Cristina Barrios y Almanzor, una embajadora de arte

Elisa Ovalle

Cristina Barrios y Almanzor, embajadora y cónsul general de España en Miami, es diplomática de carrera y licenciada en Filosofía y Letras. Antes de ello, ha sido embajadora en Misión Especial para la reconstrucción de Haití y embajadora en Misión Especial para el Cambio Climático. Ha sido embajadora de España ante los Estados Unidos Mexicanos, Letonia y Suecia, y cónsul adjunta en Dusseldorf, Alemania. Entre 1991 y 1998, Cristina Barrios y Almanzor ha sido directora general de Protocolo e introductora de embajadores en el Ministerio de Asuntos Exteriores en Madrid. Es poseedora de múltiples condecoraciones nacionales e internacionales.

Domingo 9 de septiembre, cinco de la tarde. Llegamos con Gabriel, mi fiel asistente, a nuestra cita al barrio de Coral Gables. El tiempo nos acompaña con un sol radiante y una brisita que le pega un baile festivo y protocolar a la bandera roja y amarilla colocada en el mástil erigido delante de la casa, con estilo colonial, de la Embajada de España en Miami. Suena mi teléfono: es Eduard, mi amigo el catalán. Le digo: “Hola, Eduard, perdona, pero estoy llegando a la Embajada para hacerle una entrevista a Cristina Barrios. ¿Te puedo llamar cuando termine? Eduard me contesta con voz de “perdóname”: “Claro que sí, disculpa, hasta luego”.

Llamamos al timbre. Nos abren y entramos. Cristina Barrios nos recibe en uno de los salones con un cariñoso abrazo, una sonrisa, en una mano un cigarrillo, en la otra un teléfono al rojo vivo… pero antes de atender su llamada, nos invita a sentarnos.

El salón de la Embajada combina cuidadosamente comodidad y estética. La vista se nos va como una mariposa de cuadro en foto, de escultura en bibelot, de libro en disco. Todo parece organizado para dar ganas de disfrutar de este espectáculo de formas y colores: un orden sencillo, una selección atrevida… Respiramos un arte delicado y anecdótico, entregado generosamente sin recelos a nuestra contemplación.

Cristina Barrios y Almanzor nació el 26 de mayo de 1946 en San Sebastián, Avenida de la Libertad. No se podía escoger mejor nombre de calle para su primer sollozo.

Avenida de la Libertad, ser libre y respetar la libertad de los demás ha sido y sigue siendo su escudo de bandera. Ese 26 de mayo de 1946, el periódico ABC de Madrid notifica en su cartelera de cine el estreno de Gilda, con Rita Hayworth. En San Sebastián se estrena Tarzán, con el escultural campeón olímpico de natación, Johnny Weissmuller, que antes de convertirse en el legendario personaje de la gran pantalla trabajó como guardia salvavidas en la piscina del emblemático Hotel Biltmore de Miami, construido en 1926 y situado a unos pasos de la actual Embajada de España. La nota musical de ese 26 de mayo de 1946 la pone el actor y cantante francés Yves Montand, estrenando repertorio en París con la canción Les feuilles mortes (Las hojas muertas) de Jacques Prévert. André Malraux pasa todas sus tardes en el café de Flore, en el barrio de Saint Germain, escribiendo su libro La condición humana. También en París, el modista vasco Cristóbal Balenciaga presenta su nueva colección de vestidos de noche y chaquetas “bolero” en los salones du su nueva boutique de la calle George V. Del otro lado del Atlántico en Argentina, Perón disuelve el partido laborista que lo había hecho presidente meses antes. Ese mismo 26 de mayo 1946, a las cinco de la tarde, la pequeña Cristina Barrios y Almanzor abre sus ojos al mundo.

¿Quiénes eran tus padres?

Mi madre, María del Pilar Almanzor, era hotelera, de origen vasco, del Alto Aragón, en la provincia de Huesca. Mi padre, Antoni Barrios, era coronel artillero, granadino puro. Nació en la Alhambra, en el corazón alto de Granada. Fue hijo de un gran compositor de música y guitarra: Ángel Barrios. Mi abuelo Ángel era muy amigo de los hermanos Machado: con ellos compuso la música de la película La Lola se va a los puertos, realizada en 1947 por Juan Orduña y que lanzó a la fama a Juanita Reina. Mi abuelo también era muy amigo de García Lorca y de Manuel de Falla. En casa siempre se escuchaba música, de ahí seguro me viene mi pasión por el arte, la literatura y la música.

