Do you love zombies? César Oropeza quiere saberlo

Realmente yo no. Qué cosa más asquerosa es ver la figura de un muerto viviente putrefacto con ojos volteados y medio transparentes, uñas verdosas, pelos percudidos, piel sanguinolenta, expidiendo un hedor penetrante y nauseabundo…. ¿debo seguir? Se preguntarán entonces para qué escribo acerca de esto. Pues, no amo a los zombis, en el sentido per se, y si se me aparece uno enfrente hasta ahí llegué. Sin embargo, los que me conocen saben que me encantan las películas de terror y las de zombis están incluidas. Películas, acabo de decir. Debo confesar que dentro de mis lecturas nunca le había permitido la entrada a una cuya trama se desenvolviera alrededor de estos personajes repugnantes. Ahora me alegro de que me haya decidido a aventurarme y leer I Love Zombies (Ediciones B, 2013) del venezolano César Oropeza.

 En otros artículos míos para Suburbano, ya he comentado acerca de la invisibilidad que sufre la literatura venezolana internacionalmente. Yo, entre otras cosas, me dedico a difundir que esta literatura no solo sí existe sino que participa y dialoga con la del resto del continente. Con su obra I Love Zombies, César Oropeza se inserta dentro de la naciente tendencia hacia la producción narrativa liderada por aspectos necrófilos. Los vampiros, seres de medianoche, zombies, hombres lobos y demás criaturas escalofriantes han encontrado un nicho al cual la crítica comienza a prestarle atención. He allí el asunto. Oropeza no escribe solo una historia de zombies, sino que desarrolla un argumento mediado, o dirigido si se quiere, por una suerte de miserias humanas que se derivan de la aparición de los fiambres caminantes. Lover es el personaje principal que logró captar mi atención al revertir el carácter mesiánico que esperaba encontrar en él, hacia uno totalmente amoral y sin escrúpulos. Pero, ¿realmente se puede tener escrúpulos ante la avalancha de entes con bocas hediondas y voraces cuyo único motor es devorarlo a uno? Quisiera pensar que sí pero Lover me hace dudar. De allí que diga que I Love Zombies se inserta dentro de una corriente que ya está tomando una forma definida. A la necrofilia debemos incorporar los temas retorcidos de películas de suspenso, terror y gore en donde puede categorizarse el thriller asiático de los últimos años con personajes como Ichi the Killer, y las versiones estadounidenses de tramas engendrados en la extrema capacidad de maldad del ser humano como The Hunger Games. César Oropeza dialoga con toda esta corriente y establece lazos con la narrativa en producción. Por mi parte, cuando en mi mente veo a Lover no puedo dejar de pensar en Machete, el protagonista de la película que lleva el mismo nombre, dirigida por Robert Rodríguez. Machete, es un mercenario de origen mexicano que logra sobrevivir en un mundo hastiado de bajezas y completamente podrido en el que ha sido traicionado y donde emprende una batalla de venganza. Lover hace lo mismo aunque su lucha se da frente a muertos vivos… y vivos vivos… sin el más mínimo rastro de remordimiento.

 Hace apenas unos días, el pasado 7 de marzo, asistí al simposio The Latina/o Literary Landscape, organizado por la American Literature Association. Antes de la sesión en la que me tocaba presentar mi ponencia, intervino un panel conformado por profesores de la Oklahoma State University, los cuales discutieron los obstáculos a los que se enfrentan cuando les toca dar un curso de Latino literature o cualquier tipo de literatura “minoritaria” en una universidad y ciudad de población predominantemente anglosajona. Uno de los panelistas, el Dr. Timothy Petete, habló de cómo tuvo excelentes resultados al revertir la normal tendencia de introducir a la clase el autor latino antes que el texto, y en su lugar, presentar la temática que se conecte con los gustos de los estudiantes para de este modo tratar de eliminar la idea de que un autor latino solo es trascendente dentro de su propia literatura. Así, Manuel Gonzáles y su The Miniature Wife and Other Stories, entabla un escenario que “chronicles an ordinary world marked by unusual phenomena.” Este tipo de fenómeno inusual es también el que prevalece en I Love Zombies. Cuando estaba escuchando la ponencia, no pude dejar de pensar en César Oropeza, e incluso, en la sesión de preguntas y respuestas, comenté acerca del hecho de acababa de terminar de leer la obra de Oropeza y que podría perfectamente tener cabida en un curso como los antes descritos puesto que dentro de la trama la idiosincrasia venezolana pasa a un segundo lugar. Es decir, realmente no es relevante el hecho de que el argumento se desarrolle en Caracas… ¿o es una Caracas que no existe? ¿o una ciudad que está presente en una hiperrealidad seudoparalela a la real? Estamos hablando de un texto que trasciende las limitaciones geográficas y se desconecta de estas para unirse el flujo literario del mundo.

 IloveZombies[1]La tradición literaria venezolana a ciencia cierta se puede incluir en cualquiera de las corrientes estudiadas a nivel continental y mundial. Es una muestra de esto I Love Zombies en la que César Oropeza se monta en una especie de tren y por la ventana saluda con la mano a otros artistas que siguen un camino convergente. Les recomiendo darle una miradita a la producción de escritores venezolanos contemporáneos and… if you love zombies, no dejen de hablar con César.

Si quieres leer el libro de Naida Saavedra:

Última inocencia

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Naida Saavedra

Naida Saavedra

Naida Saavedra (Venezuela, 1979) obtuvo con Vos no viste que no lloré por vos el premio Historias de Barrio Adentro 2009 de la editorial El Perro y la Rana. Su cuento “Vestier” ganó el premio Victoria Urbano de Narrativa 2010 de la Asociación Internacional de Literatura Femenina Hispánica. En 2013 fueron publicados Hábitat, Última inocencia y En esta tierra maldita y en 2015 su primer libro de cuentos, Vestier y otras miserias. Saavedra posee un Ph.D. en Literatura Latinoamericana de la Florida State University y sus investigaciones abordan la literatura caribeña contemporánea y la Latin@ Literature, centrándose en los temas del desarraigo y la posmodernidad. Actualmente reside en Estados Unidos, donde es investigadora y docente de la Worcester State University.