Conversación en La Catedral: Mario Vargas Llosa

Ainara Mantellini

©1969

Santillana, Noviembre 2010.

727pp

“… le roman est l’histoire privée des nations”. Balzac.

Con esta cita da inicio la novela más querida de Mario Vargas Llosa: una novela que quiere presentarnos un cosmos de poder, corrupción y manipulaciones en el Perú de los años 50 y en la vida íntima de sus personajes principales, Zavalita y Ambrosio, que se encuentran muchos años después de los hechos y entablan una conversación sobre sus memorias en un bar llamado La Catedral.

Se trata de una conversación catártica, cargada de confesiones y explicaciones, que a Zavalita servirá para reflexionar sobre el momento en que, según él, se “jodió” su vida, y el Perú mismo. La conversación nos va presentando pasajes de la relación de Zavalita con la figura paterna y con sus ideales de juventud que pretenden explicar los torcidos caminos de su vida, pero que también trascienden para entender los vericuetos de las relaciones políticas y sociales bajo la dictadura de Odría.

Para los lectores, incluso para los más versados, esta es una novela que amerita una lectura concienzuda y detallada porque está presentada en un enjambre de diferentes técnicas narrativas: en la novela encontramos varios narradores, varios estilos de diálogo, varios estilos de monólogo interior, saltos de tiempo y espacio, superposición de conversaciones entre personajes: todo un tejido de historias y puntos de vista que interrumpen la lectura cómoda y lineal constantemente.  En ocasiones, pareciera que el estilo (o variedad de estilos) escogidos por el autor fuera más relevante a nuestros ojos que la propia materia que se nos cuenta. Pero no: es una ilusión óptica.  En realidad, lo más importante es la historia, pero pareciera que para contarla fuera necesario precisamente hacerlo a muchas voces, en aparente desorden, de forma atolondrada. ¿Para qué? Para que en la conjunción de forma y fondo (estilo y materia) la novela se erija como lo que es: una novela totalizante que presenta el quiebre y la ruptura como el denominador común de la historia política y personal de los personajes.

Conversación en La Catedral, sin ser costumbrista, es una semblanza de la realidad sociológica peruana, en la que la marcada diferenciación de clases sociales y razas, y la discriminación de unos y otros es parte esencial de la historia y no un simple escenario. Es, en mucho, la causa precisa de las acciones que se narran, de las interrelaciones entre los distintos niveles de poder (el político-militar y el económico). Esta novela tiene la capacidad de hablarle a lectores no peruanos, o a los peruanos y no-peruanos que la leen más de 40 años después de su publicación. A qué se debe que tenga vigencia esta novela: ¿se debe acaso a que en general los latinoamericanos provenimos de mapas sociales similares?, ¿quizás se deba a que la figura de las dictaduras no nos es ajena?, en general, ¿cómo es que una novela tan peruana como ésta puede hablarnos tan claramente?

La respuesta es sencilla: porque toca la fibra del pensamiento crítico íntimo de cualquier ser humano que reflexione sobre su posición en la sociedad y sobre el devenir de la historia nacional. Muchos fuimos adolescentes como Zavalita: con ideas radicales sobre justicia social y resistencia.  Seguramente muchos somos adultos conscientes del camino recorrido y del paisaje social que nos rodea (“El hombre es por naturaleza un animal político”, Aristóteles). Sobre todo: todos podemos vernos inmersos en la degeneración de valores y principios tradicionales, en el descubrimiento de que las ideologías son solo la publicidad de los poderosos y que hay tantas historias como individuos y puntos de vista.

La lealtad, por ejemplo, es a menudo entendida como una noble virtud: pero la novela devela que hay relaciones leales que están basadas en intereses poco nobles o causadas por situaciones abominables; como la relación entre Ambrosio y Fermín Zavala. La lealtad, en otras situaciones de la novela, surge entre personajes tan disímiles como una empleada de limpieza y la señora de casa, de conducta poco moral: Amalia y la señora Hortensia. Aunque la lealtad sea un noble sentimiento, se puede ser leal al mismo demonio.

Así se cuenta esa historia íntima de relaciones de poder en el Perú de la época de Odría: un relato basado en el quiebre, en el salto, en la conglomeración. Una historia que define a los peruanos coetáneos de Vargas Llosa, y seguramente a muchos de generaciones posteriores. Una novela que, como la cita de Balzac, presenta la historia privada de una época de esa nación.

 

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Ainara Mantellini Uriarte

Ainara Mantellini Uriarte

Venezolana para siempre, pero fuera de Venezuela por propia decisión. Vivir en Miami me convierte en un poquito de todos lados. Licenciada en Letras de la Universidad Católica Andrés Bello y con estudios de posgrado en Literatura Latinoamericana de la Universidad Simón Bolívar. La lectura me atrapó desde que aprendí a leer y ya no hay remedio para ello. Mi otra pasión: mi esposo y mi hija.