EN LA ALHAMBRA; El Abuelo Ángel Barrios, en el centro, García Lorca a SU izquierda, Manuel de Falla a su derecha, el hermano de Lorca sentado en el suelo, y un amigo de ellos…

Y por parte de tu madre, ¿qué heredaste?

¿De mi madre? Mi madre me ha legado todo: la ilusión por la vida, el gusto del trabajo bien hecho, el sentido de la justicia (marca otra pausa, y tirando una calada de su cigarrillo, prosigue brindándome sus pupilas brillantes y emoción contenida). Por encima de todo, mi madre me enseñó a respetar, a querer a la gente, y a ser optimista.

¿Cuál es tu primer recuerdo de cine o televisión?

Recuerdo perfectamente el día en que mi padre trajo a casa nuestra primera televisión: ¡era un mueble enorme! Mi hermano y yo estábamos muy impresionados y conscientes de nuestra suerte. Creo que fue por Semana Santa. De hecho, todos los años por esas fechas programaban la misma película: creo que la he visto unas cuatro veces. Se trataba de la historia de un sacerdote que cuidaba leprosos, y si recuerdo bien se llamaba Molokai.

Afiche de la película MOLOKAI

(Molokai, la Isla Maldita, película española realizada por Luis Lucía en 1959, con Javier Escrivá, Roberto Camardiel y María Arellano. Música de Salvador Ruiz de Luna. Género: drama religioso y biográfico. La historia se sitúa a finales del siglo XIX: un comité de higiene de Hawai decide que todo enfermo de lepra debe pasar el resto de su vida en la isla de Molokai, alejado para siempre de sus familiares, en una tierra de nadie en donde impera la ley de la fuerza y la muerte. Es allí donde, por voluntad propia, llega en una goleta el padre Damián, sacerdote belga de la congregación de los sagrados corazones. El padre Damián pasará allí el resto de su vida, dedicándose de lleno a los leprosos dejados de la mano del hombre. La película fue readaptada en 1999 por el realizador austriaco Paul Cox con un casting de alto vuelo: David Wenham, Sam Neill y Peter O’Toole.)

Cristina Barrios pasa su infancia entre San Sebastián y Biarritz, hermosa ciudad del litoral francés. Después de terminar su liceo, dominando perfectamente la lengua de Molière, Cristina Barrios comienza una nueva vida de universitaria en París. La Universidad Paris Nanterre y el Conservatoire d’art dramatique serán sus primeras experiencias estudiantiles.

¿Qué recuerdos guardas de esa época de estudiante en París?

Más que recuerdos, esos años son el inicio de una nueva vida. La cultura francesa, su libertad, su música y su cine me acompañaron durante gran parte de mi juventud, incluyendo mis años de estudiante en París. Ese encuentro ha sido para mí más allá de un idioma o de una lengua: ha sido un encuentro acertado con una forma de ver la vida, de consumir la cultura, de aprender los gustos y de pensar libremente. La cultura francesa, con su desfile de épocas artísticas, me enamoró y me acompaña todavía hoy por donde voy. En mis viajes y estadías siempre me escoltan mis libros franceses, he aprendido a pensar con Sartre, a soñar con Boris Vian, a educarme con Albert Camus. Siempre recuerdo con cariño mi época de estudiante en París. Y cómo no, recordar mis primeros encuentros en la gran pantalla con el cine de La nouvelle Vague. Directores como François Truffaut me hechizaron totalmente, películas como Les 400 coups (Los 400 golpes) o Jules et Jim marcaron mi generación. Recuerdo que en aquel París se respiraba un aire de libertad, de novedad, en cada película, cada libro, cada obra de teatro, en cada café, en cada calle.

(Cristina se levanta y me invita a ver de cerca una de las fotografías exhibidas en el salón.)

