Cuestión de supervivencia

He sido una superviviente desde antes de mi concepción. Nací contra todo pronóstico y, aunque mis padres se exculpen dándole vueltas al asunto, sé que comencé siendo una excusa. Sobreviví a miles de espermatozoides alborotados que luchaban por la vida: pero fui yo la escogida, la única que aún sin ser un ente resistí a aquella avalancha y me instalé en el útero de mi madre.  Nueve meses más tarde volví a empeñarme: parto natural y sin complicaciones. Fuí hermosa, querida, pero llegué en medio de una convulsa situación emocional parental. Demasiados estragos para venir al mundo aquel verano de finales del setenta.

Muchos años después, a orillas del Atlántico, redescubrí mi vocación por la vida. Corría entonces el 2005 y tuve la sensación de haber llegado a Barcelona a morir – y posteriormente a resucitar-. La primera vez que me acerqué a la muerte fue tras un aparatoso -y estúpido-, accidente de bicicleta en el Paseo de Born. Desde entonces, y sistemáticamente, me he encontrado con ella.

Ese  primer encuentro lo presenció  mi gran amiga y hermana: Fredy. Tratándose del primero cabe decir que fue hermoso: mientras alucinaba con la morfina me enamoré, aunque me acuerdo que todo olía a bacalao y que la gente se paseaba por el hospital cual atracción turística. Ya se sabe que la tragedia acaba por ser cómica.

En aquel rincón del mundo también comenzaron mis andanzas como chica incauta e incansable: fui amante devota, mujer desesperada, estudiante aplicada, indocumentada, y otras cosas más.  Luego vino un lustro maravilloso, de aventuras rocambolescas, parecía que el mundo se acabaría en dos días, viví los años más hermosos de mi vida y probé los mejores caldos.

Fue en Gràcia, la vila de los amores, que imaginé una vida quimérica, la inmensa alegría de una utopía. Y enamorada acepté lo que supuso mi  tercera y cuarta muerte:  quise tener un gato y a ratos un hijo, baile desnuda, disfruté de la plancha y la radio, me encanté con la sobremesa, amé el camino a casa, me aficioné al fútbol,  aprendí  a hacer pasta fresca, conocí el amor incondicional, el valor del compromiso, lo lindo que es vivir el amor compartido, la capacidad de adaptación, el dolor profundo que supone una pérdida, el desempleo,  la traición de una sacada de vuelta,  el perdón ciego, las recaídas descabelladas, la fuerza del destierro y finalmente la puerta de salida que me trajo a Miami.

Hace unos días, vía Facebook, una amiga recordaba nuestro breve paso por el Concordia, el crucero que naufragó en la costa italiana. ¡Una vez más escapé ilesa!  A pasar de la fragilidad de la vida, no parece tan fácil perderla, de lo contrario no seríamos miles de millones de seres rondando la faz.  Paradójicamente desde el momento en que llegamos aquí nos aferramos a sus días.

 Últimamente he ganado confianza como miaminauta y la sensación de peligro ha  disminuído. Ahora tengo la seguridad de ser una sobreviviente.  “Las muertes” han quedado mas que en amagos de fin semana o en amores breves que, aunque breves son, duelen porque no son víctimas del desgaste -todos tienen el derecho a pedir nuestro número y luego no usarlo, y peor aún: a olvidarnos-.

El contagio de una gripe o algo así, recientemente resguardó mi vida en mi pequeño nido de Miami Beach. Digo resguardó porque si bien fueron días neutralizada sobre la cama, con la mirada diluída entre cuatro paredes, decidí, por ahora, no volver a morir y calzarme las medias de malla, afinar la guitarra y colocar el xilófono en su lugar.

Ya sólo toca sobrevivir en el escenario.

@yaricandelas

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Yari Candelas

Yari Candelas

Nací una calurosa madrugada de agosto a finales de los setenta en medio de una gran crisis política y social que envolvía a mi país, Puerto Rico, aún así me empeñé en la vida. Comencé a viajar mucho antes de ver el mundo, desde entonces he hecho de la traslación constante mi modo de vida. Hace poco me instalé en Miami luego de casi una década en Barcelona. Me licencié en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, luego obtuve una maestría en Comunicación Cultural en la Universitaria de Barcelona y finalmente cursé estudios de doctorado, en Humanidades, en la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente me desempeño como productora de contenidos audiovisuales para una empresa en ésta mi nueva ciudad, simultáneamente colaboro con varios medios, entre ellos Suburbano, y continúo promoviendo eventos culturales en ambas orillas de Atlántico. Desde estas páginas contaré mis vivencias como Miaminauta, navegaré la urbe en busca de encuentros, lugares y sensaciones que reconduzcan nuestra conflictiva relación.