Género: zona en construcción

Milk (EE.UU., 2008) es una película dirigida por Gus Van Sant que estuvo basada en la vida del político Harvey Milk. En la historia, Milk es un férreo defensor y activista de los derechos civiles de los homosexuales como concejal del distrito de San Francisco. En esta cinta, hay una escena que llama especialmente la atención, un debate entre Milk y el senador John Briggs.

Briggs: Sr. Milk, no permitamos que la gente que practica la bestialidad enseñe a nuestros niños, y… disculpe, la razón es que es una práctica ilegal. No es ilegal ser homosexual en California, y su ley va más allá.

Milk: ¿Un empleado escolar que apoye a un gay será despedido?

Briggs: Es verdad. Pero la gente gay no tiene hijos. Si no reclutan a nuestros hijos, van a desaparecer. Por eso les interesa tanto ser maestros, porque quieren alentar a nuestros hijos a unirse a ellos.

Milk: ¿Y cómo se enseña la homosexualidad? ¿Es como el francés? Nací de padres heterosexuales, me enseñaron maestros heterosexuales en una sociedad ferozmente heterosexual. Entonces, ¿por qué soy homosexual? Sin ánimo de ofender, pero si fuera verdad que los niños imitan a sus maestros, tendríamos muchas más monjas alrededor.

Esta escena de Milk, hoy, nueve años después, sigue vigente. En muchos países del mundo se han generado discusiones acerca de cómo las sociedades están siendo “avasalladas” por una supuesta implantación de “ideología de género” en el mundo, especialmente atentando contra la integridad de los niños y pervirtiéndolos. Ante ello, y para evitar tergiversar conceptos que lo único que han hecho es confundir a la población, la UNESCO vio necesario difundir un informe con la finalidad de “medir el índice de desigualdad entre hombres y mujeres en los ámbitos político, educativo y laboral y en los marcos legislativos en materia de equidad de género y el grado de evaluación positiva de la igualdad de género”. Esto puede encontrarse en amplitud dentro de su página web.

Sin embargo, y para sorpresa de muchos, grupos religiosos llevados por el fanatismo e interpretando la situación de forma antojadiza, han impulsado una campaña de desinformación para convencer a las personas de que esta “ideología” es la plaga del siglo XXI que destruirá la noción de familia y nos llevará a la decadencia de la humanidad. Y no es exageración. Así ha sucedido en España y prueba de ello son las noticias de han podido difundir por todo el mundo. Así ha sucedido también en Perú, país en el que nos centraremos ahora.

Estos grupos promovidos por sectores religiosos en Perú (Con mis hijos no te metas, Movimiento Nacional Pro Familia, Marcha por la Familia, etc.) iniciaron hace unos meses una campaña contra el Ministerio de Educación afirmando que el Currículo Nacional homosexualizará a los niños y creará en el Perú una sociedad libertina como lo fue Sodoma y Gomorra. La “ideología de género” así impuesta y vendida a la población bajo el amparo de obedecer las leyes de Dios, resulta siendo el peor camino que un hombre de fe podría tomar.

Ante ello, es necesario aclarar que el género no es determinado solo por el sexo biológico, sino por el hecho de que desde el momento del nacimiento una serie de experiencias que corresponden a cierto género. Ese es un proceso de construcción social. Entonces, podríamos afirmar, y basándonos en las escrituras de la misma Biblia, que la Iglesia ha forjado, construido y mantenido una imagen de la mujer sumisa que se debe al marido y que cualquier acto que vaya contra eso es considerado insubordinación. Su silencio la hace más mujer y, por ello, no podría explorar otras posibilidades de cambiar esa idea. Si bien,las sociedades han mejorado esas absurdas relaciones de poder, todavía no podemos negar que las sociedades, especialmente las latinoamericanas, son machistas todavía hoy en el siglo XXI. Eso es lo que se desea contrarrestar, por ejemplo.

En el Perú, el reclamo de estos grupos de que el Estado, a través del Ministerio de Educación, quiera promover la homosexualidad parece una idea sacada de la época medieval. Sin embargo, lo usan como estandarte en sus marchas y reclamos, sin fundamento y, sobre todo, en muchos casos, sin haber leído y analizado el Currículo Nacional, tal como se puede comprobar en diversas entrevistas propaladas por Internet. El nivel de ignorancia sobre el tema en cuestión y los mensajes de odio no hacen más que reforzar el doble discurso que se exhibe como las caras de una misma moneda.