Mira, esta foto me recuerda mucho esa época de mi vida en París. esta foto la hizo mi sobrino Ignacio Barrios, fotógrafo. Está tomada en el barrio de Saint Germain. Alguien pegó en un pedazo de muro una foto de Romy Schneider, un afiche de Sartre, una carta de Camus y un cartel de película de La nouvelle Vague. La foto no está retocada. ¡Me encanta!

Cristina, ¿si te hubieses tropezado en esa época con uno de esos directores de cine que te hubiese dicho “déjalo todo y ven…”?

Cartel de película de La nouvelle Vague

Claro que sí (se ríe), lo hubiese dejado todo… Pero bueno, hablando en serio, para ser actriz hacen falta unos dones muy especiales. Aunque yo estudié arte dramático durante unos meses en el conservatorio, nunca pasé del lado profesional.

¿Te pesa de no haberlo intentado?

Pues no, mi curiosidad por la vida y mi amor por la cultura los he vivido plenamente a través de mi carrera diplomática. Soy tan curiosa de todo que cada nueva misión es como un nuevo guion, una nueva obra que escribir, un nuevo decorado, una nueva historia que aprender. Dentro de esta carrera diplomática puedo afirmar que se necesita tener un espíritu abierto, inquieto, emprendedor para adaptarse, moverse y aceptar los cambios con cierta filosofía a la hora de separarte de tus raíces.

¿Vas restando o vas sumando?

Siempre voy sumando. Trato de no olvidarme ni de nada ni de nadie. Voy acumulando experiencias, historias, novedades, amistades, retos, culturas, olores, sabores, objetos…

¿Cómo haces? ¿Te llevas todo en tu mochila?

Sí, siempre me llevo todo; mis libros, mis discos, mis cuadros, mis fotos… En cada nuevo lugar hago una nueva casa. Mi casa siempre es el lugar en donde estoy en el momento presente. Entre viaje y viaje me adapto y considero siempre el lugar en el que me toca vivir como mi casa. De algún modo, la vida de una embajadora es como la de una actriz; cuando cambiamos de misión cambiamos de guion.

¿Cuál es tu filosofía?

Vivir el momento.

¿Cómo seleccionas tus prioridades?

Soy buen público y extremadamente curiosa, me gusta el arte en general. Cuando me mudo de lugar, automáticamente me sumerjo de lleno en una nueva cultura y eso me lleva directamente a encontrarme con la gente. El arte siempre está por encima de las diferencias políticas o religiosas. El arte es un vector ideal para derribar montañas de prejuicios y llegar sencillamente, con respeto, curiosidad y amistad a la gente. No me gusta ni el conflicto ni la violencia. Incluso en el cine, nunca me verás asistir a un espectáculo de contenido demasiado violento, no me gusta.

¿Cuál es tu rito para romper el hielo?

Creo que por educación el que tiene que dar el primer paso y adaptarse es el que llega de fuera. Date cuenta de que hay que acomodarse a lugares tan diferentes, como en mi caso, cuando he sido cónsul en Alemania o embajadora en Suecia o en México. Alemania ha sido mi primer puesto en el extranjero, el más cercano de España en kilómetros, pero sin duda uno de los más alejados culturalmente de aquella que me ha tocado vivir…

¿Cuál ha sido tu modo de adaptación?

Pues una vez superado el obstáculo de la lengua —allí estudié el alemán—, me calé en mis nuevas pasiones; la ópera, el cine y el ballet. En Alemania tuve la dicha de conocer a Pina Bausch y de asistir a algunos de sus ballet.

(Pina Bausch (1940-2009), bailarina y coreógrafa alemana, creadora de la compañía Tanztheater Wuppertal, una de las más prestigiosas del mundo. Pina Bausch es considerada como una de las principales figuras del ballet contemporáneo, iniciadora del estilo danza y teatro. A lo largo de su trabajo y búsqueda, Pina Bausch denuncia con el baile los códigos de la seducción, la soledad en la pareja y en el trabajo de una sociedad rígida y estigmatizada por sus heridas. Hija de unos restauradores, la pequeña Pina pasa su infancia en el café de sus padres observando por debajo y por encima de la mesas los gestos cansados, o ebrios de los clientes. De ahí saca su inspiración para su ballet Café Müller. En 2002 el director de cine español Pedro Almodóvar la hace participe en su película Hable con ella.)

