Contagio

Aún con los ojos cerrados, busqué en la mesa de noche el móvil y escribí: ¨Te propongo un deslíz¨. La suerte, sin embargo, como tantas otras veces, se torció. Ahora, catorce horas después, estoy en cama y sola, gracias al primer contagio gripal del año nuevo. Pero este es distinto, pienso yo. Desde que estoy aquí, en Miami, he sufrido un amago y dos grandes catarros. Todo comenzó con los viajes y sus preludios. Hasta ahora habían sido virus adquiridos cuerpo a cuerpo, incidentales, pero este no tiene nombre. Aunque para mi la gripe es como la lluvia: tiene sus propios patrones – por decir, yo, cuando viajo y llueve lloro, no lo puedo evitar. Esta costumbre se instaló en mi hace unos años, creo que en el 2005 durante un viaje a los Balcanes, concretamente a Croacia, en la ciudad de Split. A partir de entonces no pierdo ocasión. Es una relación infalible, entrañable.-

Desde esta casa hospital, recuerdo que las dos primeras epidemias miamenses llegaron en los últimos meses del 2011. La primera gripe la encontré en un paraíso quimérico  de nombre sonoro a altas horas de la madrugada: en el Gran Central. Luego la paseamos por el Vagabound y la rematamos en casa. El amago fue cuestión de oficio, de amor efímero.

Al menos de aquello quedó el intercambio de gérmenes, las pelucas y los bailes. Pero, repito, lo de hoy no tiene nombre. El contagio no tiene nada especial, no me lo sudé, no lo provoqué, no lo se lo robe a nadie, ninguna piel me lo ofreció, me pilló por sorpresa, desprevenida. Caí  como fichita de dominó de un mal juego. Las de antes me gustaron más. Me encantaba agonizar, sola en la cama, recordando al detalle el contagio: el beso acodada en la barra, la sábanas cómplices, el abrazo  letal…

Pienso que quizás esta enfermedad se empezó a fraguar hace unas semanas cuando hice mi primer ¨roadtrip¨ en solitario por el archipiélago boricua, pero no estoy segura. Esos días me refugié en la montaña, alejada de todo y de todos, y por ratos creo allí recibí la señal.

Pero en fin, nada de eso importa. Lo que importa son las consecuencias de ese contagio, pues ha copado varias parcelas de mi vida. Con la gripe llegó el “llamado al fin de la procrastinación. El virus ha instalado un régimen de acción sin precedente  alguno en los últimos meses. De golpe y porrazo me han asaltado unas ganas incombustibles de resolver todo aquello que había dejado aparcado. Siento que llegó el fin de los días anárquicos y de reniegue para dar paso al American Way of Life. El contagio paró en seco las reincidencias, los reclamos, las noches mal llevadas. Ahora todo ha cambiado. Lo tengo claro: se avecinan tiempos luminosos, llenos de estrenos y tablas.

El 2011 fue, sin duda, un año maravilloso pero de largas batallas. Por pasar pasó de todo: accidentes domésticos, de coche, robo de identidad, pérdida de trabajo, de amores, números rojos. Contaminación estacional.

Tarde o temprano el trancazo remitirá – no así las ganas infinitas de asumir esta nueva etapa con grandes bríos-. Por suerte la transmisión del virus ha sido positiva, da igual  donde se haya adquirido: en la isla, en las montañas, donde se fragua el amor,  donde se hace el futuro, donde sea me da lo mismo. Lo importante es que ha dado paso al olvido, y hoy, apenas, recuerdo lo que en su día pensé por un momento sería un error convertido en acierto.

@yaricandelas

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Yari Candelas

Yari Candelas

Nací una calurosa madrugada de agosto a finales de los setenta en medio de una gran crisis política y social que envolvía a mi país, Puerto Rico, aún así me empeñé en la vida. Comencé a viajar mucho antes de ver el mundo, desde entonces he hecho de la traslación constante mi modo de vida. Hace poco me instalé en Miami luego de casi una década en Barcelona. Me licencié en Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, luego obtuve una maestría en Comunicación Cultural en la Universitaria de Barcelona y finalmente cursé estudios de doctorado, en Humanidades, en la Universitat Pompeu Fabra. Actualmente me desempeño como productora de contenidos audiovisuales para una empresa en ésta mi nueva ciudad, simultáneamente colaboro con varios medios, entre ellos Suburbano, y continúo promoviendo eventos culturales en ambas orillas de Atlántico. Desde estas páginas contaré mis vivencias como Miaminauta, navegaré la urbe en busca de encuentros, lugares y sensaciones que reconduzcan nuestra conflictiva relación.