De milagros, amor y zapatos: un ensayo de Tres pestañeos

Gabriela Guimarey

Al instante noté que el amor estaba allí presente. Por eso, quizás, antes de decir “hola”, les pregunté si les molestaba que me sacara los zapatos. Te preguntarás que tendrá que ver el amor con los zapatos. Para mí sí: es que no quise dejar el recuerdo de mi día en ese espacio nuevo, virgen, recién terminado por las laboriosas manos de Arnaldo. Él mismo colocó los pisos, las cortinas, pintó, rasqueteó, martilló, pegó, colgó las luces, las conectó. Un espacio de arte moldeado a mano. Y se siente en el aire. Hacía tiempo que querían concretar su sueño: su propia escuela de actuación en Miami. “Nos vienen pasando cosas que nos alimentan el alma, como esta escuela que creamos con tanto amor”, me dijo Adriana, refiriéndose a Acting Studios.

Estoy hablando de Arnaldo Pipke y Adriana Barraza, actores los dos y compañeros de vida. Y otra vez el amor…

La Barraza es espontánea y deliciosamente afectuosa, con ese tono mexicano dulce y musical que se le ha ido mezclando con las mudanzas entre su Toluca natal, Chihuahua y la Ciudad de México. Nos conocimos hace tiempo, cuando la vida nos hizo coincidir durante las grabaciones de un reality show para Telemundo, ella como profesora de actuación y yo como guionista. “Me acuerdo de que tenía que ser mala con los alumnos”, bromeó Adriana. La recordarás por Amores Perros, Babel, cientos de telenovelas en español y CSI y ER en su crossover al mercado anglo.

Me saqué los zapatos y caminé hasta su encuentro. Me dio un abrazote, un beso, y me pidió unos minutos a solas para saludar a su hija por Skype. Así que aproveché para acercarme a Arnaldo, su esposo, quien por primera vez compartía escenario con Adriana. Conversamos un poco: hablamos de tiempos perdidos, y cuando ella estuvo lista, me ubiqué en la sala.

Confieso que era la primera vez que asistía al ensayo de una obra de teatro. Había emoción, ansiedad y ganas. Era el tercero y penúltimo ensayo antes del estreno.

Quizás por ese olfato casi de sabueso que adquieren los buenos actores con el tiempo, Adriana y Arnaldo se dieron cuenta al instante de la riqueza de la historia de Tres pestañeos, de Eduardo Pardo.

“¿Apagamos el aire acondicionado? Porque allí en la sala no vamos a tener aire, así nos vamos acostumbrando”, dijo Adriana refiriéndose a la sala del CCE, en donde estarán presentándose dentro del ciclo Microteatro hasta el 8 de julio. “Desconectamos celulares, teléfonos… marcapasos”, ironizó Arnaldo, ya casi metido en su personaje de carcelero.

“Por suerte mi marcapasos está cargado” dijo Eduardo, el autor, ahora en su rol de director, mientras se ubicaba en su lugar y ajustaba el texto de su computadora. “Vamos a hacer una pasada completa del texto sin correcciones y después vemos”, marcó el puntapié inicial. Adriana está sentada en su butaca, encadenada y con un overol anaranjado:

—Soy una mujer sin mañana.

Barraza desmenuza el texto, lo devora, lo digiere y lo hace suyo. Lo ubica exactamente en un lugar definido entre su corazón y su intuición, y desde allí lo libera. Su cuerpo está pendiente de cada palabra, cada intención. Y una frase la hace llorar. Mira a su público de tres: el director, su asistente y yo. Me mira. Y me cuesta sostenerle la mirada porque es el personaje que habla, que ruega, que implora. La historia de Tres pestañeos es la de una condenada a muerte que tiene sus últimos quince minutos de vida antes de ser ejecutada en la silla eléctrica por un asesinato que dice no haber cometido.

“La historia es poderosa, es un texto complejo el que escribió Eduardo Pardo, porque cuando él dice reducido, no puedo cambiar la palabra. ¿Qué otra expresión puedo usar más que ‘reducido’? ¡Es perfecta!”.

¿Qué es lo que define un buen texto? Una cantidad limitada de palabras cuyo único mérito es haber sido escogidas meticulosamente y ubicadas en el lugar y tiempo precisos. Nada más y nada menos.

Hacía tiempo que Adriana Barraza no hacía teatro y sentía que le hacía falta ese contacto. En el escenario el tiempo es real, no hay otro. Lo que salió así, salió. Particularmente esta historia es fuerte porque la obra completa dura quince minutos, y ese es el tiempo que la condenada a muerte tiene para explicar a su público que ella no es culpable.

“Hay que ponerse en forma para hacer teatro, y tener nuestro Acting Studios para mí es una bendición”, dice Adriana con una sonrisa y sus manos encadenadas. “Hay una frase que dice que Dios le regala al artista pequeños milagros. El cielo está cerrado y Él lo abre para que se pueda filmar. Y está es mi bendición, su pequeño milagro para con nosotros, el tener esta sala y poder dar clases y ensayar”.

La Barraza está preparando un gran festejo por sus cuarenta años de trayectoria. Ella se siente bendecida por tantas cosas buenas que le pasan, y yo me siento feliz de haber podido espiar su ensayo. Mientras siguen dando varias pasadas más al texto porque “todavía hay mucho para ajustar”, les tiro un beso. Silenciosamente me pongo mis zapatos y me voy, con una sonrisa de oreja a oreja.

Si todavía no se dieron una vuelta por el Microteatro, en el Centro Cultural Español en Miami, no se lo pierdan. Viernes, sábado y domingo desde las ocho de la noche, “microobras” de quince minutos de duración y de una energía que llena el alma.

© 2012, Gabriela Guimarey. All rights reserved.

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Gabriela Guimarey

Gabriela Guimarey

Gabriela Guimarey nació en Buenos Aires. Fue presentadora y locutora de radio en su país, hasta que se mudó a Estados Unidos en el 2001. A partir de ese momento cambió su ángulo de observación y se transformó en Productora de Contenido y guionista para Promofilm US, Plural Entertainment, Zodiak Latino, Endemol, Telemundo, Cinemat y Univisión. Pinta cuadros, piedras de río y las paredes de su casa, es Reiki Master y especialista en Té. Escribe desde siempre. Tiene 2 hijos que adora, dos gatos, un árbol de mango, otro de aguacate, toca la guitarra cuando tiene ganas, espera algún día tomar clases de piano y bajar los 5 kilos que dice que le sobran. Milán Kundera, Arturo Perez Reverte, José Saramago, Raymond Carver, Rosa Montero, Claudia Piñeiro, Marcela Serrano son algunos de los autores con más libros en su biblioteca. Colecciona vinilos de Carole King, Miles Davis, Crosby Still Nash and Young, Carpenters, Joni Mitchell, The Who y Kendrik Lamar.