Pina Bausch fue para mí un encuentro artístico único y muy valioso a la hora de percibir la cultura alemana. En Alemania aprendí mucho de la voluntad que tienen los alemanes para el trabajo bien hecho. Tienen unas cualidades fenomenales respecto de hacer las cosas bien, y eso también lo tienen los artistas alemanes: una entrega total.

¿Qué me dices del cine alemán?

El cine de Fassbinder me fascinó. Recuerdo particularmente una de sus películas: Die Bitteren tränen der Petra Von Kant (Las amargas lágrimas de Petra Von Kant), con dos de las musas de Werner Fassbinder: Hanna Schygulla y Margit Carstensen.

FOTO DE LA PELICULA LAS AMARGAS LAGRIMAS DE PETRA VON KANT

(Werner Fassbinder (1945-1982) es, sin duda, uno de los más importantes cineasta del nuevo cine alemán de las décadas de 1960 y 1970, director de cine y teatro. Entre 1965 y 1970, el joven Fassbinder crea una compañía de teatro y alterna creaciones teatrales y cinematográficas con los mismos actores. Su estilo cinematográfico se caracteriza por ser como un “teatro filmado”. La vida y el trabajo de la tropa se funden en un total libertinaje, intercambiando papeles y parejas. Totalmente unidos entre sus historias de ficción y de vida, todos y todas se dejan llevar por el genio de Fassbinder en una prolífera creación artística, produciendo en tan solo trece años más de cuarenta películas, y otras tantas obras de teatro.)

¿Y después de Alemania?

Después de Alemania regresé a España por un tiempo bastante largo, durante el cual aproveché, cuando mi trabajo me lo permitía, para ponerme al día con todo el tema de cultura: ver mucho cine, conocer a los diferentes movimientos artísticos… En España tenemos la suerte de generar desde hace tiempo un cine de gran calidad. Recuerdo de muy joven el cine de Luis Berlanga: películas como Bienvenido Mister Marshall, un cine que supo con ese humor tan particular burlar la censura y triunfar con su imaginación. Gracias al arte, resistí ese largo periodo de doce años en Madrid.

¿Me quieres decir que finalmente donde te sientes mejor es fuera de España?

En realidad me siento bien en todos los lados, pero sí, me encanta estar fuera de España para representarla mejor. Cuando preparo mi maletín para una nueva misión, lo primero que meto en él es mucha ilusión, muchas ganas de ver, de descubrir, de aprender algo nuevo. Mi primera inquietud es que nuestro país esté bien representado, que tenga un reconocimiento por parte del país que nos acoge, esa es mi misión más importante. De igual manera me importa en todo momento y de la mejor manera representar los intereses económicos, comerciales, y por supuesto culturales de los españoles.

En momentos de crisis los recortes afectan también a la cultura.

Esta es, sin duda, una crisis grave. Todos los días me consta que la situación en España y fuera de sus fronteras está complicada. Pero los españoles, a pesar de esta inmensa crisis que aflora, tenemos mucho tesón, somos gente que sobrevivimos a las crisis, no nos abaten del todo, tenemos imaginación para superar lo malo. No somos fatalistas y creo que la cultura y la industria del ocio tienen un papel fundamental en tiempos difíciles para ayudar a combatir el pesimismo.

¿Crees en Dios?

Sí, ¡por supuesto!

Si lo tuvieses delante de ti ahora, ¿qué le preguntarías? (Cristina se frota cautelosamente las manos, su mirada danza por encima del marco de sus lentes y con voz grave contesta):

¿Por qué tanta injusticia?

¿Cuál crees es tu mayor defecto?

El obsesivo deseo de perfección.

¿Y tu mayor cualidad?

El optimismo.

¿Cuáles son tus aliados?