Y aquí regresamos a la escena de Milk. ¿En realidad es posible homosexualizar a los niños? ¿Es tan necesario marcar pautas de roles masculinos y femeninos para ser aceptados socialmente sin discriminación? ¿En realidad promover la equidad y el respeto por los demás es tan negativo? ¿Qué intereses políticos hay detrás de todo ello?

Hay que aclarar que lo que busca el Currículo Nacional es que los estudiantes aprendan e interioricen la igualdad de género en todas sus dimensiones. La escuela debe instaurarse como un espacio en que se promueva el respeto hacia todas las personas, sin discriminaciones de ningún tipo. Sin embargo, grupos radicales bajo la orden de Iglesia y toda su influencia, aún en un “Estado laico”, han tergiversado un concepto que ellos llaman “ideología de género”, término que ha sido difundido en muchos países en el mundo y que no corresponde en nada, absolutamente en nada, a un incentivo a la homosexualidad, como pareciera suceder incluso en la escena de Milk.

De alguna manera, estos ataques a la búsqueda del respeto para todos representan una amenaza a la visión de políticas de igualdad que se quiere promover en diversos países y que, por supuesto, la modernidad así lo exige. El Estado debería garantizar la libertad del individuo y velar por el respeto de la misma. Lamentablemente, Perú, un país que se hace llamar laico, ha vivido siempre la injerencia de la Iglesia Católica en las decisiones del Estado, además de gozar de privilegios tributarios y estar involucrados en actos de corrupción y abusos sexuales. Seguro esta intromisión desmedida sucede también en otros países, pero eso ya es materia de otro tema.

Entonces, el argumento de que la educación peruana quiere homosexualizar y pervertir a los niños y adolescentes porque va en contra de las enseñanzas de la Biblia o porque va en contra de Dios, es el argumento más pobre y absurdo que podrían esgrimir. Y si acaso esto fuera cierto, en el remoto caso de que fuera verdad, implicaría una desidia paterna, dejar de lado la educación de casa, los valores que los padres deberían inculcar en sus hijos para discernir lo bueno de lo malo, ¿no? Basarse en un libro marcado por la ficción propia de lo Real Maravilloso y donde se promueve la subordinación de la mujer ante el hombre, ya lo invalida todo. Dejar de lado los estereotipos y los prejuicios por el uso de colores, rosado o celeste, esa dualidad absurda, o juguetes o juegos exclusivos para varones o mujeres, es el camino inicial para revolucionar la mentalidad todavía enquistada en el Medioevo. Buscar la equidad y el respeto por las mujeres y por los homosexuales, sin invisibilizarlos, es la finalidad del Currículo Nacional. Pero mientras que esto no se entienda y el reclamo se siga en pie sin argumentos, no podremos dar ese paso al progreso social.

Estos grupos religiosos que han captado el apoyo de miles de ciudadanos han basado su discurso en la palabra de Dios sin fundamentos claros ni consistentes. En consecuencia, caen en contradicción, incluso yendo en contra de sus ideales de aparente justicia, unión y solidaridad con el prójimo. La hipocresía, vista así, queda al descubierto. En el Perú, el nuevo enfoque de igualdad de género afirma que los hombres y mujeres son diferentes biológicamente, pero se debe luchar por una igualdad en términos de oportunidades, derechos y deberes para todos por igual, sean hombres, mujeres u homosexuales, sin discriminación y sin prejuicios. Después de todo, la homosexualidad no es una enfermedad ni un castigo divino. Definitivamente, no lo es.

 

 

 

 

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Luis Miguel Cangalaya

Luis Miguel Cangalaya

Lima, 1983. Escritor, educador y actual doctorando en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue premiado con el 1.° puesto en el concurso literario Cuenta Lima, organizado por la Municipalidad Metropolitana de Lima (2016). Asimismo, obtuvo el 1.° puesto de la categoría cuento en los Juegos Florales de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (2015). Además, fue ganador del 1.° puesto en cuento y en ensayo en los Juegos Florales de la Universidad César Vallejo (2013). Es redactor en la Revista Cultural Suburbano de Miami y en otros medios escritos nacionales e internacionales. Del mismo modo, se desempeñó como redactor en la editorial San Marcos. Es coautor de diversos textos universitarios en la especialidad de lengua y literatura. Actualmente es catedrático en el área de Letras y Humanidades en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) y en la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL).
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