier modo, Florentino tiene un único motivo en la vida: conquistar a Fermina Daza apenas ella quede liberada de su marido. Su fidelidad es entonces con el Amor como tal: es un enamorado del amor.

Para cuando tiene la oportunidad, el amor que puede expresarle a Fermina ya no es el mismo de la adolescencia pasional.  Es más bien un tipo de amor intelectual y compañero, ideal para los últimos años de vida que les quedan: se trata de la metamorfosis del amor.

Así finalmente, se embarcan en el buque La Nueva Fidelidad, del que no volverán a bajar, en un intento por escapar a la muerte: la muerte física y la del amor como lo conocieron en ese último viaje de sus vidas. El amor se establece como la razón de vivir, y por tanto, como el remedio para la muerte:

 

Transcurrían en silencio como dos viejos esposos escaldados por la vida, más allá de las trampas de la pasión, más allá de las burlas brutales de las ilusiones y los espejismos de los desengaños: más allá del amor. Pues habían vivido juntos lo bastante para darse cuenta de que el amor era el amor en cualquier tiempo y en cualquier parte, pero tanto más denso cuanto más cerca de la muerte”.

 

Ainara Mantellini

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.