¿Sabes? ¿A pesar de las economías complicadas y las crisis de estos últimos años, España ha contado con unos embajadores de calidad en deporte o en cultura gracias a personalidades como Rafael Nadal o Pau Gasol, sin olvidar a la gran familia de la selección española de fútbol. Artistas como Alejandro Sanz, David Bisbal, los Iglesias padre e hijo, Pedro Almodóvar, Penélope Cruz o Javier Bardem… todos ellos y muchos más son nuestros mejores embajadores de arte y de cultura para la diplomacia española en el mundo.

Aparte del arte, la diplomacia también es una pasión en tu familia.

Pues sí, curiosamente mi hermano Pablo también escogió la carrera diplomática. En estos momentos, Pablo Barrios y Almanzor está de cónsul general de España en Buenos Aires. Anteriormente ha pasado cuatro años como cónsul general en La Habana. Cuando llegué a Miami, Pablo y yo coincidimos durante un año de misión: ¡él allí (Cristina me señala una foto del malecón tomada por su sobrino Ignacio Barrios) y yo aquí! Es una coincidencia de familia y una carrera muy especial. (Se ríe, con cierto orgullo, encendiéndose un cigarrillo.)

Cristina Barrios y Almanzor, si te fueses a una isla desierta, ¿qué droga te llevarías?

Me llevaría unos kilos de ópera, unos litros de música, unos polvos de arte y una cajetilla de cigarrillos.

¿Si te llevaras una foto?

Sería una foto de mi madre.

¿Qué disco o canción?

Me llevaría una ópera romántica, La Traviata, de Giuseppe Verdi, o La Boheme, de Giacomo Puccini.

Si te llevaras un libro, ¿cuál sería?

Me llevaría una novela de Víctor Hugo.

Y para tu pantalla de cine, ¿qué películas escogerías?

Si pudiera llevarme dos; cargaría con The Artist, película que arrasó en los Oscar 2011, y la otra sería esta nueva comedia francesa que acabo de ver hace un par de días, The Intouchables, con François Cluzet y Omar Sy.

¿Si pudieras llevarte la voz de un actor para practicar con él?

Me llevaría la voz de Gérard Depardieu en Cyrano de Bergerac.

EL AFICHE DE CIRANO DE BERGERAC

 ¿Si te quedaras con la mirada de una actriz para tu pantalla?

Sería una mirada chispeante, la de Romy Schneider, por ejemplo.

Cristina, ¿de qué te sientes más orgullosa?

De haber podido ayudar. Más que orgullosa, el poder ayudar a los demás me hace sentirme feliz.

Terminamos la entrevista, Cristina Barrios nos despide cariñosamente. Nos vamos. Entrando en el coche consulto mi teléfono; tengo un mensaje de Eduard que dice: “Me hace ilusión que entrevistes a Cristina Barrios, su mundo es una fuente de vida y experiencias que el mundo necesita conocer. Me imagino que habrás sacado aquello que más interés y dignidad den a su persona. Cristina Barrios es una mujer compleja, inteligente y con un grado de responsabilidad muy alto. No podemos en estos tiempos esperar mejor embajadora de nuestra cultura y valores”.

Sí, Eduard, he disfrutado mucho de la entrevista y además me he quedado con la sensación agradable de haber compartido un sustancioso soplo de vida con una persona muy especial. Cristina Barrios y Almanzor es, definitivamente, una embajadora con mucho arte y humanidad.

Cristina Barrios y Almanzor junto a Elisa Ovalle

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Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer

Elisa Ovalle de Meyer, León, España. Es licenciada de la escuela Bellas Artes de Ginebra, Diploma de Sociología de Arte. Estudió Arte Dramático en la escuela Americana de París. Trabajó como actriz en la compañía Nacional de teatro de Carouge, Ginebra, siendo durante ese momento la única extranjera del “Oeste“ en actuar en la Unión Soviética, por invitación expresa de la primera dama Raïssa Gorbatchev, en el Teatro Stanislawsky de Moscú. En 1990 fue productora y presentadora de programas culturales para la TSR (Televisión Suiza), en 1998 se graduó de Periodismo en la Universidad de Lausanne, creando luego su propia productora de televisión, radio y prensa. Actualmente es corresponsal en Miami para medios de comunicación en Suiza y colaboradora de la revista Sub-Urbano en Miami desde mayo 2012.

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